miércoles, 31 de marzo de 2010

a lo cine español

-... pues ojalá tuviéramos un bolsillo, aquí, en el pecho. Un bolsillo donde guardar cariño cuando lo tenemos y, así, poder sacarlo cuando lo necesitáramos de verdad. El amor es como si te obligaran a comerte una bolsa de kikos de golpe, sin tiempo ni para beber un trago de agua ¿Sabe lo que le digo? Quizá ni siquiera te apetecían en ese momento, pero te los encasquetan, y como te apartes sabes que los estás desperdiciando (si es que consigues apartarte), y te pasas el resto de la vida pensando si alguna vez volverán a ofrecerte. Puedes atragantarte, toser como un loco, pero sigues intentando tragar. Tragas sin masticar, tragas sin ensalivar, tragas y sientes cómo te rasgan el esófago. Si a una persona le hicieras eso te tacharían de psicópata; a nadie se le ocurriría hacer tal burrada. Lo peor de todo no es que sea así el amor, sino que, encima, al estar enamorado la cabeza está tan perdida que no escuchas ni los gritos que se te escapan de la garganta: ¡¡¡Agua, agua!!!
Se debería dosificar, conseguir sacarlo poco a poco, conforme se necesita. Digamos que esta noche te apetece sentirte querido, pues te sacas un poco del bolsillo y ya está. Si te apetece salir de fiesta te lo vuelves a guardar, y fuera remordimientos. ¿Quieres componer? Pues te compras una bolsa de "sabor platónico" y la inspiración llega sola. Así, bueno, probablemente te canses antes y dejes de usar siempre el mismo, pero escogerías mejor. Uno se echa una colonia y busca la que vaya con su personalidad, la fragancia que lo distinga entre la multitud. Hasta que no encuentra la de verdad seguiría buscando, bote por bote, hasta encontrar la perfecta (¡si es que hay suerte!). Ya se imagina usted que si te echan toda la colonia por encima... sí, durar dura, al principio muy intenso y luego, afloja... pero, ¿y si te das cuenta una vez volcada que te has equivocado? Ya es tarde, tienes hasta los huesos impregnados. Puedes ducharte e intentar arrancar el máximo material, pero se queda un resto que se mantiene hasta que consigues taparlo, ocultarlo bajo una nueva fragancia. Por supuesto, si juntamos dos colonias distintas el resultado apesta, tendrías que esperar una barbaridad para poder eliminar ese nuevo olor que emanarías. Deberíamos tener probadores, un poco en las muñecas, y si nos gusta, hasta en la nuca. ¿Nos decidimos? Pues nos llevamos este frasquito, ya volveré a por más cuando sea necesario. Encima, no sé si a usted le ha pasado, pero el olfato juega malas pasadas. De repente llega una ráfaga de viento que trae ese perfume, y lo está inventando, seguro, pero ahí está, real como el Madrid, en sus narices, "recuerdos olfativos" le escuché decir a uno por la radio. No hace falta ni cerrar los ojos para recordar de dónde conoce esa fragancia. Y ya está, todo el día con eso en la cabeza hasta que hueles otro más fuerte, o hasta que la parienta le quita las tonterías a guantazos, ya me entiende, que eso de llegar oliendo a otra no lo llevan muy bien...
¿Le apetecen unos kikos? Llevo una bolsita por aquí, tanto hablar de ellos me ha entrado el gusanillo. Por cierto, ¿qué calle me ha dicho? Por Dios, este taxi cada vez me consume más. Esa es otra, ¿sabía que el motor de agua lleva inventado décadas? Todo esto de retrasarlo es culpa de las petroleras americanas, que controlan esas cosas... si yo le contara...
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lunes, 29 de marzo de 2010

