lunes, 16 de agosto de 2010

In a gadda da vida



Tirado en mi cama escucho a The Band mientras una bocanada primaveral me hace soñar que me enamoro de ti. Creo que no es tan complicado, supongo, ser feliz. Make it easy, baby.

Moriría por tu sonrisa. Desnuda tu alma y déjate llevar conmigo en este psicodélico viaje, no es tan difícil, te lo juro. Hazlo doucement.

Comienza Cream, todo es más sexy ahora. Llega hasta mí en este concierto de luces y emociones, voy a relatarte la historia del valiente Ulises. Recorreré tu cuerpo, yo seré tu Magallanes, yo soy el explorador de tus mares del sur.

No te preocupes, mi vida, no te dolerá nada, ni siquiera eres real, ni siquiera estás aquí aunque yo te haré venir sin dudarlo. Grita, ya te he dicho que no hay problema, siempre serás mía. Perdona que no te conteste, estoy en un torbellino. Charlie don't surf.

All along the watchtower. No mires atrás, ni siquiera pienses mi nombre, yo soy tu sueño húmedo, soy tu íncubo y así me has conocido siempre, yo soy el rubor de tus mejillas, tu sonrisa nerviosa, tu dedo más inquieto. Siénteme cerca, pasarán treinta años y aún me recordarás con añoranza. Not real but deep.

¿Lo escuchas? Tienes Woodstock en tu piel. Intenta no llorar cuando esto acabe, sabes tan bien como yo que ni siquiera ha empezado, aún nos queda lo mejor. Cry Baby. Adoro ahogar tus lágrimas, adoro hacerte llorar de placer.

Rápido, llega alguien. Escapa, huye, salta por la ventana sin demora, intentaré arreglar este desaguisado, que nadie se aproveche de nuestro affair. Dame un último beso antes de irte, deja a mis labios recordarte un poco más. El ocaso nos ha invadido. Espero volver a soñar que me enamoro de ti pronto, es una sensación maravillosa. For what it's worth.
[...]

miércoles, 11 de agosto de 2010

El primer beso

Publicado el 2 de Diciembre de 2006 a las 18:59



Cuando menos te lo esperas, cuando crees que todo está acabado, cuando ya bajabas la cabeza para no volver a levantarla, en el fondo del horizonte aparece una estrella que te devuelve la mirada. Una estrella que te hace volver a desear, a imaginar, a soñar despierto, a escribir, a no darte por vencido. Miras el reloj, te levantas del suelo y te sacudes el polvo: llegas tarde. Sales corriendo del centro de ninguna parte y te diriges hacia esa estrella que te aguarda. Llevas tanto tiempo esperando poder besarla que decides retrasarlo un poco más. Te paras y la observas. La luz de la estrella se refleja brillando en sus ojos con un fuego que, sabes, no eres capaz de resistir.

Sus labios te llaman, una preciosa sonrisa se dibuja sobre ellos como el nacimiento de una rosa. Un escalofrio recorre tu cuerpo y te hace avanzar, te acercas lentamente y rozas sus manos, entrelazas tus dedos con los suyos y, levantándolos, los besas como quien besa a una reina, sin dejar de mirarla a los ojos. Llevas su mano hasta tu pecho y le haces sentir el latir de tu corazón, que sepa que late por ella, por ella y nadie más, y que el día que se vaya tu corazón marchitará. Con la otra mano acaricias su hombro y su cuello, llegando hasta su rostro. Su faz es suave y cálida, la perfilas lentamente, disfrutando cada centímetro de su rostro, cada segundo a su lado. Ella pasa sus manos por tu espalda acercándose a ti, llevando su cabeza hasta dejarlo descansar sobre tu hombro. La abrazas y sientes su cuerpo, es perfecto, cierras los ojos deseando que nunca acabe este momento. Entonces ella te besa la mejilla, despiertas de tu trance y le besas el cuello, sintiendo cómo un calor interno nace dentro de los dos. Llegas hasta su mejilla, ella se gira y te mira a los ojos, un instante, un momento en el que cientos de palabras, de sentimientos, recorren el poco espacio que quedan entre las miradas de dos almas perdidas que se encuentran en medio del camino, persiguiendo cada uno su propia estrella.

