lunes, 19 de julio de 2010

Para los que no entienden

Publicado el 8 de Noviembre de 2006 a las 23:45

Deseo un capítulo más. Deseo acabar con fervor la obra. Deseo cumplir lo prometido. Deseo sonreírte de verdad por una vez, me lo has pedido demasiadas veces para no hacerlo realidad. Tiempo, un poco más de tiempo, por favor. Deseas que el final esté demasiado lejano cuando es el alma con el que mides las palabras.

Axel se encontraba otra vez sólo, en su habitación, en su rincón. Poseía su propio mundo ajeno al exterior, prohibido a todos los que no fueran recuerdos. Exhalaba una y otra vez su propia alma deseando acabar por fin con todo aquello que lo tumbaba.
En la penumbra de su corazón analizaba una y otra vez la escena, rebobinando hasta rallar su propia mente. Sabía que no encontraría nunca las respuestas a las preguntas que nunca formuló, pero rebuscaba entre los sollozos algo que le hiciera creer que nada existió en realidad. Ya no lloraba. Tenían razón cuando decían que lo peor es cuando no te quedan lágrimas que soltar, ya no podía seguir llorando. No podía desde hacía ya meses.

Se encendió otro cigarrillo, se esfumaba con el viento, se perdía al escaparse por el balcón. Nada sería igual, y él lo sabía. ¿Pero el qué? ¿Realmente creía que encontraría algo después? ¿Creía que podría olvidarlo todo y encontrar de nuevo todo aquello que una vez le hizo feliz? -Egoísta, sucio perro de mierda. ¿Qué te crees? No hay más, no busques porque no encontrarás nada. No hay salida después, no hay más. Lo tuviste y se escapó, los mitos sólo aparecen una vez en la historia, ya has tenido a tu Lilith y se marchó. Llegó con la lluvia, llegó un atardecer. Se fue por esa carretera que pocos conocen aún. Se fue, mas sin embargo nunca se iría. ¿Qué intentas demostrar? Nunca serás más rápido que tus sentimientos, escapar no sirve de nada y ya te has enfrentado demasiadas veces. Piérdete en el próximo tren, escapa a donde nadie pueda encontrarte. Sabes que nunca llegarás a ningún lugar sin ella.- Lo apagó sobre el cenicero y se acostó. No dormiría, no descansaría, y no deseaba soñar. Soñar sólo le servía para sentirse peor, para destapar lo último que conseguía encerrar. El subconsciente juega malas pasadas de vez en cuando.

Malas cartas, malas letras, malas palabras. No juegues con ellas, se volverán contra ti. No te expreses, no digas lo que sientes, se volverá todo contra ti. Al menos siempre te quedará pensar que a base de intentos se consigue. Palurdo. Payaso. Crece de una vez, recuerda que ya te avisaron, recuerda que nada es lo mismo después. No hay más palabras para expresar, no hay más notas que tocar ni más obras que crear. Nada funciona cuando de lo que te intentas librar es de ti mismo. Piérdete. Sal de aquí.

Sobre su cama, la habitación le parecía dar vueltas, ya nada le asombraba. No iba drogado, pero el sabor a metal en su paladar denotaba que no podía estar bien. ¿Qué has hecho? ¿Qué he hecho? No sigas buscando, Axel, no servirá. Una por una pasan las horas. Comienza a amanecer cuando te preguntas el tiempo que puede vivir una persona sin dormir. No es su culpa, son tus recuerdos los que te marcan. Axel salió al amanecer con el rostro tapado, siempre usaba máscara, pero nunca nadie le dijo nada. ¿Qué te crees, que puedes vivir así? ¿Que puedes basar tu vida en mentiras para que nunca nadie te pregunte? Lo intentó, Dios sabe que lo intentó, que intentó narrar su historia, pero nunca nadie le entendió. Nadie le preguntó, todos creyeron en hadas y príncipes, pero nadie en el cuento que este pobre trovador un día les cantó. No sigas andando Axel, ni siquiera sabes por qué vas. Al amanecer todo continuaba dormido, todo cerrado, todo inerte. Sonríe de una vez, ¿no ves lo hermoso que está el cielo? ¿No te has fijado en el color anaranjado que toman las nubes al encontrarse con un nuevo día?