Abandonada

Jamás volvió a ser la misma playa. Vagó entre estaciones, vendió todos sus bienes y se marchó en busca de su infancia. Al llegar se dio cuenta de que no era su playa. Bueno, sí que era, ahí estaba el tobogán, el montículo de piedra que se adentraba en el agua; incluso seguía estando el kiosco donde compraba pipas, ahora abandonado. Después de haberlo dado todo, dudaba. Dudaba subido al oxidado tobogán mientras el humo tranquilizaba su cerebro inquieto, dudaba mientras la brisa nocturna no le traía el olor de su juventud sino la fragancia de restos de peces putrefactos medio comidos por las gaviotas, cazados de la piscifactoría vecina. Dudaba, y jamás se había planteado dudar. Fue algo que le pilló por sorpresa. Todo era tan jodido en la ciudad que nunca se imaginó que la echaría de menos. Ahora tenía paz, tenía la paz que tanto había recordado, la paz que le llenaba de melancolía día y noche y, sin embargo... ¡dudaba!
Se desnudó a la luz de la luna, quizá no viviría allí mucho tiempo pero un baño más no se lo quitaría nadie. Anduvo tranquilo, disfrutando de la temperatura, sintiendo cómo se le erizaba cada parte de su cuerpo conforme se adentraba en tan oscura bañera. La luna reflejada en un ángulo perfecto, el agua semejaba un lago de aceite. Sin duda era una cala maravillosa. Hizo el muerto un rato disfrutando del frío nocturno veraniego, se chapuzó y terminó por salir después de haber mojado su garganta con tan salada sustancia. En la arena todo seguía tranquilo. Nadie alrededor, ni siquiera viejos conocidos, no quedaba nadie. Todo era nuevo y viejo para él al mismo tiempo... se sentía raro y desgraciado, se sentía estúpido. Se vistió y volvió a fumar acostado sobre la arena, mirando el cielo, mirando las estrellas. El cielo era, paradójicamente, lo único que le ataba a la tierra, era lo único que le hacía pensar que pertenecía a este mundo. Daba igual donde fuera, reconocía las estrellas, las constelaciones, la estela de las fugaces, el recorrido de la luna. No sabía qué pensar, hacia dónde marchar, qué hacer ahora. Bueno, ahora dormiría, necesitaba descansar su alma, las decepciones le hacen a uno más viejo, sobretodo cuando no se dejan ver en el exterior. Lanzó la colilla, cerró los ojos y durmió. Todo parecía más fácil en sueños.
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lunes, 22 de marzo de 2010

¡¡¡NO AL CIERRE DE WEBS!!! NO A LA LEY SINDE

Muy buenas a todos, sé que este blog es de literatura, pero creo que hoy tengo que cambiar un poco el tema y criticar algo que nos afectará a todos dentro de muy poco. Es la llamada Ley Sinde. Es esa acción que debemos agradecer a nuestro querido gobierno, a esa mafia de cuatro siglas y a todos los fervientes votantes (venga, seguid votando, ovejas del diablo, me intriga vuestra capacidad de abstracción por unos ideales que nunca se han llegado a cumplir... al menos los ciegos tienen buen olfato y se dan cuenta del cieno que pisáis... no me dais ni pena)

Hace meses incluí en mi blog un buscador, una tontería que me convierte en culpable ante la ley (ley? eso no es de jueces? ah, no!!! ahora es cosa de ministros!!) y, por lo tanto, da derecho a la clausura. Censurad internet, censurad cultura, censurad la libertad. Seguid votando, gilipollas.
Alguien se siente aludido? Sigue votando, o mejor, patenta gilipollas a tu nombre, así tendré que pagarte, será la primera vez que pague a la SGAE con todo el gusto del mundo.

Un país en crisis, sindicatos vendidos, combustibles imposibles, decretos inútiles y medidas ausentes. Pedazo de imbéciles, seguid votando. No hay más preocupación que que veamos series por internet.

