miércoles 18 de noviembre de 2009

Dame una sonrisa más

Escrito el 10-sept-2005 a las 4:59 am


Necesito que todo el mundo entienda lo que digo, que no quede entre tú y yo, que sepan de qué material están fabricados los sueños. Que aprendan de mis errores, que aprendan a decir “te quiero” en el momento adecuado, o que dejen las ilusiones en la almohada, que no las lleven consigo.

Te amo. Lo hago con todo el dolor de mi alma, pero aún así continúo pecando. Te recuerdo entre mis brazos y te imagino entre mis piernas, tan dulcemente amada. Te perdiste de mi vista, pero me seguiste silbando desde la distancia. He prometido que éste sería el último escrito por, para y hacia ti. He prometido aprender a no quererte, a resignarme a la situación de mi soledad. Tus cabellos sobre mi pecho, nuestras manos entrelazadas sobre mi cabeza, tu aliento en mi cuello y el calor de nuestro hogar. Sensaciones tan maravillosas que he prometido olvidar. Olvidarme de esa chica encantadora, simpática, culta y sencilla; divertida y extrovertida, de bonita sonrisa y tremendamente sexy; de la chica cuya faz es comparable a la de una diosa, y cuyas curvas son capaces de marear al más curtido marinero, de la dueña de dos brillantes más preciosos que el diamante.

Mis manos te dibujan en el aire, simulan que bajan desde tu frente, te acarician la nariz y rozan tus labios humedecidos; mimando tu cuello hasta llegar a tu nuca… momentos antes de que un beso nos funda a los dos en felicidad. Estudio tus rasgos con la imaginación, me los guardo en la memoria y los sueño en la oscuridad. Intento encontrar las egoístas palabras que te atraigan hacia mí. Las palabras con las que no te dé lástima, con las que no sientas pena por mí, sino con las que encuentres lo que puedas buscar para rellenar tu corazón. No menciones más mis penurias, nuestras fechorías ni tu sonrisa, esa que tantas veces me hizo feliz (¡sonríe!). No lo hagas por mí. Ya hiciste suficiente para ser inolvidable, no hace falta que sigas sufriendo pensando en el dolor que puedo llegar a sentir.

Te veré, te miraré a los ojos y bajaré la mirada, nadie más que tú sabrá quien has sido para mí, porque nadie sabe que acuno mis sueños pensando en ti. Y pensar que seguimos en secreto pese a no continuar nada… ¡Piérdeme entre tus labios, hazme desaparecer entre tus brazos, y no vuelvas a huir! Echadme ácido, dadme doscientos latigazos, o arrancadme la piel a tiras. Lo prefiero antes de volver a morir por un imposible, antes de volver a morir por ti. Nunca más, por favor.

domingo 15 de noviembre de 2009

El encuentro, en resumen

5-sept.-2005 2:50


Aquella mañana me levanté con una sonrisa. No había dormido demasiado, pero mis ojos se mantenían abiertos y brillantes. Tras la comida, y en contra de lo que aconsejan los médicos, me duché. Usé aquel gel que tengo reservado para las grandes ocasiones, ese verde de bote ergonómico cuyo fantástico tacto e hipnotizante aroma es capaz de engatusar hasta al más frío de los corazones (según su publicidad...). Tras enjabonarme durante diez minutos cantando algunas de mis canciones favoritas, salí de la ducha con la misma sonrisa con la que me había despertado. Frente al espejo probé distintos peinados, pero bueno, usando el tradicional tampoco estaba tan mal. Me vestí y salí silbando esa armoniosa melodía que me rondaba la cabeza. El camino a recorrer no era demasiado largo, de todas formas encendí mi reproductor MP3 y anduve camino hacia el Edén.