Continúa, eso, sigue, creo que hay un final para una historia como esta, creo que existe la frase perfecta para que te sientas mejor, para que te expreses, para que nadie te tome en serio, para que todos te escuchen y nadie te entienda, para los que no saben leer entre líneas, para los que ya te creen muerto. Sobretodo para aquellos que saben interpretar el valor de dos palabras nacidas desde lo más sagrado del corazón. Dilo.

Axel se paró, confundido como siempre anhelaba el sabor de sus besos como nunca. Sacó las manos de sus bolsillos y cerró los puños, tomo aire desde lo más profundo de su ser y levantando la cabeza gritó:






¡Vaya mierda!

[...]

sábado, 10 de julio de 2010

Diario de acampada



Llegué al bosque buscando mis raíces, intentando conseguir la paz interior que recordaba escapando del agobiante y pútrido aire de la ciudad que todo consumía.
El árbol lo veía mucho más grande y tranquilo en el pasado. Hoy día todo parecía mucho más ruidoso, incluso se habían instalado en él un par de ardillas increíblemente traviesas: gritaban, saltaban y jugaban sin parar lanzándose los distintos frutos que encontraban por el bosque. Paz buscada... ¡imposible en esta salvaje naturaleza! Intenté dormir en mi pequeña tienda de campaña y desperté con las primeras luces del alba ilusionado por encontrar el primer desayuno. Nada más abrir los ojos me percaté de que el diligente gallo me adelantó saludando a Lorenzo, ni siquiera lo escuché cantarle a la mañana. Entre bostezos me dirigí al riachuelo más cercano en busca del desayuno y me encontré una imagen que acabó de separar mis párpados: un lindo y hermoso cervatillo jugueteando en el agua. Estuve mirándolo buena parte de la mañana ¡Incluso se me olvidó tomar bocado hasta bien pasadas unas horas! Pero mereció la pena, el hambre y el madrugón. Fue difícil bajar esa sonrisa que se me formó; no esperaba encontrar un animal tan bello este fin de semana. Apenas llegué del río volví a descansar, sin duda me había pasado madrugando: el árbol seguía tranquilo, las ardillas dormían en una rama y no había signos de vida alrededor.

El tiempo de pestañear un par de veces fue suficiente para darle la vuelta a la tortilla. Todo había cambiado, todo estaba en continuo e irracional movimiento, todo era ruidoso y desquiciante. No podía creérmelo, en total conseguía más barullo que en la ciudad y, encima, me sentía observado en campo abierto. El día fue agotador, las ardillas entraron en mi tienda y robaron los pocos víveres que había podido traer. El búho me estuvo observando, intranquilo por invadir su territorio sin permiso, expectante, atacando sin piedad en cuanto me despistaba. Incluso tuve la visita de un extraño ave que me acompañó durante toda la cena, e igual que vino se marchó, sin pena ni gloria.
Qué extraño se hace todo, qué mal recordaba el árbol, qué poca tranquilidad he encontrado... por ahí siguen las ardillas, lanzando piñas a escondidas del hambriento búho, que también vigila la ida del extraño ave. El gallo, acostumbrado al cacarear de las gallinas duerme sin problemas traduciendo la interminable barahúnda de la naturaleza en una nana hipnótica, algún día le preguntaré su secreto.
Fin de la primera entrada del primer día de la primera excursión de regreso a mi primera vida. Con suerte conseguiré dormir algo antes de que terminen de luchar las bestias que me rodean... vaya jungla.
[...]

domingo, 27 de junio de 2010

Evadido

Vendido al mejor postor de la lógica más ilógica veo cómo mi extravagante y buscada amante felicidad se aleja llevada por la resaca del mar de mi conciencia. Pasivamente observo cómo se distancia, sin despedirse, con una leve sonrisa de complicidad compadeciéndose de ella misma, simétrica a mi situación. En realidad nadie se mueve, nadie se levanta, pero ya no llego a agarrarte de la mano. El apocalipsis ha llegado, la tierra se ha partido en dos justo entre nosotros y ni siquiera nos hemos dado cuenta hasta que mis palabras ya no llegaron a tus oídos, perdiéndose en un abismo de lava, lágrimas y dolor.