Jamás pude describir el momento en el que sus labios se juntaron, pues una luz cegó al mundo, supernova dicen que se llama, pero para mí fue la unión de dos corazones, de dos almas, la unión del amor.

[...]

viernes, 6 de agosto de 2010

No words...?






Sin palabras, sin sonrisas.
Sin dolor no hay libertad.
Sin el olor de las miradas,
sin el calor, sin ti...
lo realmente doloroso:
sin mí
[...]

lunes, 19 de julio de 2010

Para los que no entienden

Publicado el 8 de Noviembre de 2006 a las 23:45

Deseo un capítulo más. Deseo acabar con fervor la obra. Deseo cumplir lo prometido. Deseo sonreírte de verdad por una vez, me lo has pedido demasiadas veces para no hacerlo realidad. Tiempo, un poco más de tiempo, por favor. Deseas que el final esté demasiado lejano cuando es el alma con el que mides las palabras.

Axel se encontraba otra vez sólo, en su habitación, en su rincón. Poseía su propio mundo ajeno al exterior, prohibido a todos los que no fueran recuerdos. Exhalaba una y otra vez su propia alma deseando acabar por fin con todo aquello que lo tumbaba.
En la penumbra de su corazón analizaba una y otra vez la escena, rebobinando hasta rallar su propia mente. Sabía que no encontraría nunca las respuestas a las preguntas que nunca formuló, pero rebuscaba entre los sollozos algo que le hiciera creer que nada existió en realidad. Ya no lloraba. Tenían razón cuando decían que lo peor es cuando no te quedan lágrimas que soltar, ya no podía seguir llorando. No podía desde hacía ya meses.

Se encendió otro cigarrillo, se esfumaba con el viento, se perdía al escaparse por el balcón. Nada sería igual, y él lo sabía. ¿Pero el qué? ¿Realmente creía que encontraría algo después? ¿Creía que podría olvidarlo todo y encontrar de nuevo todo aquello que una vez le hizo feliz? -Egoísta, sucio perro de mierda. ¿Qué te crees? No hay más, no busques porque no encontrarás nada. No hay salida después, no hay más. Lo tuviste y se escapó, los mitos sólo aparecen una vez en la historia, ya has tenido a tu Lilith y se marchó. Llegó con la lluvia, llegó un atardecer. Se fue por esa carretera que pocos conocen aún. Se fue, mas sin embargo nunca se iría. ¿Qué intentas demostrar? Nunca serás más rápido que tus sentimientos, escapar no sirve de nada y ya te has enfrentado demasiadas veces. Piérdete en el próximo tren, escapa a donde nadie pueda encontrarte. Sabes que nunca llegarás a ningún lugar sin ella.- Lo apagó sobre el cenicero y se acostó. No dormiría, no descansaría, y no deseaba soñar. Soñar sólo le servía para sentirse peor, para destapar lo último que conseguía encerrar. El subconsciente juega malas pasadas de vez en cuando.

Malas cartas, malas letras, malas palabras. No juegues con ellas, se volverán contra ti. No te expreses, no digas lo que sientes, se volverá todo contra ti. Al menos siempre te quedará pensar que a base de intentos se consigue. Palurdo. Payaso. Crece de una vez, recuerda que ya te avisaron, recuerda que nada es lo mismo después. No hay más palabras para expresar, no hay más notas que tocar ni más obras que crear. Nada funciona cuando de lo que te intentas librar es de ti mismo. Piérdete. Sal de aquí.

Sobre su cama, la habitación le parecía dar vueltas, ya nada le asombraba. No iba drogado, pero el sabor a metal en su paladar denotaba que no podía estar bien. ¿Qué has hecho? ¿Qué he hecho? No sigas buscando, Axel, no servirá. Una por una pasan las horas. Comienza a amanecer cuando te preguntas el tiempo que puede vivir una persona sin dormir. No es su culpa, son tus recuerdos los que te marcan. Axel salió al amanecer con el rostro tapado, siempre usaba máscara, pero nunca nadie le dijo nada. ¿Qué te crees, que puedes vivir así? ¿Que puedes basar tu vida en mentiras para que nunca nadie te pregunte? Lo intentó, Dios sabe que lo intentó, que intentó narrar su historia, pero nunca nadie le entendió. Nadie le preguntó, todos creyeron en hadas y príncipes, pero nadie en el cuento que este pobre trovador un día les cantó. No sigas andando Axel, ni siquiera sabes por qué vas. Al amanecer todo continuaba dormido, todo cerrado, todo inerte. Sonríe de una vez, ¿no ves lo hermoso que está el cielo? ¿No te has fijado en el color anaranjado que toman las nubes al encontrarse con un nuevo día?