Sueño con el anarquismo, pero la gente no es buena. Sueño con el comunismo, pero nadie se esfuerza más que nadie sin recompensa. Sueño con la igualdad, pero siempre seré un marginado ante la ley. Soy realista, soy realista y, aún, español; siento vergüenza del que una vez fue un gran imperio, siento vergüenza ajena, siento vergüenza de mis compatriotas. Nos defendimos de los Bonaparte y nos dejamos llevar por zapatistas de mierda. ¿Si no hablan con acento no cuenta? Capullos que amáis la bandera por el mundial, invidentes que pensáis en el papel de las paredes mientras os petan el culo. Soy un cobarde, es cierto. Sueño con irme, sueño con irme a un lugar civilizado y dejaros a todos aprendiendo a nadar en rios de estiercol que vosotros mismos habéis provocado.

Algún día tendréis una pequeña epifanía, aunque sea muy pequeña, y empezaréis a daros cuenta de todas las mentiras que rodean vuestros ideales... votad, inútiles, cerrad los ojos y votad...

Lo siento, iba a hablar de la Ley Sinde y me he ido por las ramas... supongo que lo mejor es dejaros con alguien que sabe de lo que habla, el gran David Bravo, defensor de todos los internautas (incluidos los que no se lo merecen)


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martes, 16 de marzo de 2010

Lo prometido es deuda

30 de Junio 2006. 4:56 A.M.

Carmen, sé que esto no te hace ni el cuarto de justicia que te mereces, pero no quiero seguir haciéndote esperar buscando las frases perfectas. Así que hago lo de siempre, olvidar cualquier idea y escribir de golpe lo que se me ocurra.

Te escribo también una frase preciosa que acabo de leer: La fuerza hidráulica más poderosa del universo, es la lágrima de una mujer. Carlos Fisas
Y bueno, espero que te guste este absurdo relato sobre un concierto que jamás llegamos a ver:

Íbamos caminando por el paseo de la playa. A lo lejos, el reloj de una iglesia marcaba las tantas de la mañana mientras nosotros andábamos hablando, más bien gritando, lo increíble del concierto. Me paré y me quedé mirándola, no me lo podía creer, hace dos meses esto hubiera sido imposible.

La camiseta negra con el nombre de un grupo y una pequeña muñequera de pinchos denotaban el tipo de concierto del que acabábamos de salir. Se lo había prometido, y siempre me ha gustado ser un tipo de palabra. – ¿Qué significa ser gótico?- me preguntó Carmen hace tiempo, y poco a poco fuimos desvariando hasta que quiso saber lo que se sentía al estar en un concierto heavy rodeada de heavys y moviendo la cabeza de un lado a otro al ritmo del los distorsionados acordes heavys. Fue entonces cuando le juré que la llevaría a uno de esos conciertos en los que el corazón late tan fuerte que deseas que nunca acabe ese sólo de batería.

Llegamos hasta unas rocas y nos sentamos. Bueno, ella no permaneció demasiado tiempo así, pues se levantó pletórica y siguió describiendo todas las sensaciones tan maravillosas que había experimentado durante la hora y media que había durado el espectáculo.

- ¿Tú también has sentido que te retumbaba el estómago cuando le daban al bombo? ¡Es demasiado! Y cuando por fin he podido abrir los ojos me encuentro al guitarra que comienza a bajar y a subir por el mástil a una velocidad demencial tocando justo las notas que debían sonar. Ahí me sentía libre, sentía los instintos más básicos brotando desde mi interior y sólo me apetecía saltar y gritar ¡y al hacerlo me seguía todo el mundo! Y caías al tiempo justo, y volvías a saltar, y otra vez abajo cuando la baqueta hacía resonar la caja, y otra vez, y otra…

Yo estaba asombrado, vaya pedazo de descripción me había hecho en un rato sin dejarme decir ni una palabra. La veía feliz, con los ojos como platos relatándome todo lo que se le ocurría sin cortarse. Cuando la conocí era una niña preciosa, una morena de cuerpo atlético, la típica a la que le gusta pasarse las tardes en la piscina escuchando el canto del loco. Poco a poco fuimos conversando, cada vez con mejores y más largas charlas, llegando a pasarnos la noche entera de un viaje en autobús despiertos, hablando de cualquier cosa, sin pensar en nada. Todo el mundo decía que no pegábamos, que no teníamos nada en común de lo que discutir… y así era; pero había algo que nos hacía seguir interrogándonos, preguntándonos mutuamente sobre nuestros mundos, tan distintos y tan cercanos a la vez.