Llegó sonriente, inquieta como yo y con un aire de curiosidad, sin saber a ciencia cierta lo que pasaría a continuación. Yo, que tantas veces había imaginado ese momento, salté mis planes de hombre duro y decidido, y con un par de besos, uno por mejilla, saludé a mi invitada como saludaría a un familiar. Caminamos hacia el lugar especial que yo había seleccionado para ella pero, extrañamente, ella me guiaba a mí, y ni siquiera sabía hacia donde íbamos. Así que tras unos roces, nos agarramos las manos, y anduvimos a la par, comentando y riéndonos de todo. Al alcanzar nuestra meta, un descuido mío le dio un poco más de emoción a nuestro encuentro, pues se me olvidó coger con antelación la llave que nos llevaría al paraíso. Por suerte para los dos, un desconocido (pudiera ser San Pedro) nos abrió y nos dejó entrar a vivir nuestra juventud, nuestro libre albedrío.

Cientos de palabras volaron en la penumbra de nuestro efímero hogar, miles de pensamientos cruzaron por nuestros cuerpos aquella vez. Los sentidos se rozaron y juntaron, nos abrazábamos defendiéndonos de las circunstancias. Ella, un suave pétalo, parecía tan frágil y delicada, pintada a pincel sobre una hermosa figura, que no me podía imaginar la gran fuerza que ocultaba tras tanta belleza. Estremeciéndonos, acariciándonos y, en fin, sabiendo que nada podía ser real. Al fin y al cabo ¿de qué nos serviría? Recuerdos y más recuerdos, llagas y más heridas. Fiebres de dolor, dolores renovados, pero un nuevo sabor.

Despierto de mi sueño, sobran las palabras, esta vez no iba a dejar escapar el tren, iba a conducir mi destino. Pero cuando por fin me decidí a vivir, y por mucho que corrí, llegué tarde a la estación. Ya se había marchado, pero… a decir verdad, nunca estuvo aquí.

viernes 13 de noviembre de 2009

Mi infierno en tu cielo

3-sept-2005 1:52


..te echo de Menos. hAy palabRas que no voy a olvIdar, palabras que resueNan en mi cabezA una y otra vez. Me negaste el corazón, me empujaste al abismo cuando yo ya no miraba. He sido demasiado confiado, ya no soy. Nos equivocamos una sola vez en la vida, después… después no es vida. Imágenes y momentos rondan por mi mente, olores y suspiros inundan mis sentidos. Aún me preguntó por qué… aún no lo entiendo. Me lo merezco, puede ser. Quien a hierro mata, a hierro muere. Pero por Dios ¡sal de mí! No quiero volver a dormir entre lágrimas y desear no despertar. Estoy cansado ya.

Escribo y borro frases como un desgraciado. Es demasiado difícil describir lo que siento, tan difícil hacerte ver que mi infierno y tu cielo empiezan en él, mismo lugar. No aguanto los espejos, me hacen ver la realidad. Odio las heridas ocultas, se abren con demasiada facilidad. He perdido el norte, y me da igual. ¿De qué me sirve continuar? Ando dejando atrás algo que me persigue, nadie se puede separar de su propia sombra. Esta noche llueve en mi alma, esta es otra noche como las demás.

Hay ocasiones que te olvido, hay veces en las que ya no sé ni donde estoy. Es cuando todo me da vueltas y me acuesto sin sentido sobre las sabanas, mandando silencio a la pared de las memorias cuando no estás. Las personas no entienden que se puede sentir el paraíso en la tierra, personas que creen que los flechazos son narraciones y el dolor se produce en la piel.

Me recomiendan que te mire a los ojos, que te tenga frente a mí y diga todo aquello que sienta, pues bien: Te odio.

Olvídame, no vuelvas a hacerme pensar en ti, no me hagas mentir. Me negaste una vez, quiero seguir pensando que si me lo pides diré que no. Quiero tener un poco de orgullo. El tiempo pasa demasiado rápido, y mi vida se agota. He perdido el tren que me llevaba hacia ti. Pido perdón por las molestias, adiós.

miércoles 11 de noviembre de 2009

más dura será la caída


Este escrito solo tendrá sentido para un par de personas, no tiene ningún nivel literario, pero está escrito como desahogo de mi alma, el 19-08-2005 a las 4:15 de la mañana.

