martes, 28 de diciembre de 2010

Lady Godiva



Ven, acércate, déjame que te proteja. Cierra los ojos y apoya tu cabeza en mi pecho. Siente cómo mi respiración y mi corazón se tranquilizan al contacto de tu piel. Enlaza tu mano con la mía, acariciame, no temas llorar al rozar la luna. Quedaremos donde tú quieras, quedaremos donde el tiempo se detenga; no te olvides el paraguas, el relente siempre nos alcanza.

Frente al espejo compruebo el vacío que me rodea, siento el frío que me alcanza y me encuentro aún más solo. Apago la luz con rabia, con impotencia. No hay nada que pueda hacer, nada nuevo que decir ni nada que te pueda sorprender. No se me ocurre absolutamente nada que pueda guiarme desde aquí a un camino clareado mas, sin embargo, sigo permitiendo a mi intuición ser la luz de mi tren. Algo más tranquilo sonrío, me quieres, me quieres mientras me amas, me quieres cuando lo leo en tus ojos, me quieres porque te gustan las manzanas, me quieres porque te quiero. Te quiero, lo sabes y eso, aunque te preocupa, te gusta. Te sientes más segura de esa manera. Yo te abriré camino, yo te abrazaré cuando lo necesites, yo te daré mil noches en vela y detendré el mundo para consolar tu alma y hacerte entrar en razón.

Conecto el equipo de música, suena Queen y me da fuerzas para seguir mis sueños. No soy un tigre aunque desafíe las leyes de la gravedad... soy un dragón. Canto gritando, apenas llego y no soy capaz de pronunciar la letra pero soy libre, y nadie podrá evitarlo. Paso a través, salto y bailo, río. Yo también me siento tan imparable como lady Godiva, yo también te haré sentir supersónica. Conseguiré que sonrías al compás de mis latidos.

Estoy vivo, no lo dudes nunca. Escucha como ruge el motor de mi oso blanco, disfruta de esas ilusiones al saber que te arreglas para mí, goza con la intriga que te produce no saber qué parte de ti adularé esta noche. "If you wanna have a good time just give me a call". Disfrutemos juntos de este arte, baila conmigo, salta hasta que te agotes, goza hasta que te desmayes, ríe hasta que no se te olvide jamás.

[...]

jueves, 23 de diciembre de 2010

Pseudoamor



Escucho tu respiración, tus suspiros tristes, tu tono apagado. Me quieres, me deseas, pero nunca podrás dar un paso más allá. Te agobia mi cercanía y temes mi ausencia, no sabes lo que quieres. Estás cansada, en parte por mi culpa, y eso te hace sentir aún peor.

En mi cabeza me aseguro que odio el dolor al que me he aferrado tanto tiempo. Grito con todas mis ganas que esto no es lo que quiero, pero no lo soltaría por nada del mundo. Mis esperanzas se marchitan con el flujo de tus palabras. Odio la navidad, ahora entiendo el por qué.

Llegará el día que sea el espíritu de las navidades pasadas, espero que al menos recuerdes el día que optemos por la cobardía. Eso sí, mentiría si te deseo felicidad, así como lo harías tú. Mentiría si te intentara tratar como una amistad, y mentiría si te dijera que estoy enamorado de ti... mentiría si dijera que creo en que nunca podría ocurrir.

Hace tiempo que lo único que siento en el estómago es dolor, esas mariposas que un día pudieron aflorar estarán hibernando. Hace años que me enamoré por última vez y aun así se estropeó. Hace años que encontré a alguien a quien amaba y me respondía, y aun así ahora le escribo a otra persona. ¿Es acaso necesario y suficiente con sentir esas cosquillitas? ¿Es acaso condición indispensable? No creo en la magia, no creo en las hadas ni en Papá Noel, no creo en la homeopatía ni en las religiones basadas en un ser consciente más grande que yo. Creo en el amor como un conjunto de sensaciones producidas por las hormonas de mi cuerpo, creo en el vértigo que se produce al ilusionarse y creo en que lo nuestro pueda funcionar. Pero claro, esto último no es más que fe. Será el espíritu navideño que me envuelve. Mis creencias no son bonitas, mis historias no son bellas. Suena todo doloroso y agobiante, demasiado lógico y científico, demasiado vanidoso y orgulloso.

No te prometo la felicidad, no te aseguro que la máquina funcione, no confío en que nuestros corazones latan al compás pero, cojones, te aseguro que nada de eso ocurrirá si dejas que la cobardía de la princesa encerrada en su torreón te invada.

Además, si el agua tiene memoria, ¿hay algo imposible? Demuéstrame que no todo tiene que ser en binario y déjame que te demuestre que más vale tarde que nunca.

[...]

jueves, 16 de diciembre de 2010

Viento del norte


Agazapado en esa esquina nunca sintió un frío igual. Los vientos del norte congelaron hasta el rocío condensado en las hojas de aquel naranjo que una vez iluminó las noches estivales. Debía escapar de allí, lo sabía y lo necesitaba; pero no tenía valor. No tenía valor para rendirse ni para dejarlo todo atrás. Estaba demasiado ocupado intentando no temblar como para pensar en caminar. Esta vez no escuchaba música en su interior, de ningún tipo, de ningún color; tan sólo un vacío tan profundo capaz de absorber las frases conforme las pensaba. Su cabeza era un remolino, un conjunto de obviedades y reproches, de verdades e ilusiones, una bomba de relojería en una cámara acorazada protegida como aquello que le latía en el pecho luchando por darle calor al resto de su cuerpo, órgano que sentía cada vez más pesado, cada vez más cansado.

Dudaba y no entendía, soñaba y destruía. Soñaba en pócimas mágicas, en fórmulas básicas capaces de proporcionar la felicidad instantaneamente, en piedras filosofales capaces de convertir el plomo en puro oro. Destruía... como siempre, lo destruía todo y no valoraba. Destruía sin mirar, sin querer, sin desearlo. Destruía porque era lo único capaz de darle cierta satisfacción. ¿Qué esperaba? ¿Acaso realmente creyó en su propia resiliencia? Ahí se quedó, aún agazapado, temblando y tiritando esperando la vuelta del verano, esperando a ese sol que le hiciera volver a entrar en calor, esperando esa belleza de la naturaleza a la que llaman primavera.

Confusión será mi epitafio.
[...]

domingo, 12 de diciembre de 2010

Filosofía



Todavía con el ritmo saltando dentro de nosotros nos fuimos a buscar algo que beber. Un par de litronas por cabeza parecía suficiente para continuar la fiesta. Tomad el mechero, que alguno comience a trabajar porque esto lo celebramos por todo lo alto.

Alguien saca las piernas por fuera de la ventanilla, otro rompe un cigarrillo y la botella va pasando de mano en mano. El volumen de la música no nos deja ni pensar, pero ahora es el momento de dejarnos llevar por los impulsos. Varias guitarras afiladas atropellan nuestros sentidos aletargados. Llegamos al punto de encuentro arrastrándonos fuera del coche. No éramos ni diez personas pero montábamos el barullo de cincuenta, todo eran cánticos, risas y primavera. Desconozco cuántas veces me quedé con la garganta completamente seca, lo único que sé es que el remedio funcionaba cada vez mejor. Perdí la noción de la realidad y nadie de mi alrededor podía confirmarme hasta dónde llegaba la ficción.

Monta la batería, enchufa el ampli, afina esas cuerdas y dale ritmo a lo que queda de noche. De aquí nadie se marcha hasta que no perdamos el sentido. Alguien ha encontrado la felicidad, brindemos por ello, brindemos sin razones, ¿acaso hacen falta? Esta noche no hay cruces ni desvíos, hemos parado el tiempo para vosotros. Disfrutad de nuestro poder.

Pasadme el Gordons que toca ronda de chupitos Freedone, ¿dónde está el vino? Espero que no haya mañana, porque esto seguro que va a doler. Aspira fuerte y no lo sueltes, que ahora tienes que tragar. Lo único mejor que un buen viaje es hacerlo acompañado. Recoged vuestras lágrimas, no hemos llegado ni a la mitad del repertorio. No es hora de tomar decisiones, ni siquiera de planteárselas. Nada de baladas, id sacando el embudo que la apatía nos la quitamos de un lingotazo. Pronto todo esto parecerá una historia de dragones, que alguien busque un duende.

No veo necesario contar el final de todo esto, ni siquiera creo que acabara. Dejaremos esta historia como algunas canciones, con los acordes repitiéndose cada vez más suave hasta que desaparecen y despiertas sin saber cómo llegaste. Como se dice siempre, ¡larga vida al Rock'n Roll!

[...]

domingo, 5 de diciembre de 2010

Descenso



Pegado a la ventana respiro tranquilo observando el exterior. Mi respiración es profunda y relajada, todo lo contrario a mi cabeza. Pienso en cómo perder el conocimiento. No tengo más sedantes a mi alrededor y debido a la gran cantidad de malos sueños, dormirme sobrio no es una opción.

Con un dedo dibujo un triángulo en el vaho que se ha formado en el cristal y, sobre éste, calculo sus ángulos, su área y su centro de gravedad. Pierdo la poca cordura que me queda al intentar estimar el número de tetraedros regulares necesarios para completar el volumen de una esfera cuyo radio fuera el lado del poliedro. Un extraño vértigo se encierra en mi estómago después tratar de imaginar tal construcción al tener que luchar contra mi propia inconsciencia. Me dejo caer mareado sobre la cama y permito a mi cabeza recordar esas pesadillas que consiguieron darle imagen a algo que, aun a sabiendas, nunca me dejé ilustrar.

No lloro, sigo sin hacerlo. Junto los bordes de los triángulos y ni aun así soy capaz de exteriorizar todo ese ácido que mi corazón bombea sin parar. Convierto mi obsesión en movimiento ocular mirando continuamente de un extremo a otro de mis ojos mientras busco en mi interior. Es un viaje sin guía, es un viaje sin sherpas ni brújula. Automatizando ese tic consigo desprenderme de la mayoría de sensaciones físicas que me rodean. Es abrumador todo aquello que leo sobre mi propia persona. Es especialmente doloroso verme dilapidado por mis razonamientos e intuiciones, siendo abandonado a mi suerte en ese océano de soledad. Me resulta interesante observar que aquél que me abandona sea yo mismo, y que no pido auxilio ni trato de evitarlo.