Allí fue donde me hizo la pregunta, en aquel autobús, e hice voto de llevarla al infierno conmigo. “Lo haré aunque me cueste ir al paraíso para secuestrarte” le señalé con una sonrisa.

Y así pasaron dos meses, entre intercambios de biografías y préstamos de decenas de CDs. Le hice ver que el heavy es algo más que “sex and drugs and rock’n roll”, y que el motor de una harley es la música más dulce que puede escuchar un mortal.

Yo seguía sentado en las rocas, la humedad me llenaba el pecho mientras intentaba calentarme las manos jugando con una de mis muñequeras. Ella no paró de moverse hasta que consiguió tranquilizarse, momento que aprovechó para sentarse a mi lado y, mirando el horizonte, comentar que estaba a punto de amanecer, resoplando después desde lo más profundo de sus pulmones. Le dije que aprovecháramos para ver las últimas estrellas de la madrugada mientras me recostaba sobre la fría piedra. Carmen se acostó también y, estando allí, aprovechó para darme las gracias por una de las noches más apasionantes de su vida. –Gracias a ti, princesa, por haber venido. Me he divertido mucho estando contigo, ha sido de los mejores conciertos gracias a ti-


Justo entonces; fue justo entonces cuando debería haber sacado el valor necesario para darme la vuelta y besarla. El valor necesario, aunque sea, para cogerle la mano. Pero no, ahí me quedé yo, mirando las estrellas deseando que el cielo cayera sobre nuestras cabezas. Al menos me dio tiempo para ponerme las gafas de sol antes de que la luz crepuscular descubriera a un cobarde que se repetía que era incapaz de manchar un ser tan frágil y hermoso; que se excusaba a si mismo repitiendo que nunca se hubiera permitido que un cerdo comiera de tan dulce miel. Un cerdo que recordaba una y otra vez el perfil de su rostro, el brillo de sus ojos, la silueta de su cuerpo… la sombra de sus alas. El cielo queda demasiado alto para alguien que tiene que ir reptando, volví a aprender en aquella roca viendo el sol salir.

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Ante nuestras narices

8 de Junio de 2006, 2:18 A.M

Esos momentos cuando la mirada es tan profunda que cuesta hablar, cuando no existe nada más alrededor, cuando su fragancia envuelve el mundo... es en esos momentos cuando bajo la cabeza para no ver la película. Es en esos momentos cuando la melancolía vuelve a mí en forma de lágrimas. Hace ya tanto tiempo que duele.
Pensar, y que ya nada importe. Recordar ese mechón que recorría su rostro mientras su sonrisa te alegraba cada día. :)... Tonterías y defectos que hacen a una persona maravillosa... minucias... Nunca somos felices, nuestra naturaleza nos lo impide, estamos predestinados a llorar por aquello que perdimos y a soñar con lo que no tenemos.
El deseo se convierte en desesperación cuando vemos pasar tantísimos trenes que van en dirección opuesta. Parece increíble que los mismos detalles que nos pueden llevar a la felicidad nos conduzcan implacables a la más profunda tristeza. Dicen que esa persona buscada está ante nuestras propias narices, pero que no la vemos porque no somos capaces a pararnos y observar...