Las fuerzas se escapan de mi resistencia. Estoy a punto de caer al abismo de donde nunca tuve que surgir. Echo de menos estar en el camino, soy un lunático. Toda la vida escuchando hablar sobre ella, y toda la vida buscándola. Anduve sobre decenas de caminos en un laberinto sin salida. En varias calles creí encontrarla, pero no eran más que fachada. En una de ellas llegué a pararme, descansé y esperé buscando el fallo. Tanto me confié y la acepté, que no me di cuenta de que lo que veía estaba detrás de un cristal, dándome de bruces contra él al decidirme.

Desesperado y mareado caminé sin rumbo, con la cabeza gacha, observando las criaturas que se arrastraban por tierra. De vez en cuando me agachaba, cogía una, la tenía un tiempo y volvía a dejarla allí. Después lo pensé: si había criaturas debajo ¿por qué no encima? Alcé la mirada y lo vi, encontré el camino. Tenía razón, el laberinto no es solo horizontal. Escalé y escalé, allí debía estar, ¡seguro! Por fin llegué, y la vi. Tan maravillosa, tan perfecta. Agotado por el esfuerzo, fui arrastrándome a sus pies. Parecía la escultura de una Diosa. Increíblemente se agachó, me mantuvo un tiempo, y me lanzó al camino de donde había aparecido.

Ya no me quedan fuerzas, y ya no me quedan esperanzas de reencontrarla. Solo quedan oasis en mi camino. Desde el borde del abismo nada es tan importante. Respiro profundamente, una lágrima resbala sobre mi mejilla, abro los brazos en cruz y salto.

El aire golpea con fuerza mi rostro, cada vez queda menos tiempo. Cada vez queda menos tiempo. Cada vez… sonrío.

lunes 9 de noviembre de 2009

Lágrimas sobre la arena



Escrito el 7 de agosto de 2005 a las 5:07 am.

La noche me despeja, me relaja y me despierta. Abro mis párpados preparado para volver a salir. La Luna me saluda brillando sobre la larga chaqueta que cubre mi cuerpo. Camino firme, decidido entre las sombras. Me he convertido en una de ellas, peligroso y frágil a la misma vez. Recorro las calles buscándote, dónde estás Lilith? Cuando creo haberte sentido, no es más que una quimera. En mi mente pasan una y otra vez recuerdos en los que estamos juntos, recuerdos que jamás ocurrieron. Te echo de menos. Te he soñado demasiadas veces para que no seas real. Dónde te escondes? El tiempo se agota, la arena del reloj desciende imparable. Deseo no desear. Sufro. Lloro; entre lágrimas se esconde un paraíso. Cada lágrima es aquel mar en el que vimos atardecer juntos, te acuerdas? Tú estabas sentada en la playa, las olas rompían suavemente en las rocas, y yo observaba desde atrás el movimiento que producía el viento en tu blanco camisón. Me acerqué lentamente hasta rozar tus cabellos. Te abracé desde atrás y apoyaste tu cabeza sobre mis brazos. Era Luna llena, y sus rayos reflejados sobre el agua nos hizo pensar que estábamos en el cielo. Te levantaste y caminaste hacia el agua. Poco a poco fuiste desapareciendo dentro del océano, y yo quedé allí, sólo, esperando despertar. Estuvimos allí esa tarde? ya no sé qué pensar, es todo tan complicado... Hay momentos que son mejores no recordar, mi corazón ya no aguanta más. Mi cabeza se niega a descansar, conserva la esperanza de encontrarte, de volver a tenerte. Mi cuerpo ya está cansado, y mi alma desesperada. Es tarde ya, el amanecer está llegando. Las gotas de rocío se posan sobre las rosas que resistieron el dolor de un amor que nadie comprende. Resta buscar, esperar vagando sin rumbo por tierra de nadie. Estoy cansado... quiero dormir y no soñar, dormir y no pensar, dormir y no estar vivo... no quiero dormir nunca más sin ti.
nota del autor: todos estos pequeños relatos son escritos "en el acto", así que no me preguntéis si me levanto a estas horas solo para pegarlos aquí, los escribo directamente en el blog, sin guardarlos en ningún sitio. Ah, y no me levanto, es que no me acuesto. Buenas Noches