Estoy en un croma sobre el que yo elijo el paisaje. Detengo la exposición en un atardecer, o amanecer, no estoy seguro. No siento la temperatura, no siento brisa ni aire. No respiro ni trago y ni siquiera pestañeo. Veo en la lejanía aquello que, creo, me importa. Me acerco y lo rodeo estoico una vez. Observo la imagen y la describo para mí, fijándome en los detalles más ínfimos hasta llegar otra vez a lo más obvio. Ni siquiera objetivamente puedo dejar de pensar que no debería estar ahí, así que ahora describo aquello que siento, intentando conseguir algo lógico de todo aquello. Vuelvo a hacerlo desde lo más pequeño hasta lo más grande, hasta lo más doloroso, lo que más detesto. Y no puedo evitarlo. Grito de rabia, lanzo toda mi ira contra aquello que me preocupa, contra aquello que amo. Grito frustrado, grito con odio, grito sin saber qué más hacer, grito porque soy lo único que se mueve en ese estúpido paraje. Harto escapo, me alejo de allí y vuelvo al vacío, a ese limbo sobre el que no hay bien ni mal, pena ni gloria.

Aquí todo es blanco, puro, intocable. Me siento en el suelo con las piernas cruzadas, respiro profundo y tranquilo y comienzo a mover mis ojos de un extremo a otro, acompasando mis movimientos y mis latidos con la realidad devolviendo mi mente a su estado natural, consiguiendo salir de ese estado autohipnótico al que me había sometido.

Me duelen los músculos oculares y me duele el alma. Aún siento todo el dolor por el que he pasado mas no encuentro en mis mejillas rastro de haber destruido ese nudo que se extendió de mi garganta hasta mi pecho. Me siento cansado. Cierro los ojos y repaso lo que acabo de vivir. Cierro los ojos y pienso en nosotros, y rabio de nuevo. Rabio porque no entiendo el destino, porque no entiendo lo que me viene y no me siento capaz de cambiarlo. Rabio porque jamás seré capaz de explicarlo y porque, aunque suceda, nadie podrá entenderlo.

Estoy perdido, y solo. Esta es mi locura, mi don y mi castigo. Este es mi eterno descenso, mi falsa sonrisa. Esta es mi añoranza, tu preocupación. Estas son mis palabras, mi único desahogo y mis grandes mentiras.

[...]

viernes, 3 de diciembre de 2010

Examen relámpago



Conozco demasiado bien esa salida, siempre oscura, siempre con las estrellas al frente. A veces llueve y todo se vuelve aún más melancólico, escucho la tormenta golpeando el metal y siento las ruedas flotando sobre la capa de agua. En estos casos pongo la música bastante floja, sólo como acompañamiento. La melodía la lleva el cielo, el ritmo los limpiaparabrisas y nadie puede evitar que improvise sobre ti.

Improvisar es un peligro, y cuanto más lo hago más cuenta me doy del daño que consigo hacerme. A veces siento cómo pierdo energía, cómo se me hunden los ojos, el palpitar del corazón en las sienes y la agonía de la frustración, de la impaciencia. Deseo saber sin conocer. En realidad, odiaría saber.

Maldito instinto, maldita cabeza, maldita imaginación monotema, obcecada, absurda y obsesionada. Observo cómo se acerca la salida, los hoteles al fondo. Pienso tanto en estos instantes que se me hace eterno el pasaje. Siempre la misma música, el mismo grupo, el mismo ambiente, la misma ausencia.

Sopeso las pesquisas, analizo los hechos y busco el punto medio, la imposible objetividad. Da igual, sigo soñando con tus manos y no consigo evitar creer en la infidelidad de tu sonrisa. Maldita sea mi lógica y malditos sean mis celos. Maldito sea mi loco corazón y maldito el brillo de tus ojos tan imposible de olvidar.

En un segundo recuerdo lo vivido y lo malvivido, lo escrito y lo inventado, lo nimio y lo valioso. Apenas pestañeo al percatarme de cómo reduzco la velocidad involuntariamente. Aún no entiendo ese placer mío que encuentro al agonizar, no entiendo a ese subconsciente juguetón que prefiere apostarlo todo viendo una sola carta ni esa apatía con la que veo el mundo que me rodea. Pero bueno, supongo que da igual si lo entiendo o no, lo único que puedo hacer es intentar relajarme y recordar aquel primer concierto o aquellas dimensiones tan geniales.

Por fin, lo he logrado, las luces se reflejan en mi retrovisor alejándose lentamente. Suspiro, no me he hundido demasiado esta vez, llego a estar incluso aliviado. Ellas vibran chistosas avisándome de que aunque haya ganado por una vez, conocen bien mi rutina y saben que volveré. Y lo volverán a intentar, como hacen siempre, sin desperdiciar oportunidad. Y haré como que lucho, por darles el gusto, sin que sepan que, extrañamente, el gusto es mío.

Vivo toda tu vida en un segundo una y otra vez y, a veces, también la nuestra. No es tan increíble que escuche esa canción en modo repetición.

[...]

sábado, 27 de noviembre de 2010

Moderno Prometeo



Obcecado en la más alienante de las paranoias el doctor soñaba que, algún día, lograría escuchar aquel frío corazón latiendo de nuevo, esta vez gracias a él. Tal era su obsesión que no dormía, no comía, no hablaba ni sonreía sin pensar en su ilusión. Él era consciente de las dificultades, él conocía el peligro de su juego, él sabía que nadie entendería su insistencia. Por eso él se encerró en su pequeño torreón mental desde donde seguiría luchando contra los dioses por completar su destino. El doctor, fatalista desde siempre, intuía el poco tiempo que le quedaba antes de que el hilo de su vida fuera finalmente cortado, así que trabajó aún más, sin descanso ni tregua.

No fue hasta una noche de tormenta que el loco profesor consiguió dirigir toda la fuerza de un rayo atravesando aquel inerte trozo de carne que tanto ansiaba. Expectante apoyó la oreja derecha sobre su pecho esperando alguna señal de su triunfo y, desde lo más profundo de su cuerpo lo sintió, al principio como un ligero murmullo y después mucho más fuerte y seguro. Batiendo desde su cabeza hasta sus pies, transformando algo tan natural como un latido en la música más maravillosa que jamás pudo escuchar, consiguió devolverle la vida a su increíble búsqueda. Feliz saltó, volteó y bailó. Rió a gritos sabiéndose triunfador, sintiéndose vivo por primera vez en años. Tan ciegamente danzó que no se percató de aquel cable en el que tropezó, ni siquiera supo que uno de los ventanales de su torreón estaba abierto hasta que cayó por él. No le dio tiempo más que a derramar una última lágrima planteándose si le mereció la pena todo aquel sacrificio, evaluando si lloraba de felicidad sintiéndose completo o de la tristeza más absoluta, antes de que el inamovible firme golpeara su fatigado cuerpo confirmando y cerrando lo que él ya intuía sobre su destino desde hacía ya demasiado, acabando con su curiosa y anónima existencia, derrochando así su último aliento sin respuesta entre la hierba recién cortada.

[...]

domingo, 21 de noviembre de 2010

Blue Moon



Luna llena, o casi, no estoy seguro. Siempre me parecía llena a tu lado y ya no soy capaz de distinguirla. En el interior, la humedad ha empañado los cristales del coche y el frío me tiene completamente congelado esperando que la calefacción llegue hasta una temperatura aceptable para redireccionar el flujo de aire hacia mí. Mientras se calienta y se desempañan los cristales conecto la radio y le echo un vistazo a los CDs como quien mira un viejo álbum de fotos y le vuela la mente tiempo atrás. Me cruzo con el del Viña Rock, con Halloween y hasta con la discografía de Radiohead. Ninguno de ellos consigue atraer mi atención y no estoy tan jodido como para escuchar Karma Police de nuevo. Al final del pequeño archivador me encuentro el de Jarabe de Palo y sonrío, éste se lo merece. Lo introduzco y sin esperar avanzo hasta la séptima canción. Me siento como si acabara de encontrar una pequeña luz en la oscuridad. No todo será tristeza esta fría noche. Miro mi reloj, las cuatro y pico de la madrugada y ni un ápice de sueño; sé adónde ir en estos casos.

La carretera es un infierno, pero desde este joven cerro la ciudad se muestra mágica. Adoro ver las luminosas lineas de las farolas y la extraña aureola que la envuelve producto de la polución que solemos respirar. Desde aquí se pueden observar las estrellas sin demasiada dificultad y, con un poco de imaginación, hacerse el interesante nombrando constelaciones al azar señalando el infinito con aire de superioridad. Sonrío mirando de nuevo la Luna. Mañana lloverá, pienso al ver la Luna borrosa, al menos subirá un poco la temperatura. Aun así su fuerte brillo, potenciado por el reflejo en las escasas nubes, es capaz de ocultar parte del hermoso cielo estrellado.

Reclino mi asiento y extiendo la manta sobre mí. Hace ya un buen rato que empecé a escuchar "OK computer" y acaba de llegar a la pista número diez. Es un buen momento para congelar el tiempo, para detener la vida, para soñar en este cerro una noche más dándole vueltas a la cabeza. Buenas noches y dulces sueños, susurro cerrando los ojos al tiempo del último arpegio de esta hermosa canción. Dulces sueños.

[...]

lunes, 15 de noviembre de 2010

salvamento



Hoy te pido como inspiración, hoy te pido por haberme hecho sonreír.
Hoy me has hecho recordar el beso que nunca nos dimos... te mentiría si te digo que no lo deseé, creo que yo también te gusté, aunque fuera un poco. Qué linda eras, adoraba tu sonrisa, sincera, algo ingenua y maravillosa. No podía evitar sonreír contigo. La última vez que te vi habían pasado varios años desde aquella vez que pasamos la tarde mirándonos a los ojos y, sin embargo, en diez segundos me alegraste la mañana y me hiciste sentir un niño al verte con uniforme. Por cierto, qué bien te queda.

Eres un dulce, siempre lo fuiste, sin picardía pero con mucha fuerza. Siempre pensé que debías tener mucha pasión, tus ojos así lo indican. Sé que no debía, pero te imaginaba lanzándote contra mí, agarrándome, sellando mi boca con tus labios, apenas dejándome libre para respirar e intentar sobrevivir. En fin, sueños de crío.

Quisiera brindar contigo por tus palabras, quisiera brindar contigo por aquella cita que una vez me permitiste, por repetirla, por tu simpatía y por tu corazón. Eres buena, eres buena persona, siempre lo has sido. Espero que nunca dejes de sonreír, siempre has merecido un trozo de cielo. Siéntete siempre muy orgullosa de ti misma, los que te hemos rodeado alguna vez nos sentimos así nada más que por haberte conocido. Gracias.
Brinda conmigo, quizás así parezcas real, quizás así aparezcas y me abraces. Brinda conmigo y sonríe una vez más.