Da igual hacia dónde mire, estoy solo. Te busco en la fragancia que dejaste entre mis dedos, intento guardar tu presencia para el resto de la eternidad y siento pena al darme cuenta de que perdí el olfato hace ya mucho. Mierda de sentidos aletargados, mierda de reproches que se multiplican en mi cabeza. Demasiado tarde me llegan las respuestas perfectas, los actos irreflexivos que me hubieran dado alguna oportunidad de volver a sonreír. Soy, emocionalmente, una veleta mal ajustada. Soy un ser mediocre al que ni los aires altivos pudieron alzar sobre su propia sombra.

Vuelvo a estar agazapado, con la cabeza entre las piernas, observando la oscuridad que mi propio cuerpo crea. Intento encontrarme a mí mismo, intento saber quién soy en realidad antes de perder la poca cordura que me queda. Desconozco si a mi alrededor llueve, arde o truena. No hay nada más, no hay nadie más. Oscuridad, perpetua oscuridad que me proteges, lugar seguro que jamás deseé mas sin embargo llegué a añorar. Fiel amiga, ¿por qué sigues junto a mí? Intento evitarte y me consigues, una y otra vez, siempre en el mismo círculo vicioso. Ya no sé qué hacer, no sé si ser feliz es realmente mi meta o lo es este eterno purgatorio. No sé si gritarte funcionaría, no sé si obligarte es la solución. Indecisión, espera... flor que se marchita. Apenas quedan un par de pétalos de esa rosa que me ampara.

Yo soy la bestia, el licántropo atrapado, el final alternativo. El final lógico.
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lunes, 21 de junio de 2010

Lo siento

Publicado el 7 de Noviembre de 2006 a la 1:26

La niebla lo llamaba desde el horizonte. Perdido continuaba caminando buscando ese atardecer soñado, continuaba llorando por la vez que renunció. Caminaba con los ojos cerrados, caminaba con el corazón agazapado.

Recordaba. Soñaba. Demasiadas lágrimas para algo tan efímero.

Recordaba. Soñaba. Escuchaba a la tierra gemir, la escuchaba llorar.

Deja de seguirme, deja de buscarme. Déjame.

Olvidó esas palabras tan pronto como las imaginó. Un escalofrío le atravesó la columna vertebral mas no tembló. La lluvia pronto lo abrazó. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo continuar? Gritaba desde el fondo de su alma, pero jamás emitió sonido alguno, jamás llego a lastimarse de si mismo.

Ámame, déjame, perdóname.

Entre sollozos calló al suelo, el barro lo cubrió de tierra, de la tierra de donde salió una vez. Cual Edgar Alan Poe gritó por su bella amada que fue enterrada viva. Miró al cielo y vio caer gota a gota. El tiempo se ralentizaba bajo su sombra. No hay más camino, no hay más salidas, no hay más. Perdóname. En medio de ninguna parte, calado y tiritando, la lluvia se deslizaba sobre su pelo llegando hasta su barbilla, perdiéndose en la tierra de donde nació.