sábado 7 de noviembre de 2009

Entre escaques blanquinegros

Escrito el 4 de agosto de 2005 a las 3:45 am


Hemos perdido la esperanza. Lo vemos todo negro
. Recuerdo cuando era pequeño que, caminando junto a un viejo amigo y observando los coches que cruzaban una y otra vez, le dije que imitara a una persona mayor, y me contestó que era fácil, que solo tendría que poner cara de que ya no quedan cosas importantes y que ya no esperábamos nada, ninguna ilusión. Ese día aprendí una lección, fue algo que no entendí al cien por cien en su día (cómo alguien no va a tener sueños?) pero que hoy lamento, al darme cuenta de la razón que tenía mi amigo. Pasa el tiempo y cada amanecer todo vuelve a perder la magia, los corazones maduran, nos endurecemos. Cada vez es peor, cada vez las ganas de levantarse menguan, pero ya no temo que se extingan. Antes lo temía, me daba pavor pensar en la muerte y en que no volvería a ver a "esa" persona, o que nunca llegaría a trabajar en eso que siempre había imaginado. Ya no.

Hemos perdido la esperanza. Lo vemos todo negro, pero ahora es con razón. Paseamos y a nuestro alrededor solo encontramos violencia, delincuencia y discusiones. Qué fue de la poesía? qué pasó con el amor de nuestra vida, con la media naranja? Acaso ya no nos importa el futuro? Estamos acabando con nuestro planeta. Las nuevas generaciones nacen bajo una atmósfera donde ya no hay brillo en las miradas. Donde la ilusión por el primer beso dura dos cubatas y la pareja ideal se evapora bajo la niebla. Donde los verdaderos amores los encontramos en los reality-shows y la primavera solo nos gusta porque hace buen tiempo.

Hemos perdido la esperanza. Lo vemos todo negro. Echo de menos sentirme pleno, sentirme feliz. Feliz!! escucháis? lo fui, fui feliz. Fui correspondido, amar y ser amado. Fue efímero, fue perdido, fui joven, pero fue. Hoy ya solo puedo pedir perdón, me disculpo ante ti por el daño que te causé, me disculpo ante todos por el dolor que he sido capaz de causar en todo este tiempo y, aunque no te lo creas y pienses que no va por ti, sí, te lo pido a ti. Te pido perdón, estoy harto del temor. Estoy harto de mirar atrás y no ver más que errores. No puedo más, no quiero volver a escuchar falsos testimonios. No quiero tener que volver a echarle la culpa al líquido de las lentillas. Deseo que seáis felices, que sonriáis, que améis lo que tenéis y no lo perdáis. Deseo perderme entre tus abrazos, marearme entre tus besos. Te echo de menos, puede que aún no te conozca, o puede que siempre estuvieras aquí. Puede que nadie lea esto, ME DA IGUAL, al que le importe un poco: Gracias por seguir aquí, gracias por andar el camino y no quedar en el primer agujero que encontréis. Seguid en la vía. No os rindáis, yo ya lo he hecho, no toméis ejemplo. Decidme adiós, pues será para siempre.

P.S: Mi amigo, el que una vez me dijo eso, nunca llegó a perder la esperanza. Descansa en paz amigo, encuentra la felicidad allá donde te encuentres.

viernes 6 de noviembre de 2009

Goth Dream

escrito el 2 de Agosto de 2005


Por fin mañana es fin de semana, fin de mi semana y el comienzo de Él. Él es todo lo que yo no soy para el público, sino todo lo que yo deseo, lo que hay en mi corazón y en mi sangre, lo que invade mi alma.

Viernes noche, dejo los zapatos, me quito el traje y cuelgo la corbata junto a la camisa. Voy a la ducha. En el espejo reflejado, un cuerpo pálido, tímidamente musculoso, pero perfectamente proporcionado. El agua arrastra la suciedad y la falsedad, dejando ver una pequeña mueca de superioridad en mi rostro. Pantalones negros pillados por botas militares; chaqueta hasta el suelo con cierres de cinturón metálicos sobre una camiseta sin mangas. En el cuello, una cruz de plata, y en las manos, anillos de diferentes formas del mismo material. La cara maquillada blanca y negra, y los cabellos oscuros fijados en posición desordenada. Los labios negros, las llaves, y puerta. La Luna me saluda mostrándome el camino hacia camposanto, en él, cientos de nombres revelan la acción del tiempo y de la propia destrucción humana. Un panteón sobresale a todos los demás, dos grandes gárgolas vigilan la puerta. Parece hermética, pero con el movimiento adecuado, la puerta se abre con un movimiento mecánico, dejando salir un humillo azul y el leve sonido de grupos como “Lacrimosa” o “Cradle of Filth”. Desciendo las escaleras de piedra iluminado por cirios sostenidos en los huecos de las paredes. Poco a poco la música suena más fuerte, y el murmullo de la existencia de vida comienza a hacerse aparecer.