No te preocupes, dejemos que lo malo se lo lleve el viento y que esta tarde nos acompañen los buenos recuerdos. Tienes toda tu vida que contarme y toda la noche por delante. Te mando un abrazo, un abrazo de agradecimiento, un abrazo con mucho cariño. Gracias por aparecer, por no dejarte olvidar. Gracias por haber sido mi amiga, cuenta conmigo siempre que lo necesites, siempre.
[...]

domingo, 14 de noviembre de 2010

Capuccino



Llueve, lo sé porque el tragaluz hace un ruido infernal, como si fuera a reventar de un momento a otro. No me molesta en absoluto, me gusta que llueva, me encanta ver cómo la gente se vuelve de color gris y que los únicos colores que encuentre a mi alrededor sean los de los semáforos reflejados en el asfalto mojado.

Me encuentro en el sótano, aunque hace calor no puedo evitar un escalofrío reflejo al pensar en las congeladas gotas que estarán echando del patio a los últimos valientes. A mi alrededor no hay más que gente amuermada intentando, inútilmente, estudiar. Miro el reloj, las diez y cuarto. Un trueno. Ya es suficiente, no aguanto más. Cojo la chaqueta, guardo los apuntes en la mochila, no estoy seguro de cuándo volveré, y la encierro en la taquilla. Tengo suerte de poseer la llave de una: tanta gente y tan poco espacio.

Subo y salgo al patio, busco unas monedas y me preparo un café de máquina resguardado bajo el porche. Tranquilamente me lío un cigarrillo observando las gotas rebotando en una cadencia maravillosa. Enciendo el mechero con parsimonia y miro a través de su llama, miro el contraste de dos elementos básicos y, sin darme tregua, le doy la primera calada, aquella que hace que suspires, la que retuerce el cuerpo. Con la segunda no puedo evitar pensar en ti, siempre me ocurre. Es lo bueno de fumar en soledad, nunca lo necesito cuando estoy a tu lado pero siempre te necesito cuando recurro a él.

El café es amargo, capuccino con poco azúcar. No estoy seguro de que a esto se le pueda llamar café, supongo que ha sido el tiempo el que me volvió un adicto a este sabor. ¿Qué estarás bebiendo tú ahora? ¿Estará lloviendo también a tus pies? Saco un auricular para escuchar un triste vals que me armonice esto que veo.

Da igual cuánto sonría, siempre que el humo se pierde entre la lluvia pienso en ti, en tus abrazos, en las lágrimas con las que me despediste, en las veces que volveré a ver llover antes de que vuelvas a llorar por mí, en la de cigarrillos que me quedan por fumar.

Volviendo al aula huelo mi mano, odio ese olor. Pongo los libros sobre la mesa, me quito la chaqueta y la doblo con cuidado dejándola a mi lado. Le doy un par de vueltas al bolígrafo entre mis dedos, abro los apuntes por donde me había quedado y hago el primer intento de concentración. Miro el reloj, las once menos veinte. Me crujo el cuello y lo estiro, hacia un lado, hacia el otro, miro el techo y después pego la barbilla al pecho. Ya es momento. Busco rápidamente el párrafo donde lo dejé y continúo leyendo. Ni siquiera me da tiempo de copiar la primera fórmula cuando un sonido me saca de mi sopor. Llueve, lo sé porque el tragaluz hace un ruido infernal, como si fuera a reventar de un momento a otro. No me molesta en absoluto, me gusta que llueva...

[...]

sábado, 13 de noviembre de 2010

Claroscuro



Qué gusto da suspirar, ¿verdad? Toma aire y no lo sueltes, aunque seas virtual. Mientras tanto voy a darte algo que te vendrá bien porque es muy completito. Te voy a dedicar una canción y una fotografía. Tienen mensaje (bastante claro, por cierto), pero en realidad te lo enseño para que aprendas lo que es "buena música", que ya te vale...


DEEP PURPLE: HIGHWAY STAR



Tengo que decir que te he leído y he visto a un hermano. Te he leído y ya te conocía. Te he leído y reconozco ese dolor que yo ya he sufrido más de una vez. Me siento orgulloso de mí mismo, me siento más fuerte que tú, menos cabrón; y eso me hace vanidoso. Llora, llora tú que puedes; no mereces desahogarte, lástima que no está en mí el elegir.

Somos dos almas paralelas, me jode pero es cierto, somos tan parecidos... pero me sigo sintiendo orgulloso; no soy tan guapo, no seré tan grande pero soy mucho más hombre que tú: sé pedir perdón cuando tengo que hacerlo, sé aguantar mucho más dolor del que hayas sentido tú jamás y, lo peor de todo (o lo mejor), sé aceptar cuando pierdo. Y lucho, lucho como nadie, lucho aunque haya ganado... lucho por mantenerlo. Y sí, por supuesto, me siento orgulloso de ello.

Entiendo tu obsesión y la comparto con la parte más pesada de mi alma, entiendo la cabezonería y la posesión, pero no la estupidez. Mírame, no soy tu rival, nunca lo he sido, no intentes odiarme mientras pataleas. Observo tu alrededor y me encuentro con el mío propio. Dudo. Dudo profundamente.

Miro otra vez a tu alrededor, conozco a esa gente ¿conoces tú a la mía?

¿Por qué no te giras?... Estoy esperando alguna respuesta, ahora que nos conocemos estoy esperando que te des la vuelta, que me mires, que me hables, que te desmorones o que me lances un directo a la mandíbula. ¿Por qué no haces nada? No te preocupes, no me vas a sorprender haciéndome ver que eres yo mismo, todo el mundo lo esperaba; pero al menos podrías ser más simpático, invitarte a un cubata, darme conversación... yo que sé, supón que me lo debes, al fin y al cabo yo te he dado la vida.

Pues nada, seguiré solo mi viaje mental, seguiré buscándome para crecer, seguiré intentando conocerme. Por ahora sé que yo soy luz y soy noche, soy real y soy un sueño, soy el alfa y la omega de mi propia existencia, y eso, por suerte o por desgracia, no me lo quitará nadie jamás.


[...]

martes, 9 de noviembre de 2010

Nueve de Noviembre




Aquí tienes para ti un ramito de violetas. No puede ir sin tarjeta, no puedo ser anónimo... pero tampoco lo deseo así. Lo que sí deseaba era hacerte sonreír, deseaba que pensaras en mí desde allí, que viajaras con algo más que la maleta.

Siempre tendrás una rosa roja, dos gardenias y, ahora, unas cuantas violetas. Es un conjunto extraño, una mezcla nada pareja pero un mensaje bastante claro.

Hacía días que no sabía de ti, semanas que no hablábamos y meses que no sonreíamos a la par. Esta vez no voy a intentar seguir escribiendo, sólo quería darte un paupérrimo presente que pudieras guardar todo el tiempo posible. Cierra los ojos, princesa, cierra los ojos y bésame, bésame sonriendo, bésame y no dejes de hacerlo, no esta noche...

[...]

sábado, 30 de octubre de 2010

Asmodeo



Estoy cansado de rogar por unas palabras, de esperar hasta que sea demasiado tarde, de sufrir sin poder explicar el porqué y de que, aún con esas, siga teniendo una estúpida vela encendida a la espera.

Estoy cansado de la bipolaridad que me induzco cada día, de la disociación de la personalidad en la que me protejo y de los trances autodestructivos que me sirven de purga.

Sé que no te gusta eso, sé que me quieres lo suficiente como para querer ayudarme pero aún no te has dado cuenta de que no tengo nada más con lo que satisfacerme, aún no has llegado a la conclusión de que sólo mi propia voz es capaz de separarme de ti, de que sólo el dolor físico puede ayudarme a diferenciar entre el sueño y la realidad. No temas, lo que tenga que ser, será; lo que tenga que venir, llegará y lo que tenga que llorar, lo guardaré.

Disonancias perfectas, ruidos acompasados por el latido aletargado de un humano en trance y una taza de café. Tampoco debería pero, total, sólo me falta ser hipócrita conmigo mismo.

Volveré a recordarme una frase que siempre me hace sentir mejor, una cuestión que quizá sea la más importante que te has planteado en tu vida, una controvertida duda provocada por una dulzura de tu propia sangre: "¿Y si tiene razón?". Pues si la tiene, si debes seguir su consejo, si de repente despiertas... yo seré tu Asmodeo, si así debe ser.

Por exigencias del guión debo detenerme aquí, no puedo continuar con la historia, no puedo decirte lo que siento realmente ni lo que quiero. No me permito describirte todo aquello que veo desde aquí ni todo lo que sueño y temo. No me permito, gracias a ti, pronunciarme antes que tú; que no te extrañe lo que ves, realmente ni te lo imaginas.

Extraña cárcel llamada libertad; extraña amiga mía, la soledad.
[...]

lunes, 25 de octubre de 2010

Road to nowhere



Tranquilamente te enciendes un cigarrillo que me pasas tras darle una suave calada que deja marcados tus labios color rojo eléctrico en el filtro. Tus ojos me miran detrás de una raya digna de una faraona y analizan mi perfil concentrado. No me dices nada, hace como media hora que no pronuncias palabra y yo sigo conduciendo, tú sigues a mi lado y Jim Morrison nos ambienta con una tormenta que nos lleva a través de la noche hacia ninguna parte.

Hacía mucho tiempo que necesitábamos este viaje, esta escapada a otra dimensión, este acercamiento a los recuerdos. El aire que entra por la ventana entreabierta rebaja la temperatura varios grados rápidamente, te arropas con la manta y te dejas caer en mí. Rodeo tu cuerpo cálido con mi brazo, yo seré tu cinturón en este viaje, yo seré el que te acaricie esta vez, yo y nadie más.

Kilómetros de vía interrumpida únicamente por las salidas a las villas que se van quedando atrás con el paso de las horas. Repostamos sin detenernos, no comemos y no duermo. Todo se vuelve extraño después de dos días sin dejar de conducir, aunque es fácil conseguirlo con aquello que aún brilla sobre el salpicadero. Ya no conozco el idioma de los carteles, ni siquiera puedo enfocar lo suficiente para leerlos. Me da miedo parar y que todo se desvanezca, me da miedo pensar que vuelves a no estar aquí conmigo.

En cuanto cierro la ventanilla tus ojos se rinden agotados a la madrugada y te duermes con tus manos agarrando la mía, apretándola contra ti, guardándote de mi huida, recordando nuestras caricias entre sueños. Aún queda demasiada distancia, aún estamos demasiado lejos y todo se vuelve gris en mi memoria. No te preocupes, un par de cabezadas más y habremos llegado a nuestro destino. Un par de cabezadas más.