Continúa, eso, sigue, creo que hay un final para una historia como esta, creo que existe la frase perfecta para que te sientas mejor, para que te expreses, para que nadie te tome en serio, para que todos te escuchen y nadie te entienda, para los que no saben leer entre líneas, para los que ya te creen muerto. Sobretodo para aquellos que saben interpretar el valor de dos palabras nacidas desde lo más sagrado del corazón. Dilo.

Axel se paró, confundido como siempre anhelaba el sabor de sus besos como nunca. Sacó las manos de sus bolsillos y cerró los puños, tomo aire desde lo más profundo de su ser y levantando la cabeza gritó:






¡Vaya mierda!

[...]

sábado, 10 de julio de 2010

Diario de acampada



Llegué al bosque buscando mis raíces, intentando conseguir la paz interior que recordaba escapando del agobiante y pútrido aire de la ciudad que todo consumía.
El árbol lo veía mucho más grande y tranquilo en el pasado. Hoy día todo parecía mucho más ruidoso, incluso se habían instalado en él un par de ardillas increíblemente traviesas: gritaban, saltaban y jugaban sin parar lanzándose los distintos frutos que encontraban por el bosque. Paz buscada... ¡imposible en esta salvaje naturaleza! Intenté dormir en mi pequeña tienda de campaña y desperté con las primeras luces del alba ilusionado por encontrar el primer desayuno. Nada más abrir los ojos me percaté de que el diligente gallo me adelantó saludando a Lorenzo, ni siquiera lo escuché cantarle a la mañana. Entre bostezos me dirigí al riachuelo más cercano en busca del desayuno y me encontré una imagen que acabó de separar mis párpados: un lindo y hermoso cervatillo jugueteando en el agua. Estuve mirándolo buena parte de la mañana ¡Incluso se me olvidó tomar bocado hasta bien pasadas unas horas! Pero mereció la pena, el hambre y el madrugón. Fue difícil bajar esa sonrisa que se me formó; no esperaba encontrar un animal tan bello este fin de semana. Apenas llegué del río volví a descansar, sin duda me había pasado madrugando: el árbol seguía tranquilo, las ardillas dormían en una rama y no había signos de vida alrededor.

El tiempo de pestañear un par de veces fue suficiente para darle la vuelta a la tortilla. Todo había cambiado, todo estaba en continuo e irracional movimiento, todo era ruidoso y desquiciante. No podía creérmelo, en total conseguía más barullo que en la ciudad y, encima, me sentía observado en campo abierto. El día fue agotador, las ardillas entraron en mi tienda y robaron los pocos víveres que había podido traer. El búho me estuvo observando, intranquilo por invadir su territorio sin permiso, expectante, atacando sin piedad en cuanto me despistaba. Incluso tuve la visita de un extraño ave que me acompañó durante toda la cena, e igual que vino se marchó, sin pena ni gloria.
Qué extraño se hace todo, qué mal recordaba el árbol, qué poca tranquilidad he encontrado... por ahí siguen las ardillas, lanzando piñas a escondidas del hambriento búho, que también vigila la ida del extraño ave. El gallo, acostumbrado al cacarear de las gallinas duerme sin problemas traduciendo la interminable barahúnda de la naturaleza en una nana hipnótica, algún día le preguntaré su secreto.
Fin de la primera entrada del primer día de la primera excursión de regreso a mi primera vida. Con suerte conseguiré dormir algo antes de que terminen de luchar las bestias que me rodean... vaya jungla.
[...]

domingo, 27 de junio de 2010

Evadido

Vendido al mejor postor de la lógica más ilógica veo cómo mi extravagante y buscada amante felicidad se aleja llevada por la resaca del mar de mi conciencia. Pasivamente observo cómo se distancia, sin despedirse, con una leve sonrisa de complicidad compadeciéndose de ella misma, simétrica a mi situación. En realidad nadie se mueve, nadie se levanta, pero ya no llego a agarrarte de la mano. El apocalipsis ha llegado, la tierra se ha partido en dos justo entre nosotros y ni siquiera nos hemos dado cuenta hasta que mis palabras ya no llegaron a tus oídos, perdiéndose en un abismo de lava, lágrimas y dolor.