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jueves, 4 de marzo de 2010

Noche sin Luna

11 de Mayo 2006 20:21

-Dime un número del 1 al 10- le dijo susurrando Stella a Axel mientras, con la cabeza apoyada en su pecho, notaba el latir de ese corazón que tanto amaba -dímelo ya, dime cómo eres antes de que no pueda pensar más.
Stella se repetía una y otra vez que lo dejaría, pero cada vez que lo veía recordaba aquel momento en el que la mano de Axel le rozó por primera vez y cegada por el amor se tiraba una y mil veces a los brazos de aquel desconocido que la hacía cada vez más insignificante.
Axel respiró profundamente mientras jugueteaba con los cabellos de Stella entre sus dedos, responder a esa pregunta era tan sencillo que se veía incapaz de hacerlo. No, él no era un hombre incapaz de escoger un número al azar, no le costaba nada separar los labios para pronunciar un dos o un seis; eso le era indiferente. Estaba absorto intentando recordar el por qué de su escurridiza personalidad -Qué tontería- pensó intentando convencerse a si mismo de que seguía siendo aquel niño extrovertido que nunca dejó de sonreír; aun así no pudo dejar de pensar en todo lo que le había hecho cambiar tanto.
Stella, al sentir su lenta respiración levantó la cabeza para mirarlo a los ojos e intentar adivinar lo que en ese momento atravesaba su compleja mente. -Grandes ojos miel- le había dicho una vez a una amiga intentando describir al poseedor del teléfono cuyo número sujetaba en un papel que usó improvisadamente para no perder el contacto de aquél que la escuchó atentamente una noche sin Luna.
Comenzaba el invierno cuando Pablo llamó a Stella para hablar; aquella tarde, en aquel parque, los cipreses fueron testigos de la ruptura de dos amantes, fueron testigos de amargas lágrimas y de insultos entrecortados por la rápida respiración de la rabia contenida. Más tarde, ella se encontraba sola, sentada en un banco al que no recordaba haber llegado, mientras lloraba y lamentaba sin cesar la humillación de sentirse sucia y engañada. Furiosa y triste, tristeza acompañada de la melancolía que sentía, lo había perdido todo, entonces no era nada más.
Aún con la respiración entrecortada apareció ante ella una mano que sujetaba un pañuelo inmaculado, y agradeciendo tal gesto, procedió secando y limpiando los surcos del rimmel corrido por sus propias lágrimas. Más serena y tranquila miró hacia el frente encontrando a un hombre parado, observándola sin parpadear. Tras presentarse sintió una confianza extraña, él le preguntó el motivo de su pena y ella habló y habló durante mucho tiempo, dejando sus labios pronunciar palabras que jamás creyó capaz de decir a nadie. Sentados en aquel banco él escuchaba y ella se liberaba de todas las razones por las que una vez lloró, vez que ahora le parecía muy lejana. Él la estuvo acompañando hasta que ella, mirando su reloj, decidió marchar no sin antes darle las gracias. En el último momento se dio la vuelta y, volviéndole a agradecer su caballerosidad, le pidió un modo de mantener el contacto, algo con lo que poder reencontrarse y devolverle el favor. Él, sacando de su chaqueta una pluma y recortando un trozo de periódico, le escribió su teléfono y le pidió que lo llamara cuando deseara. Fue entonces, justo entonces, cuando se rozaron sus manos por primera vez; y fue entonces cuando Stella se dio cuenta de que aquella persona que tenía ante sus ojos era alguien más que un paciente peatón, era alguien más que un oportuno psicólogo.
Él permanecía parado, acariciando sus cabellos, pero su mirada le decía que estaba en otra parte, aún no había contestado a su súplica y Stella no era capaz de adivinar qué era lo que Axel estaba pensando en ese momento. Volviendo a apoyar su cabeza sobre el pecho desnudo de Axel recordó que al intentar contarle a su amiga algo de él apenas pudo nombrar su nombre y su teléfono, y hoy por hoy no podría decir mucho más. -Te amo- pronunció al final mientras una lágrima llegaba a su sien, apretándose lo más que podía a él para intentar hacerle comprender al destino que jamás se separaría de aquel desconocido.
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sábado, 20 de febrero de 2010