[...]

domingo, 17 de octubre de 2010

Días tranquilos



Todos los recuerdos están llenos de miradas, caricias, besos y sonrisas. Se hace inevitable que, al intentar rememorarlos, se repitan ciertas palabras infinitas veces aunque supongo que todo eso es lo que hace de los recuerdos, recuerdos maravillosos.

Espero que entiendas que es un escrito, que nada cuadra y que la realidad no la roza ni de cerca pero... no es mi intención la de crear un diario, así que disfruta de mi alfombra mágica:



Aquí va un mensaje en una botella, una pequeña imagen escondida de todo el mundo, un susurro inapreciable. Esto no es más que un rápido vistazo al pasado, encontrar uno de los pétalos de las rosas que marchitaron a nuestro lado, una lágrima saboteada.

Miraste una última vez tu reflejo antes de apagar la luz del baño, ibas preciosa y lo sabías, hasta tu sonrisa deslumbraba. Recuerdo esa sonrisa, no fue la única vez que te vi sonreír así: la conseguías cada vez que te besaba en la mejilla, cada vez que, mirándonos a los ojos, te sonreía yo primero y, en general, cada vez que estábamos juntos. Con esa sonrisa que se dibujaba aún más en tu mirada que en tus labios saliste a recogerme al coche, donde yo aguardaba jugando con un gatito blanco demasiado curioso.

Oteaste alrededor rápidamente y, sintiéndote un espía del Kremlin, juntaste tus labios con los míos en un furtivo beso y, después, otra profunda mirada mezclada con un abrazo. Una vez en movimiento nos saludamos formalmente y nos hicimos la pregunta de siempre: ¿Qué te apetece hacer?




A partir de ahí todo se difumina. Recuerdo la luna llena, el fresco al pasear, nuestras manos aprendiéndose mutuamente, nuestras preocupaciones y trasnochar de forma peligrosa. Recuerdo música de fondo, atardecer contigo y amanecer solo. Relatar en mi cabeza y olvidar tras la siguiente curva.



Tan sólo tú y yo sabemos el miedo que nos tenemos, todo lo que nos respetamos y las idioteces que somos capaces de hacer. Tan sólo tú y yo sabemos que la lógica no siempre es la mejor opción. Tan sólo tu y yo. Tan solo yo.

Irreal, siempre igual. Esconderé la mano para que no la veas, guardaré siempre un as en la pechera. No dejaré que me descubras ni que me quites la careta, no hasta que tú te dejes.
-----

No puedo describirte tanto como me gustaría, supongo que eso me da mucha más libertad. Te dejaré como una incógnita: de espaldas.
Probablemente sonreías, cerrabas los ojos al sol y disfrutabas del viento salado. A lo mejor llorabas; o incluso estabas gritando, no lo sé. A lo mejor no eres más que una imagen al azar de algún buscador. Desconozco si alguna vez fuiste real pero, siendo sinceros, ¿eso qué importa?

[...]

martes, 12 de octubre de 2010

Heterocíclico




Tanto por decir, tantos sentimientos, tantas confusiones, tantos reproches... al final callas. Exhalas el alma a cada bocanada y lo ahogas todo con el humo.
No hay respuesta entre estas paredes, ni siquiera está dentro de ti. No hay más respuesta que el mismo tiempo, tiempo que lo estropeará todo aún más, tiempo que dejará oscuro todo lo que un día pudo brillar.
Te destruyes una y otra vez todo lo profundamente que puedes y sin remordimientos. Dejas que la vida se escape entre tus dedos como un puñado de arena seca, ni siquiera tus lágrimas conseguirán hacer barro de ésta.
Sufres, sufres por indiferencia, sufres por confusión, sufres por la indecisión de la ignorancia y vuelves a evadirte para evitar el dolor. Gritas, gritas donde nadie te escucha, gritas con rabia y odio, gritas desgarrándote la piel deseando callar ya, gritas en silencio, gritas en la oscuridad, gritas cada vez más fuerte, cada vez más agudo.

La sirena de una ambulancia me despierta, ya es medio día, otra vez. Me levanto cansado, somnoliento. Arrastrando los pies llego hasta la cocina donde me preparo un buen desayuno con un par de somníferos y un alprazolam; las semanas se pasan deprisa cuando estás consciente apenas veinte minutos al día. Con el café en la mano marcho hacia el ordenador donde intento actualizarme a mí mismo y sólo consigo derrumbarme aún más. Tostada en mano decido que nada mejor que un poco de Gotthard de fondo mientras termino de nutrirme lo suficiente para sobrevivir. Con la llegada de "Heaven" mi vista empieza a nublarse de nuevo, parece que ha vuelto a llegar mi hora. Camino de la cama no puedo evitar agarrar la botella de ginebra, por si acaso me entra sed entre sueños.

Miro a través de la ventana, hace un día claro, bastante soleado, caluroso para ser otoño. Un día maravilloso para cualquiera que haya conseguido salir a la calle. Sobre mi mesilla reposa nuestra foto con el sol al fondo. Forzando la vista te veo: estás preciosa, como siempre, y sonríes esperando el choque de nuestros labios que sucederá nada más escuchar el característico "click" de la cámara. Por aquellos entonces moría por tu sonrisa, supongo que eso no ha cambiado demasiado. En el retrato tus ojos me miran fijamente, expectantes, intrigados por mi técnica fotográfica y felices por una tarde tan maravillosa; este último detalle lo tenemos en común. Estiro como puedo el brazo y cojo la foto, medio drogado consigo darte un beso y apretarte contra mi pecho. Otra vez todo me da vueltas, pienso en ti como último deseo y cierro los ojos deseándote buenas noches. Quizá mañana despertemos juntos, quizá todo acabe ya.



[...]

domingo, 3 de octubre de 2010

Verdemar



Ojos verdes, ojos prohibidos.
Atracción furtiva, relación imperdonable,
miradas cautivas cruzadas entre el gentío.
Atracción sin remedio, deseo incontrolable.

Fuiste poesía mas eres arte
que moldeo con mis dedos lascivos.
Eres profunda, eres salvaje,
eres la diosa de los vicios.

Llámalo lujuria encerrada,
el defecto de la carne, los pecados.
Lloras inconsciente y atrapada,
inmovilizada por mis manos.



Cierras los ojos perdida, pestañeas con fuerza mientras aspiras incrédula la primera bocanada del cigarro de después. Aún no sabes cómo sucedió, aún no entiendes por qué estás desnuda, aún escondes tu mano al ver el anillo que rodea tu anular. Hay demasiadas coincidencias y casualidades como para explicártelas ahora, limítate a apoyarte en mi pecho e intenta descansar un rato, te lo mereces. Tu cuerpo, aún febril, palpita húmedo y caliente ante mis caricias. La musculatura de tu espalda se contrae espasmódicamente con los vestigios de tu último orgasmo y no puedes evitar gemir al sentir el roce de mi pierna.

Esta noche mi cuerpo te pertenece, esta noche te has ganado soñar con una vida distinta, esta noche creerás de nuevo en el cariño de un extraño. Levantas la mirada y fijas tus oscuros ojos verdes en los míos. Me odias, lo sé, lo he sentido en cada beso, en cada mordisco. Odias haber caído, odias haber sido presa, odias darme la razón por última vez esta velada. Me llamas hijo de puta antes de besarme y volver a colocar tu cabeza sobre mi corazón. Tus brazos me rodean y tus dedos me acarician, me arañan suavemente.

Mi cuerpo agradece el final de tu demencia. Tu locura ha estado a punto de mutilarme en varias ocasiones, tus dientes se mantendrán marcados en mi cuerpo una larga temporada, incluso tendré que curarme algunas heridas. Sonrío, has sido tal y como imaginé. Eres una loba domada pero aún te queda instinto, ha sido un placer conseguir parte de ese potencial, aunque lo mejor haya sido repetir. Intenta dormir, estás algo dolorida y no podrás hacer nada más hasta mañana. No luches por mantenerte despierta, lo hagas como lo hagas volverás a la realidad así que déjate llevar. Quién sabe, quizá mañana aún siga aquí.

Es posible que no recuerde tu nombre, seguro que jamás podré recordar lo que llevabas puesto pero, te prometo, tu mirada la tendré clavada el resto de mi vida. Ojos malvados, ojos de serpiente, ojos viles.

Meto mis dedos entre tu pelo, masajeo tu craneo y te induzco en un estado de sopor. Ya está bien por hoy. Descansa mi vida, sueña tranquila, yo te aguardo. No puedo evitar oler tu pelo y sentirme solo en esta cama. Ojalá la soledad tuviera otro color, ojalá supiera de quién es este cuerpo, ojalá pudiera elegir pero, como siempre, el destino es demasiado caprichoso.

Cierro los ojos al fin. Buenas noches preciosa. Buenas noches.

[...]

martes, 21 de septiembre de 2010

Buen viaje



Cierro los ojos con fuerza, otra vez. Siempre intento evitar ver la realidad, aunque no es del todo cierto, yo diría que lo que intento es evitar la realidad. Creo que a mi alrededor hay unas tres o cuatro personas, no estoy seguro, todas de blanco. Algunos intentan sujetarme, uno pronuncia mi nombre repetidas veces. ¿Qué pasa? Dejadme en paz. ¿Acaso lo vuestro es mejor que lo mío? No me despertéis, dejadme descansar, dejadme soñar.

Me zarandean, hasta me han abofeteado, no me quieren entender... será porque todavía soy incapaz de pronunciar palabra. En mi cabeza aparece un perro negro, es un odio irracional a todo lo que me rodea, son celos, envidia, rabia pura. Rabia... me hierve la sangre de todo lo que siento. Necesito relajarme, dejad de moverme. ¿Qué es eso que me estáis metiendo? Me quema.

Tengo el corazón dando porrazos dentro de mi pecho, late como un caballo desbocado, como uno de esos grandes campeones anabolizados que mueren al terminar el derby. Malditas palabras, malditos hechos, maldita cabeza. Cállate, por favor, no me hables más. Olvídate del tema y cuéntame algo que me pueda interesar. Mi boca sabe a Led Zeppelin, es un sabor extraño, pero es lo único que me viene a la cabeza cuando intento describirlo: es ácido, duro, con rabia y jodidamente genial; completamente psicodélico. Psicodélico... espero que ninguno de los papanatas que me rodea sea un loquero. Me están destrozando el solo de batería de Moby Dick, si pudiera moverme me los cargaría con gusto.

¿Qué habéis hecho, desgraciados? Empiezo a despejarme, cada vez escucho Kashmir más lejana y os escucho más a vosotros, y vuelvo a escucharme a mí, vuelvo a entender mis recuerdos. Y vuelve a doler. Ahora recuerdo por qué me embarqué en este viaje, tampoco me parecía tan mala idea intentar alejarme de la fuente del dolor.