Decenas de cuerpos bailan en un trance producido por diversas drogas. Cada uno es diferente, con diferentes estilos y diferentes almas, pero en el ambiente se puede apreciar el mismo sentimiento de soledad y melancolía entre todos los asistentes, parecido al que hay en el corredor de la muerte, contando las horas de manera descendente.

Voy al bar, pido una bebida y saludo al DJ. Por fin la veo, ahí está, es Lilith, mi perdición y salvación al mismo tiempo. Va vestida con una túnica blanca y con sus gruesos labios pintados de carmín. Sus cabellos son de oro, y su tez blanca como la nieve; pero sus ojos son negros como el azabache, y su mirada penetrante como el fuego. Me ha visto, me sonríe y se acerca a mí. No nos decimos nada, voy a besarla y se aparta, me agarra la cabeza y la ladea, comenzando a darme pequeños mordiscos en el cuello. Mi vista se nubla, la acción de la pastilla mezclada en la bebida comienza a hacer efecto, pestañeo un par de veces y todo es mejor, todo es a cámara lenta, miles de pensamientos atraviesan mi cabeza, toda mi vida no son más que un par de segundos y, los cuerpos, solo son sombras de fantasmas. Un instinto nace en mí, un instinto que estaba esperando salir. Recorre mis venas, sube por mi pecho, la garganta, y llega a mi cabeza. Todo bombea en mí, todo me quema, tengo que gritar. Aúllo todo lo fuerte que puedo, pero es callado por el sonido del black-metal. Ella sigue ahí, mordiendo, un hilo de sangre cae por su túnica, la aparto y la observo. Está colocada, yo también. La beso y degusto mi propio líquido. La amo, no puedo evitarlo, la aprieto contra mí. Me estoy mareando, me estoy desangrando. Me quedo sin fuerzas, no puedo mantenerme en pie, ahora sí se me nubla la vista, sus ojos continúan fijos en mí.

La luz me da en la cara, alrededor hay tumbas. Sigo en el cementerio, estoy apoyado en una lápida de mármol, mi cuello está vendado y mi cabeza sigue dando vueltas. Debe ser domingo, me arrastro hasta mi casa y me duermo pensando en ella, en su cuerpo y en su rostro. En mis sueños todo es bueno: paseamos junto a un río, su mano acaricia la mía y no nos escondemos en la oscuridad, estoy salvado. Soy feliz, sonrío de verdad, incluso me río… quiero seguir vivo, quiero seguir con ella.

Bécquer... duerme!



Despierta, tiemblo al mirarte:
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo cuando tú duermes.

Despierta, ríes y al reír tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.

Dormida, los extremos de tu boca
pliega sonrisa leve,
suave como el rastro luminoso
que deja en sol que muere.
“Duerme!”

Despierta miras y al mirar tus ojos
húmedos resplandecen,
como la onda azul en cuya cresta
chispeando el sol hiere.

Al través de tus párpados, dormida;
tranquilo fulgor vierten
cual derrama de luz templado rayo
lámpara transparente.
“Duerme!”

Despierta hablas, y al hablar vibrantes
tus palabras parecen
lluvia de perlas que en dorada copa
se derrama a torrentes.

Dormida, en el murmullo de tu aliento
acompasado y tenue,
escucho yo un poema que mi alma
enamorada entiende.
“Duerme!”

Sobre el corazón la mano
me he puesto porque no suene
su latido y en la noche
turbe la calma solemne:

De tu balcón las persianas
cerré ya porque no entre
el resplandor enojoso
de la aurora y te despierte.
“Duerme!”