-Ando en círculos, recorro una vida que ya caminé, siento un dolor demasiado conocido. Los recuerdos son capaces de volver loco al más cuerdo, de dar sentido a una vida demasiado vacía-. Eres un bohemio, reconócelo antes de desfallecer, has dado tu vida a un rayo de Luna, has dado una vida entera a algo tan breve… Sonríe, dejará de llover, la luz aparece de nuevo. No te escondas, sé que lo haces sin querer, abre los ojos, deja de huir. ¿Por qué? ¿Por qué no puedes continuar? Sé valiente, demuestra que una vida sin Lilith también es una vida. Deja de huir, escúchame, no te cierres, deja de taponarte los oídos con recuerdos inconclusos. ¿Por qué me echas? ¡Tan sólo soy un perro viejo que se cansó de buscar, escúchame! Eres demasiado cabezón. Regalas tu existencia por un respiro, la cambias por una sonrisa, por una caricia.

Su boca comenzó a pronunciar sonidos inaudibles, parecían lamentos, martirios, sufrimientos demasiado arraigados como para que cesaran. Oraciones aprendidas a fuego. Allí, mientras que la lluvia luchaba contra la niebla, un cuerpo reposaba sobre la tierra mojada. Solo, cansado y triste. Recordando el río que nunca llegó al mar, recordando la noche en que Lilith cayó, recordando el tacto de su piel sobre su cuerpo. Soñando, soñando no estar solo, soñando no estar triste, soñando no estar.

Recordando, soñando…

[...]

martes, 15 de junio de 2010

Éxtasis

Cerró los ojos y arqueó la espalda. Sentí en mis hombros el dolor de sus uñas al clavarse, al rasgar piel. El dolor nunca fue tan placentero. Sus labios se entreabrieron dando paso a un gemido de satisfacción, a un grito de locura. Sentada sobre mí no podía hacer otra cosa que sentir la fragancia de su cuello, que besar tan delicada zona y dejarle notar mis dientes y mi aliento sobre sus trapecios. Sus piernas enroscadas alrededor de mi cintura anulaban cualquier posibilidad de huída de ese paraíso del que jamás querría escapar.
Sentada sobre mí y ciega de lujuria sólo deseaba más, deseaba abrazarse, deseaba fusionarse conmigo, lo deseaba más profundo.
Perdidos en la madrugada de una noche sin nombre, disfrutando al fin de ese cariño que tanto ansiábamos, amándonos sin palabras como sólo nosotros podríamos hacerlo.
Todo fue intenso, todo fue cálido. La sonrisa que aparece de sus aún temblorosos labios precede a uno de esos besos que jamás olvidas. Esa sonrisa es la que guardas para siempre, esa humedad la que recordarás toda la vida y esa mujer, la que jamás volverás a poseer. Ella es mi éxtasis, ella es mi vicio, mi obsesión, mi subidón de adrenalina, mi perdición.

[...]