Dejad de mirarme, me da igual lo que penséis de mí, es mi elección, es puro arte, no hay nada mejor, esto es rock'n roll. ¿Dónde estarás ahora? Tampoco me interesa, el brazo del que cuelgas no es el mío, nada más me importa. Siempre fue lo mismo, siempre gusté de pasar la tarde destruyéndome con las canciones que hicieron épocas mejores y a ti nunca te gustó que lo hiciera. Supongo que por eso le llaman libertad, así como supongo que por eso no me llegué a enterar del momento en el que te soltaste de mi mano. Nada parece tan traumático con la canción del inmigrante de fondo, lástima que llegara el momento en el que saltara la aguja del disco. No hay nada más silencioso que tu ausencia, nada más doloroso que la realidad en la que me dejas.

No me culpes, ya sabías cómo era, sabías lo que haría. Ahora me toca disfrutar de esta oscura soledad. Dejad de intentar salvarme, está escrito, es mi escalera hacia el cielo.
[...]

lunes, 20 de septiembre de 2010

Vueltas



Maldita sea, ojalá usaras un perfume más fuerte o, mejor, ojalá tuviera olfato suficiente como para reconocerte. Doy vueltas entre mis sábanas buscando un último rastro de tu presencia: un poco de rimmel, un olor, un pelo, una lágrima... lo que sea.

En estas sábanas suceden demasiados errores, demasiados sentimientos, demasiada felicidad para lo que nos proponíamos, demasiada intensidad para decirnos adiós.

Viajo por este camino que es el destino intentando entender los cambios que suceden a mi alrededor. Sé que no crees en estas cosas, sé que aún confías en el libre albedrío... pobre, aquí no elige nadie. Cada palabra que digas modificará tu futuro, pero cada palabra que puedas pronunciar ya habrá sido escrita con anterioridad. No lo intentes, todo está firmado, tranquilízate y búscate a ti misma. Descubre tu verdadera felicidad, descubre aquello que te haga especial, aquello que te haga sentir bien y aférrate como nos aferramos siempre al pasado, convirtiendo cada respiración en un terremoto sin epicentro.

Yo vigilo tu sueño, duerme en paz, descansa mientras te acaricio. ¿Me sientes? Ojalá estuviera ahí contigo, ojalá no tuvieras que soñar para sentirnos, al fin y al cabo no hay nada mejor. Bueno, voy a salir a caminar un rato, necesito algo de aire fresco, dejo aquí el paraguas... nunca me ha importado mojarme.

Me dirijo hacia aquella colina. En lo alto creció un olmo que debió ser precioso en su momento, ahora sólo sirve como silueta para el horizonte y refugio para algún que otro búho. Desde aquí veo la ciudad, siempre adoré dibujar este paisaje, a lápiz sobre negro. Mis trazos brillan aunque apenas se distinguen, eso será lo que hace de mi obra algo menos espantoso.

Hermoso mundo ahora que todos duermen, precioso tapiz. Esta es mi imaginación y yo soy el titiritero, no te preocupes si una mano te dirige de madrugada, soy yo el que te arropa. Sigue sonriendo. Me sentaré a esperar el amanecer, sé que mirarás atrás y me verás a lo lejos, empapado, quieto, tranquilo. No te olvides de decir adiós cuando desaparezcas, las maneras es lo último que debemos perder, la compostura desapareció hace ya mucho.

Qué lento pasa el tiempo con nostalgia, qué lento pasa el tiempo con insomnio...

¡Espera! ¡Por fin me ha parecido encontrarte! Algo queda en esta esquinita de tu esencia. Ya podré dormir tranquilo... que se encargue el yo de mañana de dejar de sonreír.

[...]

domingo, 12 de septiembre de 2010

Palabras calladas



Un abrazo y cuídate.
¿Qué es aquello que no pronuncias?
Es un suspiro, son palabras ahogadas.
Palabras que se pierden en mi pecho.

Es echar algo de menos,
la impotencia de lo inevitable.
Es mirarte a los ojos
y apartarte la mirada.

No decir que lo paso mal
y atragantarme con el nudo
que se forma en mi garganta.
Un susurro conlleva miles de palabras,
un susurro te dice dónde deseas estar
y a quién abrazar.
Un susurro trae dos gardenias,
un ramito de violetas y una rosa
siempre roja.

Un susurro te abraza, te besa,
te hace el amor.
En un susurro nadie se entera
pero siempre sonríes
y te das cuenta de que en el fondo
inevitablemente, me quieres.

¿Tú también suspiras?
Exhalas y yo imagino
que todo lo que no me dices
iba dentro de ese suspiro.


Por favor, no empieces
a pensar...¡no pienses!
No es más que un suspiro
que se pierde y... ya se ha ido.
[...]

jueves, 9 de septiembre de 2010

Sindicalistos



A mis queridos sindicalistas y sindicalistos:

Hoy me he dado cuenta de lo poco que falta para la huelga general y la aprobación de la reforma laboral, en el trabajo los compañeros comienzan a preguntar para saber qué hará la mayoría. Todos saben que la situación clamaba a la huelga, pero a nadie le gusta perder un día de sueldo con todos los pluses que ello conlleva para algo que está hecho tarde y mal.
Por supuesto, no puedo desaprovechar la ocasión para utilizar ese derecho fundamental que, como el derecho sindical, todos tenemos gracias a la constitución: el derecho a la libertad de expresión. Pues bien, ahí comienzo:

Altos cargos de UGT, CCOO y demás parafernalia: ME DAIS VERGÜENZA. Siento vergüenza de llegar a pensar que el sindicato vertical hubiera sido más eficiente que vosotros, panda de vendidos sin principios. ¿Cuál es vuestro problema? ¿No queréis enfadar al de la ceja? Al final todo se os fue de las manos, demasiada mierda para taparla con la alfombra sin que nadie lo notara. ¿Cuántas huelgas llevaríais con otro gobierno? Aquí encima os permitís pasar las vacaciones tranquilamente con el 18% de IVA y la reforma laboral con medio cuerpo dentro. ¿Medio cuerpo? ¡HOY se aprueba la reforma laboral!

Aún no habéis llegado y ya lo hacéis tarde y mal. Lo siento pero, ojalá que la huelga sea un fracaso total, ojalá que no salga a la calle ni Cándido Méndez, ojalá que hasta los piquetes se nieguen a manifestarse. Vosotros sois contra los que habría que alzarse, contra Toxo y Méndez, contra los que se llevan en suplidos más que en sueldos. Así no se puede ser el enlace entre los políticos y los trabajadores, no representáis a nadie. ¿Queréis algo eficaz? Proponed soluciones a la crisis, proponed una reforma laboral distinta, manifestad al pueblo contra la anulación del I+D o, al menos, salid a la calle cuando todavía no sea tarde.

Hoy será un día triste para los trabajadores de este país. Hoy, los que todavía estamos por llegar, nos convertiremos en moneda de cambio sin ningún valor. Hoy nos convertiremos en becarios de por vida. Así se arreglan las cosas, sí señor, despreciando aún más lo único que os queda de valor.
Estúpidos conservadores. I+D, patentes, así se gana dinero a largo plazo. Descubrid, inventad algo que el mundo necesite. No le cerréis el grifo al progreso. Legalizad la prostitución. ¿Cuántos pájaros de un tiro? Adiós a las mafias, adiós mano de obra que no paga seguridad social, adiós gente que no paga IVA por el uso de servicios. ¿Queréis más soluciones? Acercaos a cualquier círculo, todo el mundo habla de política, todo el mundo habla de la crisis, a todo el mundo se le ocurre una solución distinta. Tabuladlas, tenéis la oportunidad de hacer un brainstorm con cuarenta millones de personas distintas.

Me da vergüenza que no quede ningún político con dignidad suficiente como para dimitir. Perdón, se me olvidaba, sois funcionarios, ya os ganasteis el sueldo vitalicio. Pues nada, manos a los sobacos y a "trabajar" como Dios manda. Qué mejor manera para solucionar una crisis que hacer como si no existiera. Estúpidas ovejas. Odio pensar que me quedaré aquí, odio pensar que si algún día se soluciona todo esto sea, en parte, gracias a mi esfuerzo. No sé cómo votar para que no quede ningún político de los que vemos todos los días por televisión. No sé qué hacer con mi deber constitucional. Tengo en mi mano un futuro voto y a nadie que se lo merezca.

Siento vergüenza ajena, política y social. Siento vergüenza, otra vez más, de ser español... eso sí, gracias equipo, no podemos olvidar que somos campeones del mundo.

Por cierto, a los sindicalistos, sindicalistas y seguidores de CUALQUIER grupo político: ¿De verdad os seguís tragando las patrañas que os sueltan? ¿Seguís con fe a aquellos a los que confiáis vuestro futuro? Ojalá tuviera vuestro estómago, vuestros ideales, vuestra creencia en la humanidad. Por ahora siento una mezcla de pena y envidia por vosotros, supongo que en un futuro no muy lejano sentiré lo mismo por mí también...

[...]

viernes, 3 de septiembre de 2010

Visitante


Cerré los ojos, conté hasta diez y los volví a abrir; no sirvió de nada. Maldito monstruo, al menos podría ser simpático, hablarme o hacer algún gesto pero no, él estaba ahí, a mi lado, callado e inmutable. Ni siquiera podía sentirme acompañado, daba igual cuánto le dijera o le preguntara, el silencio era siempre su respuesta, su función.

Lo extraño es que no me sorprendió que apareciera, desde el primer momento sabía que yo era la única persona que lo podía ver, así que tampoco supuso un cambio demasiado radical en mi rutina, aunque poco más logré adivinar de él. Eso sí, tenía buen gusto musical. El único gesto que atisbé en su rostro me llegó al escuchar "Karma Police" de Radiohead, una suave sonrisa de aceptación me pareció suficiente razón para seguir escuchando la discografía. Siempre pensé que, lo mejor, en caso de tener un monstruo, sería mantenerlo contento.

Estuve un tiempo pensando en ponerle un nombre, pero ya que como mascota era bastante sosa, lo dejé anónimo. Total, siempre que le hablaba estábamos solos, y él siempre estaba conmigo, a mi alrededor. Eso fue otra de las cosas que me sorprendió, su posición. Si veía la tele se quedaba a un lado pero, si me ponía a estudiar, en seguida se colocaba frente a mi mesa, observándome desde el frente. Menos mal que los que estaban a mi alrededor pensaban que mi mirada al infinito la usaba para memorizar, ya que alguna vez que otra intenté mantenerle la mirada fijamente. Estúpidos ojos hipnóticos, profundos y negros como el tizón. Siempre me observaba, incluso mientras dormía. Dormir era lo más complicado. No le bastaba con mirarme, en los momentos de acostarme se quedaba dando vueltas a mi cama, daba igual hacia dónde apartara la mirada, siempre estaba ahí, acosándome, desvelándome, volviéndome loco hasta caer rendido por puro agotamiento.