Un poco más

Late, pequeño, late. Trabaja un poco más mientras el cansancio se deja caer en mis párpados. Late, lléname de vida, hazme sonreir, inúndame con el calor de tu nectar, inúndame con el sabor de los sueños. Late, mi cielo, late. Planea la huída, lucha por el cambio, invítame a embriagarme con la fragancia. Late, tristón, dale un poco más, déjame dormitar en este sopor que mis noches acompaña y mis días oscurece. Late. Late un par de años más, me lo prometiste, déjame acabar con aquello que pactamos, aguanta hasta el final, sobrevivamos a este juego de vaivén hasta que sea nuestra hora. Late. Hagámoslo por un abrazo más, hagámoslo por la tranquilidad, por compensar la balanza, por besar el cielo, por atravesar el infinito. Late dulcemente, late tranquilo, late acariciando cada segundo, agarrándote a cada suspiro. Late sin tener nada que decir, hazlo por mí, hazlo por ti, no lo estropées expresándote. Late. Disfruta en paz de esta inestable seguridad, disfruta agazapado, disfruta apartado de la realidad. Hazlo como quieras pero late, pequeño, late. [...]

domingo, 7 de febrero de 2010

Inerte

Contemplando a través de la empañada ventana de su habitación esperaba una noticia que le hiciera salir del letargo en el que se encontraba. Después de varios minutos observando los dibujos que formaban las luces al paso de los coches decidió darse una ducha con la esperanza de transformarse en cualquier otra persona. Últimamente demasiados hechos acosaban su rutina, demasiadas coincidencias y decepciones que no hacían más que insultar a sus inestables esperanzas a las que se agarraba como a un clavo ardiendo. Seguiría esperando señales de un futuro más claro. Esperar se había convertido en una de sus especialidades: no todo el mundo tenía la paciencia necesaria para dedicar una vida entera a la espera, a la contemplación, al sueño de mejores recuerdos.
Axel respiraba con gusto el cálido vaho del agua que recorría su cuerpo ahora renovado. Con el dedo dibujó un triángulo sobre el espejo sin esperar encontrar ningún significado especial. Secó la melena lo justo para que no goteara demasiado y salió medio vestido, disfrutando aún de la humedad caliente del ambiente que había creado, recordando las gotas de lluvia que salpicaron su cuerpo uno de los mejores días de su vida. El móvil seguía ahí, tranquilo, inerte, conectado inútilmente a la red de su operadora. Terminó de vestirse y volvió a mirar por el cristal, la calle seguía igual, los coches seguían dibujando senderos en el aire con sus luces. Y así se quedó, tranquilo, inerte, perdido en los entresijos de su cerebro, con los sentidos anestesiados y la consciencia aletargada. Ahí se quedó, esperando la noticia, esperando sonreir.
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lunes, 1 de febrero de 2010

Desde mi celda

11 de Mayo de 2006. 1:51 a.m.