domingo, 13 de junio de 2010

Fin de la primavera

-¿Has decidido ya, cariño?
- Sí, sí. No te preocupes, vuelve al coche, me lo están preparando ya.
-Son unas flores preciosas-dijo mientras les arreglaba las hojas- ¿desea algo más?
-Una rosa roja, por favor, pero déjele alguna espina.
-¿Algúna etiqueta?¿Un felicidades?
-No, gracias, no es necesario.
Salió de la floristería y se dirigió al coche. Una rosa y un par de gardenias. La fragancia de la mezcla envolvía el automóvil dejando una estela en su camino a través de los cipreses. Hacía ya mucho tiempo que no pasaba por allí, aunque se había prometido más de una vez visitarle con más frecuencia.
Era el quinto aniversario, junto a la familia había un grupo de viejos amigos a los que saludó solemnemente. Estos, tras devolverle el saludo, le dieron la enhorabuena. Esperó el final del oratorio y se acercó donde los familiares.
-Hola preciosa, muchas gracias por venir. ¿Qué tal estás en el nuevo trabajo? Ya he escuchado noticias de que es un lugar genial.
-Muy ilusionada, por fin me dedico a lo que me gusta. Pero vamos, supongo que es normal no encontrar lo mejor a la primera, aunque me haya llevado seis años llegar a él. Siempre mejor tarde que nunca.
- ¿Y de cuánto tiempo estás ya? Vaya barrigota que se te ha formado - le acarició la tripa intentando sentir algún movimiento del pequeño - ¿Habéis decidido nombre ya?
- Él sí lo tiene medio decidido, pero a mí no me entusiasma demasiado... Ah! Estoy de siete meses ya, es muy inquieto, no sé cuánto tiempo querrá estar ahí dentro. El trayecto se lo ha pasado dándome patadas.
Fueron hablando todo el camino hasta la puerta, de todo un poco, poniéndose al día. Tanto se despistó que olvidó colocar las flores en su sitio. Se despidió de todos y volvió sobre sus pasos hasta llegar frente a la lápida. Negro brillante, con pequeñas virutas de mármol blanco y las letras esculpidas sobre la piedra. No pudo evitar un escalofrío al leer su nombre. Los recuerdos volvían como una galería de imágenes, situando cada escena en un tiempo y en un lugar. Recordó las caricias, los besos, los abrazos. Recordó los errores, recordó las decisiones. Promesas livianas que nunca tomaron la importancia que debieron, palabras ahogadas, remordimientos. Rabia observando la fecha marcada.
-Al final tenías que tener razón. Siempre fuiste un cabezota, hasta el final quisiste dominar. Veintiuno de Junio de dos mil trece. ¿Nunca se te ocurrió pedir opinión, volver al tratamiento, intentar escapar? Dios, toda tu vida igual. No te imaginas cuánto te he extrañado.
Dispuso la rosa a un lado, arañándose sin querer con la única espina que le quedaba. Al mirar si se había hecho sangre vió su nueva alianza y sintió un nudo en el estómago.
-Da igual lo que suceda, esas gardenias las conseguiste.
Recogió una lágrima con su dedo índice y colocó la palma de la mano sobre el nombre, sintiendo los rebordes de las letras, abrazando su alma en un gesto simbólico.
-Sigue descansando, no te preocupes más.
Giró su cuerpo y marchó de vuelta al aparcamiento. El calor era ya notable, el verano apenas había comenzado y ya llevaba dos meses dando guerra. Menos mal que por aquí siempre corre la brisa.

[...]

sábado, 5 de junio de 2010

Percepción

Después de mucho tiempo he levantado la cabeza y he visto a un hombre intentando derretir un cubito de hielo a base de vaho sin ni siquiera darse cuenta de que estaba en una cámara frigorífica... "ya llegará la primavera" decía riéndose con un estúpido brillo en la mirada cuando le pregunté por su trabajo. Pobre imbécil, capaz de morir hipotérmico antes de darse cuenta de lo inutil de su empeño.

Cansancio acumulado caído a plomo con la masa de un yunque. Visión en tercera persona de una escena patética en todo su esplendor. Lo que para uno es perseverancia para otro es pesadez; lo que para uno es un avance, para el otro, ego. No sé dónde encontré las orejeras, no sé adónde preferí mirar ni en qué momento aparté la mirada. Me pareció algo tan triste que no lo aguanté y tuve que continuar mi eterno camino.

Hay días que te levantas con mal pie y otros que hubieras preferido cortártelo. Qué felicidad se tiene cuando se desea ser feliz y qué fácil es engañar a uno mismo durante toda la vida si se desea vivir engañado. Ese pobre hombre se siente satisfecho viendo una gota brotar sin darse cuenta de que se congela por la espalda. No se dará cuenta jamás, probablemente. Él es feliz así, no desea conocer nada más, es su meta.

Por el camino me encuentro decenas de imágenes parecidas, personas que entregan su vida a algún tipo de tarea estúpida, personas igual de ciegas que me sorprenden cada vez más. Uno de ellos secaba un charco con una toalla una y otra vez, sin percatarse de que el cubo donde escurría el trapo estaba agujereado. Vi otro bastante curioso, intentaba ajustar en una cama una sábana demasiado pequeña, pasando todo el tiempo de un lado para otro metiendo las esquinas.