Pequeño monstruo anónimo, y pensar que en el fondo te he cogido cariño y todo, supongo que es una especie de síndrome de Estocolmo, de masoquismo. Tus ojos me siguen intrigando, así como el halo de oscuridad que te envuelve constantemente. Yo sé que no eres real, sé que no eres más que una representación que ha hecho mi cerebro debido a una enfermedad mental y, sin embargo, no puedo dejar de pensar en ti cuando no estás y de odiarte cuando apareces.

Ser predecible y cabezota, eres constante hasta el final. Eres frío aun causando en mí toda esa mezcla de sensaciones que sólo tú eres capaz de conseguir. Eres una lacra en mi vida, eres ironía, eres, sin duda, sentimiento.
-¡Sentimiento! Ya está. ¡Por fin lo decidí! Por fin lo he conseguido: tu nombre no debe ser otro que Soledad. Tú eres el que viene a mí cuando menos lo necesito, tú eres el que me acompaña en todos esos momentos tan inoportunos. Por fin te he reconocido. Pues espero que te hagas a otros grupos musicales, creo que vamos a pasar una larga temporada el uno junto al otro, otra vez.

[...]

domingo, 29 de agosto de 2010

M-Clan-izándome

Hoy no tengo ganas de hablar, no tengo ganas de explicarme. Hoy le dejaré paso a Santi Campillo y a Carlos Tarque a ver si ellos consiguen haceros entender mis miedos. Éste no es un relato para leer, es para escuchar, para escuchar esta lista de reproducción, sin prisas, intentando comprender, intentando que no todo quede en el olvido.

Comenzaré con algo obvio, es parte del calendario. Es doloroso ver como todo se acaba, como pasan los minutos, los segundos, mi vida, mi ser. ¿Lo sientes? Apenas he estudiado, ni siquiera he visto la luz y aquí estoy, dedicándote el final de mi reloj.

Continuaré intentando hacerte sonreír, es algo más movido pero sé cuánto nos gusta este estribillo, ojalá algunos deseos se hicieran realidad. Tss, calla, Santi Campillo tiene un solo fabuloso, estoy contigo en un momentito...

La siguiente me lleva al insomnio, al futuro, a lo que conocí y a lo que me tocará sentir. Eterno rodeo. Otra vez mirando a través de una ventana abierta. Al menos ya no hay dudas, esta vez es diferente, distinto. El ambiente huele a pérdida y no a desengaño. Nunca llueve a gusto de todos.

Por supuesto, espero que no todo quede en un suspiro, en una pregunta, en un lamento. No podemos predecir el futuro, ni determinar con exactitud el número de dimensiones necesarias para llegar a un porvenir que nos guste. Lo mejor es, como siempre, dejar de fijarse en esa indeterminación y disfrutar del ahora, de las sonrisas, del tacto, de tu calor, de lo que tenemos.

En realidad somos diferentes, muy diferentes. A mí ni siquiera me gusta eso de que haya más de una dimensión mientras que a ti no parece importarte. Lo sé, es culpa mía, fui yo el que batió en duelo su filosofía barata contra una persona que dormía gracias a la cueva de Platón. Siempre fuiste más dura que yo, quizá sea esa una de las principales razones de esa atracción emocional tan fuerte que me lleva hacia ti.

Bueno, todo esto se acaba, lo sé. Se acaban las entradas chorras, las frases sin sentido y el relleno musical. Pronto volverán las paranoias, las noches en vela y el gusto por la oscuridad. Ya te lo dije, una parte de mí estará encantada de que te vayas. Quizá los seguidores de este blog agradezcan leer por fin lo de siempre, lo natural, lo que se esperaban encontrar aquí. Quizá yo mismo lo haga, no lo sé.


Qué gusto da ser infeliz, qué placer el sentir la cabeza estallar en mil pedazos, qué sensación tan especial e irrepetible. Sé que antes de morir recordaré el desamor, la soledad y la melancolía. Jamás conseguiría haceros entender todo eso, pero guardad esos sentimientos bien arraigados, ellos nos hacen ser lo que somos.


Espero que os haya gustado la pequeña selección de M-Clan, no es lo mejor que se me ocurría pero sí ha sido lo más fácil de hacer. Disfrutad la música, ella nos lleva siempre a puntos increíbles y jamás nos abandona.
[...]

jueves, 26 de agosto de 2010

Memorias

Escrito y publicado el 18 de Febrero de 2007, a las 10:13 a.m

Yo lo haré por ti, juro que lo haré.


El mar parecía aún más gigantesco cuando pensaba en ella. Hacía mucho tiempo ya desde que dejó tierra firme, pero aún mantenía su olor en el corazón como una daga firmemente clavada. La noche era tranquila, el agua acariciaba el casco del barco como lo hacía la brisa sobre su rostro. Alzó la mirada hacia el cielo. Las estrellas se veían preciosas, había miles iluminando esa noche sin luna pero, de entre todas ellas, no le fue difícil encontrarla. Era suya, se lo dijo al despedirse de ella. Cogidos de la mano, acostados en aquel acantilado, mirando sin ver, pensando en la distancia que en poco alejaría aquellos corazones, buscando una excusa para poder sonreír en aquellos momentos. La miró fijamente, su rostro se veía triste, apagado el brillo de sus ojos y melancólica su expresión.

–No llores mi vida, no estés triste nunca más. Juro que estaré junto a ti siempre, da igual que no me veas, siempre te protegeré, siénteme cerca.

La besó suavemente en los labios acariciando cada parte de su rostro con sus dedos, secando las lágrimas que resbalaban por su mejilla. Reclinándola hacia él la abrazó, apretándola fuertemente, intentando que su calor permaneciera para siempre pegado a su piel, deseando que nunca amaneciera en aquel acantilado. Allí le prometió ser esa estrella, le prometió ser el sol que le alumbrara la noche, el astro que la acompañaría en sus sueños. Sentados junto al mar vieron llegar el nuevo día, abrazados para siempre en su recuerdo, retratados para siempre en sus corazones.

Un escalofrío le sacó de su nostalgia, el frío de la mañana se acercaba, amanecía y aún no había dormido.

-“No llores mi vida, no estés triste nunca más”- Se repetía a si mismo una y otra vez, arañando el alma en cada sílaba, rompiendo su corazón en cada suspiro. –“Adiós lucero mío”- Repetía también ella desde ese acantilado –“Te veré esta noche, estés donde estés”.
[...]

lunes, 16 de agosto de 2010

In a gadda da vida



Tirado en mi cama escucho a The Band mientras una bocanada primaveral me hace soñar que me enamoro de ti. Creo que no es tan complicado, supongo, ser feliz. Make it easy, baby.

Moriría por tu sonrisa. Desnuda tu alma y déjate llevar conmigo en este psicodélico viaje, no es tan difícil, te lo juro. Hazlo doucement.

Comienza Cream, todo es más sexy ahora. Llega hasta mí en este concierto de luces y emociones, voy a relatarte la historia del valiente Ulises. Recorreré tu cuerpo, yo seré tu Magallanes, yo soy el explorador de tus mares del sur.

No te preocupes, mi vida, no te dolerá nada, ni siquiera eres real, ni siquiera estás aquí aunque yo te haré venir sin dudarlo. Grita, ya te he dicho que no hay problema, siempre serás mía. Perdona que no te conteste, estoy en un torbellino. Charlie don't surf.

All along the watchtower. No mires atrás, ni siquiera pienses mi nombre, yo soy tu sueño húmedo, soy tu íncubo y así me has conocido siempre, yo soy el rubor de tus mejillas, tu sonrisa nerviosa, tu dedo más inquieto. Siénteme cerca, pasarán treinta años y aún me recordarás con añoranza. Not real but deep.

¿Lo escuchas? Tienes Woodstock en tu piel. Intenta no llorar cuando esto acabe, sabes tan bien como yo que ni siquiera ha empezado, aún nos queda lo mejor. Cry Baby. Adoro ahogar tus lágrimas, adoro hacerte llorar de placer.

Rápido, llega alguien. Escapa, huye, salta por la ventana sin demora, intentaré arreglar este desaguisado, que nadie se aproveche de nuestro affair. Dame un último beso antes de irte, deja a mis labios recordarte un poco más. El ocaso nos ha invadido. Espero volver a soñar que me enamoro de ti pronto, es una sensación maravillosa. For what it's worth.
[...]

miércoles, 11 de agosto de 2010

El primer beso

Publicado el 2 de Diciembre de 2006 a las 18:59



Cuando menos te lo esperas, cuando crees que todo está acabado, cuando ya bajabas la cabeza para no volver a levantarla, en el fondo del horizonte aparece una estrella que te devuelve la mirada. Una estrella que te hace volver a desear, a imaginar, a soñar despierto, a escribir, a no darte por vencido. Miras el reloj, te levantas del suelo y te sacudes el polvo: llegas tarde. Sales corriendo del centro de ninguna parte y te diriges hacia esa estrella que te aguarda. Llevas tanto tiempo esperando poder besarla que decides retrasarlo un poco más. Te paras y la observas. La luz de la estrella se refleja brillando en sus ojos con un fuego que, sabes, no eres capaz de resistir.

Sus labios te llaman, una preciosa sonrisa se dibuja sobre ellos como el nacimiento de una rosa. Un escalofrio recorre tu cuerpo y te hace avanzar, te acercas lentamente y rozas sus manos, entrelazas tus dedos con los suyos y, levantándolos, los besas como quien besa a una reina, sin dejar de mirarla a los ojos. Llevas su mano hasta tu pecho y le haces sentir el latir de tu corazón, que sepa que late por ella, por ella y nadie más, y que el día que se vaya tu corazón marchitará. Con la otra mano acaricias su hombro y su cuello, llegando hasta su rostro. Su faz es suave y cálida, la perfilas lentamente, disfrutando cada centímetro de su rostro, cada segundo a su lado. Ella pasa sus manos por tu espalda acercándose a ti, llevando su cabeza hasta dejarlo descansar sobre tu hombro. La abrazas y sientes su cuerpo, es perfecto, cierras los ojos deseando que nunca acabe este momento. Entonces ella te besa la mejilla, despiertas de tu trance y le besas el cuello, sintiendo cómo un calor interno nace dentro de los dos. Llegas hasta su mejilla, ella se gira y te mira a los ojos, un instante, un momento en el que cientos de palabras, de sentimientos, recorren el poco espacio que quedan entre las miradas de dos almas perdidas que se encuentran en medio del camino, persiguiendo cada uno su propia estrella.