Da igual hacia dónde mire, estoy solo. Te busco en la fragancia que dejaste entre mis dedos, intento guardar tu presencia para el resto de la eternidad y siento pena al darme cuenta de que perdí el olfato hace ya mucho. Mierda de sentidos aletargados, mierda de reproches que se multiplican en mi cabeza. Demasiado tarde me llegan las respuestas perfectas, los actos irreflexivos que me hubieran dado alguna oportunidad de volver a sonreír. Soy, emocionalmente, una veleta mal ajustada. Soy un ser mediocre al que ni los aires altivos pudieron alzar sobre su propia sombra.

Vuelvo a estar agazapado, con la cabeza entre las piernas, observando la oscuridad que mi propio cuerpo crea. Intento encontrarme a mí mismo, intento saber quién soy en realidad antes de perder la poca cordura que me queda. Desconozco si a mi alrededor llueve, arde o truena. No hay nada más, no hay nadie más. Oscuridad, perpetua oscuridad que me proteges, lugar seguro que jamás deseé mas sin embargo llegué a añorar. Fiel amiga, ¿por qué sigues junto a mí? Intento evitarte y me consigues, una y otra vez, siempre en el mismo círculo vicioso. Ya no sé qué hacer, no sé si ser feliz es realmente mi meta o lo es este eterno purgatorio. No sé si gritarte funcionaría, no sé si obligarte es la solución. Indecisión, espera... flor que se marchita. Apenas quedan un par de pétalos de esa rosa que me ampara.

Yo soy la bestia, el licántropo atrapado, el final alternativo. El final lógico.
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lunes, 21 de junio de 2010

Lo siento

Publicado el 7 de Noviembre de 2006 a la 1:26

La niebla lo llamaba desde el horizonte. Perdido continuaba caminando buscando ese atardecer soñado, continuaba llorando por la vez que renunció. Caminaba con los ojos cerrados, caminaba con el corazón agazapado.

Recordaba. Soñaba. Demasiadas lágrimas para algo tan efímero.

Recordaba. Soñaba. Escuchaba a la tierra gemir, la escuchaba llorar.

Deja de seguirme, deja de buscarme. Déjame.

Olvidó esas palabras tan pronto como las imaginó. Un escalofrío le atravesó la columna vertebral mas no tembló. La lluvia pronto lo abrazó. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo continuar? Gritaba desde el fondo de su alma, pero jamás emitió sonido alguno, jamás llego a lastimarse de si mismo.

Ámame, déjame, perdóname.

Entre sollozos calló al suelo, el barro lo cubrió de tierra, de la tierra de donde salió una vez. Cual Edgar Alan Poe gritó por su bella amada que fue enterrada viva. Miró al cielo y vio caer gota a gota. El tiempo se ralentizaba bajo su sombra. No hay más camino, no hay más salidas, no hay más. Perdóname. En medio de ninguna parte, calado y tiritando, la lluvia se deslizaba sobre su pelo llegando hasta su barbilla, perdiéndose en la tierra de donde nació.

-Ando en círculos, recorro una vida que ya caminé, siento un dolor demasiado conocido. Los recuerdos son capaces de volver loco al más cuerdo, de dar sentido a una vida demasiado vacía-. Eres un bohemio, reconócelo antes de desfallecer, has dado tu vida a un rayo de Luna, has dado una vida entera a algo tan breve… Sonríe, dejará de llover, la luz aparece de nuevo. No te escondas, sé que lo haces sin querer, abre los ojos, deja de huir. ¿Por qué? ¿Por qué no puedes continuar? Sé valiente, demuestra que una vida sin Lilith también es una vida. Deja de huir, escúchame, no te cierres, deja de taponarte los oídos con recuerdos inconclusos. ¿Por qué me echas? ¡Tan sólo soy un perro viejo que se cansó de buscar, escúchame! Eres demasiado cabezón. Regalas tu existencia por un respiro, la cambias por una sonrisa, por una caricia.