En mi camino yo seguía buscando esa persona. Continuaba noche tras noche siguiendo esa estela, ese brillo de ilusión por el que me esforzaba cada día. Todo iba bien, todo parecía llegar a su fin hasta que me encontré a ese hombre del cubito por segunda vez. Y después vi al secacharcos, ¡y a todos los demás!... ¡Infeliz! ¡Subnormal! Yo que lo tuve más fácil no me di cuenta, ¡soy uno de ellos! Camino en círculos, llevo así toda la vida, esa es mi estupidez personal, esa es mi tarea imposible. Yo que pude verlo todo desde fuera y no me he dado cuenta hasta que se me ocurrió fijarme en las personas de mi alrededor. Yo que pude escapar a este destino hamsteriano y ni siquiera se me ocurrió esa posibilidad.

Ahora es tarde, miro atrás y no tengo nada, miro adelante y sé lo que me encontraré, pararse es la mejor opción... espera, ¡creo que he vuelto a ver ese brillo, y creo que esta vez estaba más cerca que nunca! Esta vez lo conseguiré, esta clarísimo. Ahora soy más listo, ahora tengo más experiencia y me moveré con soltura, total, este camino ya me lo conozco.
¡Escucha, creo que va por allí!
[...]

miércoles, 26 de mayo de 2010

Invocación

No sé cómo lo haré, pero por Dios que lo intentaré hasta que mi alma no aguante más.

Busco ese lugar seguro, esa tranquilidad obtenida en el calor de un abrazo. Pienso en las idas y en las venidas, en lo posible y en lo imposible, en lo positivo y en lo negativo; en las vueltas que da la vida.

Algo que parecía imposible llegó como una lágrima en una taza de café, inundando algo negro y amargo con la tristeza del arrepentimiento, con el capricho del destino. No todo lo que es oro reluce, ni todos los venenos son mortales de necesidad. Los acordes del adiós se quedaron colgando en una triste subdominante que dio paso a un rock'n roll de rabia y esperanza. La moneda gira, la cara se queda abajo, ahora toca la cruz.

Axel volvió a romper el silencio con un distorsionado acorde acallando así el dolor de cabeza que desde hacía días le presionaba hasta el pecho. La púa rasgaba una y otra vez las distintas cuerdas de un arpegio improvisado. Recordaba en la oscuridad de su cuarto el pecado de la carne. Maltrataba sin dudarlo su cuerpo marcado cual Caín, concienciándose de la inocencia de su acto y de la justicia que creyó impartir. Tiró la guitarra sobre la cama, apagó el amplificador y salió corriendo de aquella soledad. Nada le ayudaba ahora.

Subió hasta la azotea para sentir la vida de aquél viento que golpeaba con fuerza su silueta. En el horizonte cientos de edificios se levantaban ante él, observándolos como un todopoderoso que siente misericordia y repugnancia de su propia obra. Se alzó sobre todos ellos subiéndose a aquel quitamiedos de ladrillo, levantó la cara hacia el cielo y colocó sus brazos en cruz. El viento lo empujaba hacia el vacío, tomó aire y gritó una imprecación con la que retaba al cielo. Pidió ser empujado si acaso falló, pidió ser estampado contra el asfalto si en algún momento erró. El aire paró súbitamente, nubarrones oscuros se concentraron y comenzó una tormenta que en pocos segundos empapó la ciudad. Axel, aún sobre el bordillo, con los sentidos exaltados y el corazón cabalgando rompió a reir, carcajadas ruidosas, carcajadas nerviosas. Se dejó caer hacia atrás, en cruz, golpeando su espalda contra el terrazo mojado, aún riendo, aún nervioso, aún feliz.

Ahora estaba seguro, ahora podía descansar. Siempre lo supo aunque lo dudara, siempre lo defendió aunque flaqueara. Iluminado, mojado, sardónico, completamente loco y, aun así, con los pensamientos suficientemente serenos como para pedirse ese descanso que tanto necesitaba.