Jamás pude describir el momento en el que sus labios se juntaron, pues una luz cegó al mundo, supernova dicen que se llama, pero para mí fue la unión de dos corazones, de dos almas, la unión del amor.

[...]

viernes, 6 de agosto de 2010

No words...?






Sin palabras, sin sonrisas.
Sin dolor no hay libertad.
Sin el olor de las miradas,
sin el calor, sin ti...
lo realmente doloroso:
sin mí
[...]

lunes, 19 de julio de 2010

Para los que no entienden

Publicado el 8 de Noviembre de 2006 a las 23:45

Deseo un capítulo más. Deseo acabar con fervor la obra. Deseo cumplir lo prometido. Deseo sonreírte de verdad por una vez, me lo has pedido demasiadas veces para no hacerlo realidad. Tiempo, un poco más de tiempo, por favor. Deseas que el final esté demasiado lejano cuando es el alma con el que mides las palabras.

Axel se encontraba otra vez sólo, en su habitación, en su rincón. Poseía su propio mundo ajeno al exterior, prohibido a todos los que no fueran recuerdos. Exhalaba una y otra vez su propia alma deseando acabar por fin con todo aquello que lo tumbaba.
En la penumbra de su corazón analizaba una y otra vez la escena, rebobinando hasta rallar su propia mente. Sabía que no encontraría nunca las respuestas a las preguntas que nunca formuló, pero rebuscaba entre los sollozos algo que le hiciera creer que nada existió en realidad. Ya no lloraba. Tenían razón cuando decían que lo peor es cuando no te quedan lágrimas que soltar, ya no podía seguir llorando. No podía desde hacía ya meses.

Se encendió otro cigarrillo, se esfumaba con el viento, se perdía al escaparse por el balcón. Nada sería igual, y él lo sabía. ¿Pero el qué? ¿Realmente creía que encontraría algo después? ¿Creía que podría olvidarlo todo y encontrar de nuevo todo aquello que una vez le hizo feliz? -Egoísta, sucio perro de mierda. ¿Qué te crees? No hay más, no busques porque no encontrarás nada. No hay salida después, no hay más. Lo tuviste y se escapó, los mitos sólo aparecen una vez en la historia, ya has tenido a tu Lilith y se marchó. Llegó con la lluvia, llegó un atardecer. Se fue por esa carretera que pocos conocen aún. Se fue, mas sin embargo nunca se iría. ¿Qué intentas demostrar? Nunca serás más rápido que tus sentimientos, escapar no sirve de nada y ya te has enfrentado demasiadas veces. Piérdete en el próximo tren, escapa a donde nadie pueda encontrarte. Sabes que nunca llegarás a ningún lugar sin ella.- Lo apagó sobre el cenicero y se acostó. No dormiría, no descansaría, y no deseaba soñar. Soñar sólo le servía para sentirse peor, para destapar lo último que conseguía encerrar. El subconsciente juega malas pasadas de vez en cuando.

Malas cartas, malas letras, malas palabras. No juegues con ellas, se volverán contra ti. No te expreses, no digas lo que sientes, se volverá todo contra ti. Al menos siempre te quedará pensar que a base de intentos se consigue. Palurdo. Payaso. Crece de una vez, recuerda que ya te avisaron, recuerda que nada es lo mismo después. No hay más palabras para expresar, no hay más notas que tocar ni más obras que crear. Nada funciona cuando de lo que te intentas librar es de ti mismo. Piérdete. Sal de aquí.

Sobre su cama, la habitación le parecía dar vueltas, ya nada le asombraba. No iba drogado, pero el sabor a metal en su paladar denotaba que no podía estar bien. ¿Qué has hecho? ¿Qué he hecho? No sigas buscando, Axel, no servirá. Una por una pasan las horas. Comienza a amanecer cuando te preguntas el tiempo que puede vivir una persona sin dormir. No es su culpa, son tus recuerdos los que te marcan. Axel salió al amanecer con el rostro tapado, siempre usaba máscara, pero nunca nadie le dijo nada. ¿Qué te crees, que puedes vivir así? ¿Que puedes basar tu vida en mentiras para que nunca nadie te pregunte? Lo intentó, Dios sabe que lo intentó, que intentó narrar su historia, pero nunca nadie le entendió. Nadie le preguntó, todos creyeron en hadas y príncipes, pero nadie en el cuento que este pobre trovador un día les cantó. No sigas andando Axel, ni siquiera sabes por qué vas. Al amanecer todo continuaba dormido, todo cerrado, todo inerte. Sonríe de una vez, ¿no ves lo hermoso que está el cielo? ¿No te has fijado en el color anaranjado que toman las nubes al encontrarse con un nuevo día?

Continúa, eso, sigue, creo que hay un final para una historia como esta, creo que existe la frase perfecta para que te sientas mejor, para que te expreses, para que nadie te tome en serio, para que todos te escuchen y nadie te entienda, para los que no saben leer entre líneas, para los que ya te creen muerto. Sobretodo para aquellos que saben interpretar el valor de dos palabras nacidas desde lo más sagrado del corazón. Dilo.

Axel se paró, confundido como siempre anhelaba el sabor de sus besos como nunca. Sacó las manos de sus bolsillos y cerró los puños, tomo aire desde lo más profundo de su ser y levantando la cabeza gritó:






¡Vaya mierda!

[...]

sábado, 10 de julio de 2010

Diario de acampada



Llegué al bosque buscando mis raíces, intentando conseguir la paz interior que recordaba escapando del agobiante y pútrido aire de la ciudad que todo consumía.
El árbol lo veía mucho más grande y tranquilo en el pasado. Hoy día todo parecía mucho más ruidoso, incluso se habían instalado en él un par de ardillas increíblemente traviesas: gritaban, saltaban y jugaban sin parar lanzándose los distintos frutos que encontraban por el bosque. Paz buscada... ¡imposible en esta salvaje naturaleza! Intenté dormir en mi pequeña tienda de campaña y desperté con las primeras luces del alba ilusionado por encontrar el primer desayuno. Nada más abrir los ojos me percaté de que el diligente gallo me adelantó saludando a Lorenzo, ni siquiera lo escuché cantarle a la mañana. Entre bostezos me dirigí al riachuelo más cercano en busca del desayuno y me encontré una imagen que acabó de separar mis párpados: un lindo y hermoso cervatillo jugueteando en el agua. Estuve mirándolo buena parte de la mañana ¡Incluso se me olvidó tomar bocado hasta bien pasadas unas horas! Pero mereció la pena, el hambre y el madrugón. Fue difícil bajar esa sonrisa que se me formó; no esperaba encontrar un animal tan bello este fin de semana. Apenas llegué del río volví a descansar, sin duda me había pasado madrugando: el árbol seguía tranquilo, las ardillas dormían en una rama y no había signos de vida alrededor.

El tiempo de pestañear un par de veces fue suficiente para darle la vuelta a la tortilla. Todo había cambiado, todo estaba en continuo e irracional movimiento, todo era ruidoso y desquiciante. No podía creérmelo, en total conseguía más barullo que en la ciudad y, encima, me sentía observado en campo abierto. El día fue agotador, las ardillas entraron en mi tienda y robaron los pocos víveres que había podido traer. El búho me estuvo observando, intranquilo por invadir su territorio sin permiso, expectante, atacando sin piedad en cuanto me despistaba. Incluso tuve la visita de un extraño ave que me acompañó durante toda la cena, e igual que vino se marchó, sin pena ni gloria.
Qué extraño se hace todo, qué mal recordaba el árbol, qué poca tranquilidad he encontrado... por ahí siguen las ardillas, lanzando piñas a escondidas del hambriento búho, que también vigila la ida del extraño ave. El gallo, acostumbrado al cacarear de las gallinas duerme sin problemas traduciendo la interminable barahúnda de la naturaleza en una nana hipnótica, algún día le preguntaré su secreto.
Fin de la primera entrada del primer día de la primera excursión de regreso a mi primera vida. Con suerte conseguiré dormir algo antes de que terminen de luchar las bestias que me rodean... vaya jungla.
[...]

domingo, 27 de junio de 2010

Evadido

Vendido al mejor postor de la lógica más ilógica veo cómo mi extravagante y buscada amante felicidad se aleja llevada por la resaca del mar de mi conciencia. Pasivamente observo cómo se distancia, sin despedirse, con una leve sonrisa de complicidad compadeciéndose de ella misma, simétrica a mi situación. En realidad nadie se mueve, nadie se levanta, pero ya no llego a agarrarte de la mano. El apocalipsis ha llegado, la tierra se ha partido en dos justo entre nosotros y ni siquiera nos hemos dado cuenta hasta que mis palabras ya no llegaron a tus oídos, perdiéndose en un abismo de lava, lágrimas y dolor.

Da igual hacia dónde mire, estoy solo. Te busco en la fragancia que dejaste entre mis dedos, intento guardar tu presencia para el resto de la eternidad y siento pena al darme cuenta de que perdí el olfato hace ya mucho. Mierda de sentidos aletargados, mierda de reproches que se multiplican en mi cabeza. Demasiado tarde me llegan las respuestas perfectas, los actos irreflexivos que me hubieran dado alguna oportunidad de volver a sonreír. Soy, emocionalmente, una veleta mal ajustada. Soy un ser mediocre al que ni los aires altivos pudieron alzar sobre su propia sombra.

Vuelvo a estar agazapado, con la cabeza entre las piernas, observando la oscuridad que mi propio cuerpo crea. Intento encontrarme a mí mismo, intento saber quién soy en realidad antes de perder la poca cordura que me queda. Desconozco si a mi alrededor llueve, arde o truena. No hay nada más, no hay nadie más. Oscuridad, perpetua oscuridad que me proteges, lugar seguro que jamás deseé mas sin embargo llegué a añorar. Fiel amiga, ¿por qué sigues junto a mí? Intento evitarte y me consigues, una y otra vez, siempre en el mismo círculo vicioso. Ya no sé qué hacer, no sé si ser feliz es realmente mi meta o lo es este eterno purgatorio. No sé si gritarte funcionaría, no sé si obligarte es la solución. Indecisión, espera... flor que se marchita. Apenas quedan un par de pétalos de esa rosa que me ampara.

Yo soy la bestia, el licántropo atrapado, el final alternativo. El final lógico.
[...]

lunes, 21 de junio de 2010

Lo siento

Publicado el 7 de Noviembre de 2006 a la 1:26

La niebla lo llamaba desde el horizonte. Perdido continuaba caminando buscando ese atardecer soñado, continuaba llorando por la vez que renunció. Caminaba con los ojos cerrados, caminaba con el corazón agazapado.