Hoy hacía tanto tiempo que ya ni me acordaba; he vuelto a verme reflejado en esa persona que saboreaba con placer los dulces besos que nos dimos en el sofá, aquel que le robó un pico a una diosa, o como ese que prometió recordar siempre el tacto de tus dedos. La brisa pasa entre mis dedos acariciándome suavemente, en mis parpados se refleja la luz de la Luna que tanto amé. Estoy tan sobrio que juraría no ser yo. Desde esta ventana todo es diferente, entre los barrotes no se escucha el mar. Hace años que dejé de sentir el movimiento de la arena al ser arrastrada por las olas desde la ciudad, hace años que no consigo callar las voces que en mi cabeza me gritan libertad, las voces que en mi cabeza me gritan paz. Por los hoteles en los que jamás llegamos a estar, por esas rosas que nunca pude darte y por el amor que apacigüé con excesos a la orilla de la playa, hoy no brindo ni soy feliz.
Juré escapar, juré volar y despertar, juré no volver a sufrir nunca jamás y aquí estoy, observando el mundo desde mi celda, deseando retomar el hábito del latigazo en el pecho. Todos deseamos lo que no tenemos, pero amamos demasiado aquello que perdimos. Tengo una carta que no fui capaz de enviar por amor propio, la tengo guardada en el lugar más oscuro de mis rincones, pero late como latía el corazón acusador de la víctima a ojos de su asesino. Te temo tanto que te pierdo por respeto, echaba de menos saber que sigues viva.
Sé que la persona que quiero que lea estas frases no la leerá, pero al menos dejo escrito aquello que fui tan cobarde de callar cuando debí gritar. No sirve de nada pedir perdón ahora ni nunca, jamás lo hubieras permitido. Tampoco voy a sentirme mejor por pedírtelo y observar tu mirada ausente pensando en el siguiente insulto que decir por haber sufrido tanto. Lo que siempre intenté demostrarte y jamás lograste entender es que no hace falta escuchar un te quiero de mi boca para saber que no miento. Te amé, estuvimos juntos y te amé. Te amé al sentarnos juntos en esos bancos, te amé cuando en vez de saltar me abrazaste por primera vez, y te seguí amando hasta que me dijiste que no lo hacía lo suficiente, esa es la razón por la que esos momentos no se borraron jamás. Jamás lo entendiste, y aún no entiendo por qué me pedías que lo repitiera. Cabrón y patético gilipollas, no lo entendí. Perdí mucho más que un móvil y unos cuantos euros contigo, perdí un amigo, y eso soy yo quien no lo quiere perdonar. Al menos recordaré durante unos años más las tardes en las escaleras escuchando recuerdos de la Alhambra.
Bueno, siempre por las ramas y sin decir nada. Lo que quería dejar caer es que durante esta época de hibernación me está dando mucho tiempo para pensar en todo. He recordado situaciones que creía en el olvido, y he lamentado palabras y promesas que nunca dije ni logré conseguir. Desde Granada hasta Aurillac, desde la A hasta la Z. Durante mucho tiempo echaré en falta alguien con quien volar sin saltar y reír sin pensar, quizá aún no haya salido mi tren, tendré que correr para no perder el próximo que tome rumbo norte.
Por cierto, vivir es lo más importante de la vida, pero vivir por alguien es la única razón que hace de la vida un estado interesante; buscad.
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sábado, 30 de enero de 2010

Emoción

Abrazos malgastados, sonrisas derramadas en labios de otro querer. Penurias, sollozos cabizbajos que nadie ve. Poética escultura hueca por dentro; vendedor de corazones al mejor postor. Soy yo, soy tu sueño, tu edén, soy los tres segundos antes de correrte, soy tu motivo, tu alegría, tu infinito, soy el éxtasis, la fortuna, el azar.
Vendo almas, cuerpos, pensamientos, sueños, acciones. Vendo placer, vendo vicio. Caos es mi nombre, anarquía y desorden, un remolino de preguntas y respuestas que nadie es capaz de responder ni de entender. Soy la armonización de los colores, soy polifonía , soy el canto de la moneda, la última página del mejor libro de tu vida, el afán de superación, la depresión más absoluta.
Soy los suspiros, la piel erizada, los besos en el cuello, los labios entreabiertos. Soy tu humedad, tus gemidos, tu intimidad, soy tu excitación, tu imaginación, tu profundidad, la apertura de tus piernas, el hierro candente, tu climax, tu consuelo. Me escuchas con el fuerte latido de tu corazón desbocado, me sientes cuando la brisa recorre tu cuerpo desnudo, me buscas entre tus dedos exigiendo compañía.
Desapareceré entre arte, en el último retoque de un oleo, en la última cadencia de una sonata, en un requiem maravilloso, en un entierro dixieland, en los últimos versos de un poema. Desaparecí entre las últimas palabras de este escrito, desaparecí cuando nadie más miraba.
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