Descansaba Axel por fin, descansaba seguro de sí mismo, descansaba en la azotea que lo vio nacer, descansaba con la lluvia que le dio la vida. Descansó en la oscuridad que lo crió.
[...]

miércoles, 12 de mayo de 2010

Si amaneciera

Golpes profundos en el pecho acompasados con la presión intracraneal que aplasta mi escuálido y destrozado cerebro. Por mucho que busque no encuentro la enfermedad que se ajuste a estos síntomas intermitentes de malestar general, nada que me explique esos nudos en la garganta que se agudizan al caer la noche, nada que me haga entrar en calor cuando tirito agazapado sobre mi cama.

Si amaneciera... ¿si espero a ver las luces del alba acaso me encontraré mejor? Escucho un triste punteo reposando en La menor que no me deja respirar, escucho el cantar de los gorriones dando el saludo a la mañana, escucho mi propia sangre llegar una y otra vez hasta mis ojos agotados.

Vuelvo a escribir sin sentido, vuelvo a escribir por plasmar mis pensamientos, vuelvo a escribir para intentar desahogarme de esta enfermedad. Golpe, caja, golpe, caja. Maldito ritmo latente, maldito corazón que no te paras, maldita noche que no acaba. Allá donde no llega el ocaso, tierra sagrada de luz perpetua, país llamado felicidad... ¿dónde te encuentras? ¿Dónde residen aquellos que te alcanzan? Disociación... así le llamaron... Axel... ¿así vivirás siempre? Al menos no estoy solo, y parece improbable que lo vaya a estar en algún momento. Alter ego, escúchame bien cuando te pida silencio, vete cuando te lo exija, aléjate de mí cuando sepas que lo necesito, por favor, aléjate. No hay manera saludable de escapar, lo sé, pero todo se compensará algún día.

Todo se compensará algún día, ese es mi sueño, esa es mi consigna, por mi emblema no decaigo.

Las primeras luces se acercan, la claridad me atrapa y... todo sigue igual.
[...]

jueves, 6 de mayo de 2010

Paranoia prima

Cansancio acompañado de desidia. Divagaciones sin iluminación, focos perdidos en la soledad del tormento. Disonancias retumban en mi cerebelo sin llegar a un final digno. Fui buscando mi destino, agarré la mochila y anduve escondido en la oscuridad esperando encontrar la luz. En el camino todo parecía del revés, las sonatas acababan en la introducción, los libros empezaban en punto y final, y me guiaba siguiendo mis propios pasos.
Mi brujula apuntaba siempre hacia mí, hecho que desgarró mi sentido más común y que explica parte de mi demencia. Llegué a desnudarme por si acaso era alguna pieza metálica de mis vestiduras el culpable de tan extraño suceso y lo único que conseguí fue sentirme ridículo ante los habitantes de ese oscuro bosque en el que me encontraba. Aquella flecha maldita, aquella rosa de los vientos que no llegó a orientarse... Así pues, transité relativamente perdido siguiendo mi, se ve que algún día, ya seguido camino, con mi increíble pero estúpida brújula en el bolsillo y nada de paz a mi alrededor. ¿Desde cuándo los árboles hacían tanto ruído? Me estuve volviendo loco durante días hasta que me di cuenta de la procedencia de aquél constante barullo. A poco estuve de perforarme los tímpanos buscando ese silencio ansiado... jodidos pensamientos incesantes, esos no hay manera de hacerlos callar.
Acostumbrar no me he llegado a acostumbrar a ese follón, pero al menos sé su procedencia, incluso a veces he llegado a entablar alguna que otra conversación bastante interesante. Así que así sigo, con la mochila a la espalda, internamente acompañado y buscando al mejor postor de esta brújula. Siempre se puede uno cruzar con alguien a quien le interese no saber dónde está el norte a cambio de encontrarme siempre que desee...
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