Su boca comenzó a pronunciar sonidos inaudibles, parecían lamentos, martirios, sufrimientos demasiado arraigados como para que cesaran. Oraciones aprendidas a fuego. Allí, mientras que la lluvia luchaba contra la niebla, un cuerpo reposaba sobre la tierra mojada. Solo, cansado y triste. Recordando el río que nunca llegó al mar, recordando la noche en que Lilith cayó, recordando el tacto de su piel sobre su cuerpo. Soñando, soñando no estar solo, soñando no estar triste, soñando no estar.

Recordando, soñando…

[...]

martes, 15 de junio de 2010

Éxtasis

Cerró los ojos y arqueó la espalda. Sentí en mis hombros el dolor de sus uñas al clavarse, al rasgar piel. El dolor nunca fue tan placentero. Sus labios se entreabrieron dando paso a un gemido de satisfacción, a un grito de locura. Sentada sobre mí no podía hacer otra cosa que sentir la fragancia de su cuello, que besar tan delicada zona y dejarle notar mis dientes y mi aliento sobre sus trapecios. Sus piernas enroscadas alrededor de mi cintura anulaban cualquier posibilidad de huída de ese paraíso del que jamás querría escapar.
Sentada sobre mí y ciega de lujuria sólo deseaba más, deseaba abrazarse, deseaba fusionarse conmigo, lo deseaba más profundo.
Perdidos en la madrugada de una noche sin nombre, disfrutando al fin de ese cariño que tanto ansiábamos, amándonos sin palabras como sólo nosotros podríamos hacerlo.
Todo fue intenso, todo fue cálido. La sonrisa que aparece de sus aún temblorosos labios precede a uno de esos besos que jamás olvidas. Esa sonrisa es la que guardas para siempre, esa humedad la que recordarás toda la vida y esa mujer, la que jamás volverás a poseer. Ella es mi éxtasis, ella es mi vicio, mi obsesión, mi subidón de adrenalina, mi perdición.

[...]

domingo, 13 de junio de 2010

Fin de la primavera

-¿Has decidido ya, cariño?
- Sí, sí. No te preocupes, vuelve al coche, me lo están preparando ya.
-Son unas flores preciosas-dijo mientras les arreglaba las hojas- ¿desea algo más?
-Una rosa roja, por favor, pero déjele alguna espina.
-¿Algúna etiqueta?¿Un felicidades?
-No, gracias, no es necesario.
Salió de la floristería y se dirigió al coche. Una rosa y un par de gardenias. La fragancia de la mezcla envolvía el automóvil dejando una estela en su camino a través de los cipreses. Hacía ya mucho tiempo que no pasaba por allí, aunque se había prometido más de una vez visitarle con más frecuencia.
Era el quinto aniversario, junto a la familia había un grupo de viejos amigos a los que saludó solemnemente. Estos, tras devolverle el saludo, le dieron la enhorabuena. Esperó el final del oratorio y se acercó donde los familiares.
-Hola preciosa, muchas gracias por venir. ¿Qué tal estás en el nuevo trabajo? Ya he escuchado noticias de que es un lugar genial.
-Muy ilusionada, por fin me dedico a lo que me gusta. Pero vamos, supongo que es normal no encontrar lo mejor a la primera, aunque me haya llevado seis años llegar a él. Siempre mejor tarde que nunca.
- ¿Y de cuánto tiempo estás ya? Vaya barrigota que se te ha formado - le acarició la tripa intentando sentir algún movimiento del pequeño - ¿Habéis decidido nombre ya?
- Él sí lo tiene medio decidido, pero a mí no me entusiasma demasiado... Ah! Estoy de siete meses ya, es muy inquieto, no sé cuánto tiempo querrá estar ahí dentro. El trayecto se lo ha pasado dándome patadas.
Fueron hablando todo el camino hasta la puerta, de todo un poco, poniéndose al día. Tanto se despistó que olvidó colocar las flores en su sitio. Se despidió de todos y volvió sobre sus pasos hasta llegar frente a la lápida. Negro brillante, con pequeñas virutas de mármol blanco y las letras esculpidas sobre la piedra. No pudo evitar un escalofrío al leer su nombre. Los recuerdos volvían como una galería de imágenes, situando cada escena en un tiempo y en un lugar. Recordó las caricias, los besos, los abrazos. Recordó los errores, recordó las decisiones. Promesas livianas que nunca tomaron la importancia que debieron, palabras ahogadas, remordimientos. Rabia observando la fecha marcada.
-Al final tenías que tener razón. Siempre fuiste un cabezota, hasta el final quisiste dominar. Veintiuno de Junio de dos mil trece. ¿Nunca se te ocurrió pedir opinión, volver al tratamiento, intentar escapar? Dios, toda tu vida igual. No te imaginas cuánto te he extrañado.
Dispuso la rosa a un lado, arañándose sin querer con la única espina que le quedaba. Al mirar si se había hecho sangre vió su nueva alianza y sintió un nudo en el estómago.
-Da igual lo que suceda, esas gardenias las conseguiste.
Recogió una lágrima con su dedo índice y colocó la palma de la mano sobre el nombre, sintiendo los rebordes de las letras, abrazando su alma en un gesto simbólico.
-Sigue descansando, no te preocupes más.
Giró su cuerpo y marchó de vuelta al aparcamiento. El calor era ya notable, el verano apenas había comenzado y ya llevaba dos meses dando guerra. Menos mal que por aquí siempre corre la brisa.

[...]

sábado, 5 de junio de 2010

Percepción

Después de mucho tiempo he levantado la cabeza y he visto a un hombre intentando derretir un cubito de hielo a base de vaho sin ni siquiera darse cuenta de que estaba en una cámara frigorífica... "ya llegará la primavera" decía riéndose con un estúpido brillo en la mirada cuando le pregunté por su trabajo. Pobre imbécil, capaz de morir hipotérmico antes de darse cuenta de lo inutil de su empeño.

Cansancio acumulado caído a plomo con la masa de un yunque. Visión en tercera persona de una escena patética en todo su esplendor. Lo que para uno es perseverancia para otro es pesadez; lo que para uno es un avance, para el otro, ego. No sé dónde encontré las orejeras, no sé adónde preferí mirar ni en qué momento aparté la mirada. Me pareció algo tan triste que no lo aguanté y tuve que continuar mi eterno camino.

Hay días que te levantas con mal pie y otros que hubieras preferido cortártelo. Qué felicidad se tiene cuando se desea ser feliz y qué fácil es engañar a uno mismo durante toda la vida si se desea vivir engañado. Ese pobre hombre se siente satisfecho viendo una gota brotar sin darse cuenta de que se congela por la espalda. No se dará cuenta jamás, probablemente. Él es feliz así, no desea conocer nada más, es su meta.

Por el camino me encuentro decenas de imágenes parecidas, personas que entregan su vida a algún tipo de tarea estúpida, personas igual de ciegas que me sorprenden cada vez más. Uno de ellos secaba un charco con una toalla una y otra vez, sin percatarse de que el cubo donde escurría el trapo estaba agujereado. Vi otro bastante curioso, intentaba ajustar en una cama una sábana demasiado pequeña, pasando todo el tiempo de un lado para otro metiendo las esquinas.

En mi camino yo seguía buscando esa persona. Continuaba noche tras noche siguiendo esa estela, ese brillo de ilusión por el que me esforzaba cada día. Todo iba bien, todo parecía llegar a su fin hasta que me encontré a ese hombre del cubito por segunda vez. Y después vi al secacharcos, ¡y a todos los demás!... ¡Infeliz! ¡Subnormal! Yo que lo tuve más fácil no me di cuenta, ¡soy uno de ellos! Camino en círculos, llevo así toda la vida, esa es mi estupidez personal, esa es mi tarea imposible. Yo que pude verlo todo desde fuera y no me he dado cuenta hasta que se me ocurrió fijarme en las personas de mi alrededor. Yo que pude escapar a este destino hamsteriano y ni siquiera se me ocurrió esa posibilidad.

Ahora es tarde, miro atrás y no tengo nada, miro adelante y sé lo que me encontraré, pararse es la mejor opción... espera, ¡creo que he vuelto a ver ese brillo, y creo que esta vez estaba más cerca que nunca! Esta vez lo conseguiré, esta clarísimo. Ahora soy más listo, ahora tengo más experiencia y me moveré con soltura, total, este camino ya me lo conozco.
¡Escucha, creo que va por allí!
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