Recordaba. Soñaba. Demasiadas lágrimas para algo tan efímero.

Recordaba. Soñaba. Escuchaba a la tierra gemir, la escuchaba llorar.

Deja de seguirme, deja de buscarme. Déjame.

Olvidó esas palabras tan pronto como las imaginó. Un escalofrío le atravesó la columna vertebral mas no tembló. La lluvia pronto lo abrazó. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo continuar? Gritaba desde el fondo de su alma, pero jamás emitió sonido alguno, jamás llego a lastimarse de si mismo.

Ámame, déjame, perdóname.

Entre sollozos calló al suelo, el barro lo cubrió de tierra, de la tierra de donde salió una vez. Cual Edgar Alan Poe gritó por su bella amada que fue enterrada viva. Miró al cielo y vio caer gota a gota. El tiempo se ralentizaba bajo su sombra. No hay más camino, no hay más salidas, no hay más. Perdóname. En medio de ninguna parte, calado y tiritando, la lluvia se deslizaba sobre su pelo llegando hasta su barbilla, perdiéndose en la tierra de donde nació.

-Ando en círculos, recorro una vida que ya caminé, siento un dolor demasiado conocido. Los recuerdos son capaces de volver loco al más cuerdo, de dar sentido a una vida demasiado vacía-. Eres un bohemio, reconócelo antes de desfallecer, has dado tu vida a un rayo de Luna, has dado una vida entera a algo tan breve… Sonríe, dejará de llover, la luz aparece de nuevo. No te escondas, sé que lo haces sin querer, abre los ojos, deja de huir. ¿Por qué? ¿Por qué no puedes continuar? Sé valiente, demuestra que una vida sin Lilith también es una vida. Deja de huir, escúchame, no te cierres, deja de taponarte los oídos con recuerdos inconclusos. ¿Por qué me echas? ¡Tan sólo soy un perro viejo que se cansó de buscar, escúchame! Eres demasiado cabezón. Regalas tu existencia por un respiro, la cambias por una sonrisa, por una caricia.

Su boca comenzó a pronunciar sonidos inaudibles, parecían lamentos, martirios, sufrimientos demasiado arraigados como para que cesaran. Oraciones aprendidas a fuego. Allí, mientras que la lluvia luchaba contra la niebla, un cuerpo reposaba sobre la tierra mojada. Solo, cansado y triste. Recordando el río que nunca llegó al mar, recordando la noche en que Lilith cayó, recordando el tacto de su piel sobre su cuerpo. Soñando, soñando no estar solo, soñando no estar triste, soñando no estar.

Recordando, soñando…

[...]

martes, 15 de junio de 2010

Éxtasis

Cerró los ojos y arqueó la espalda. Sentí en mis hombros el dolor de sus uñas al clavarse, al rasgar piel. El dolor nunca fue tan placentero. Sus labios se entreabrieron dando paso a un gemido de satisfacción, a un grito de locura. Sentada sobre mí no podía hacer otra cosa que sentir la fragancia de su cuello, que besar tan delicada zona y dejarle notar mis dientes y mi aliento sobre sus trapecios. Sus piernas enroscadas alrededor de mi cintura anulaban cualquier posibilidad de huída de ese paraíso del que jamás querría escapar.
Sentada sobre mí y ciega de lujuria sólo deseaba más, deseaba abrazarse, deseaba fusionarse conmigo, lo deseaba más profundo.
Perdidos en la madrugada de una noche sin nombre, disfrutando al fin de ese cariño que tanto ansiábamos, amándonos sin palabras como sólo nosotros podríamos hacerlo.
Todo fue intenso, todo fue cálido. La sonrisa que aparece de sus aún temblorosos labios precede a uno de esos besos que jamás olvidas. Esa sonrisa es la que guardas para siempre, esa humedad la que recordarás toda la vida y esa mujer, la que jamás volverás a poseer. Ella es mi éxtasis, ella es mi vicio, mi obsesión, mi subidón de adrenalina, mi perdición.

[...]

domingo, 13 de junio de 2010

Fin de la primavera

-¿Has decidido ya, cariño?
- Sí, sí. No te preocupes, vuelve al coche, me lo están preparando ya.
-Son unas flores preciosas-dijo mientras les arreglaba las hojas- ¿desea algo más?
-Una rosa roja, por favor, pero déjele alguna espina.
-¿Algúna etiqueta?¿Un felicidades?
-No, gracias, no es necesario.
Salió de la floristería y se dirigió al coche. Una rosa y un par de gardenias. La fragancia de la mezcla envolvía el automóvil dejando una estela en su camino a través de los cipreses. Hacía ya mucho tiempo que no pasaba por allí, aunque se había prometido más de una vez visitarle con más frecuencia.
Era el quinto aniversario, junto a la familia había un grupo de viejos amigos a los que saludó solemnemente. Estos, tras devolverle el saludo, le dieron la enhorabuena. Esperó el final del oratorio y se acercó donde los familiares.
-Hola preciosa, muchas gracias por venir. ¿Qué tal estás en el nuevo trabajo? Ya he escuchado noticias de que es un lugar genial.
-Muy ilusionada, por fin me dedico a lo que me gusta. Pero vamos, supongo que es normal no encontrar lo mejor a la primera, aunque me haya llevado seis años llegar a él. Siempre mejor tarde que nunca.
- ¿Y de cuánto tiempo estás ya? Vaya barrigota que se te ha formado - le acarició la tripa intentando sentir algún movimiento del pequeño - ¿Habéis decidido nombre ya?
- Él sí lo tiene medio decidido, pero a mí no me entusiasma demasiado... Ah! Estoy de siete meses ya, es muy inquieto, no sé cuánto tiempo querrá estar ahí dentro. El trayecto se lo ha pasado dándome patadas.
Fueron hablando todo el camino hasta la puerta, de todo un poco, poniéndose al día. Tanto se despistó que olvidó colocar las flores en su sitio. Se despidió de todos y volvió sobre sus pasos hasta llegar frente a la lápida. Negro brillante, con pequeñas virutas de mármol blanco y las letras esculpidas sobre la piedra. No pudo evitar un escalofrío al leer su nombre. Los recuerdos volvían como una galería de imágenes, situando cada escena en un tiempo y en un lugar. Recordó las caricias, los besos, los abrazos. Recordó los errores, recordó las decisiones. Promesas livianas que nunca tomaron la importancia que debieron, palabras ahogadas, remordimientos. Rabia observando la fecha marcada.
-Al final tenías que tener razón. Siempre fuiste un cabezota, hasta el final quisiste dominar. Veintiuno de Junio de dos mil trece. ¿Nunca se te ocurrió pedir opinión, volver al tratamiento, intentar escapar? Dios, toda tu vida igual. No te imaginas cuánto te he extrañado.
Dispuso la rosa a un lado, arañándose sin querer con la única espina que le quedaba. Al mirar si se había hecho sangre vió su nueva alianza y sintió un nudo en el estómago.
-Da igual lo que suceda, esas gardenias las conseguiste.
Recogió una lágrima con su dedo índice y colocó la palma de la mano sobre el nombre, sintiendo los rebordes de las letras, abrazando su alma en un gesto simbólico.
-Sigue descansando, no te preocupes más.
Giró su cuerpo y marchó de vuelta al aparcamiento. El calor era ya notable, el verano apenas había comenzado y ya llevaba dos meses dando guerra. Menos mal que por aquí siempre corre la brisa.

[...]

sábado, 5 de junio de 2010

Percepción

Después de mucho tiempo he levantado la cabeza y he visto a un hombre intentando derretir un cubito de hielo a base de vaho sin ni siquiera darse cuenta de que estaba en una cámara frigorífica... "ya llegará la primavera" decía riéndose con un estúpido brillo en la mirada cuando le pregunté por su trabajo. Pobre imbécil, capaz de morir hipotérmico antes de darse cuenta de lo inutil de su empeño.

Cansancio acumulado caído a plomo con la masa de un yunque. Visión en tercera persona de una escena patética en todo su esplendor. Lo que para uno es perseverancia para otro es pesadez; lo que para uno es un avance, para el otro, ego. No sé dónde encontré las orejeras, no sé adónde preferí mirar ni en qué momento aparté la mirada. Me pareció algo tan triste que no lo aguanté y tuve que continuar mi eterno camino.

Hay días que te levantas con mal pie y otros que hubieras preferido cortártelo. Qué felicidad se tiene cuando se desea ser feliz y qué fácil es engañar a uno mismo durante toda la vida si se desea vivir engañado. Ese pobre hombre se siente satisfecho viendo una gota brotar sin darse cuenta de que se congela por la espalda. No se dará cuenta jamás, probablemente. Él es feliz así, no desea conocer nada más, es su meta.

Por el camino me encuentro decenas de imágenes parecidas, personas que entregan su vida a algún tipo de tarea estúpida, personas igual de ciegas que me sorprenden cada vez más. Uno de ellos secaba un charco con una toalla una y otra vez, sin percatarse de que el cubo donde escurría el trapo estaba agujereado. Vi otro bastante curioso, intentaba ajustar en una cama una sábana demasiado pequeña, pasando todo el tiempo de un lado para otro metiendo las esquinas.

En mi camino yo seguía buscando esa persona. Continuaba noche tras noche siguiendo esa estela, ese brillo de ilusión por el que me esforzaba cada día. Todo iba bien, todo parecía llegar a su fin hasta que me encontré a ese hombre del cubito por segunda vez. Y después vi al secacharcos, ¡y a todos los demás!... ¡Infeliz! ¡Subnormal! Yo que lo tuve más fácil no me di cuenta, ¡soy uno de ellos! Camino en círculos, llevo así toda la vida, esa es mi estupidez personal, esa es mi tarea imposible. Yo que pude verlo todo desde fuera y no me he dado cuenta hasta que se me ocurrió fijarme en las personas de mi alrededor. Yo que pude escapar a este destino hamsteriano y ni siquiera se me ocurrió esa posibilidad.

Ahora es tarde, miro atrás y no tengo nada, miro adelante y sé lo que me encontraré, pararse es la mejor opción... espera, ¡creo que he vuelto a ver ese brillo, y creo que esta vez estaba más cerca que nunca! Esta vez lo conseguiré, esta clarísimo. Ahora soy más listo, ahora tengo más experiencia y me moveré con soltura, total, este camino ya me lo conozco.
¡Escucha, creo que va por allí!
[...]

miércoles, 26 de mayo de 2010

Invocación

No sé cómo lo haré, pero por Dios que lo intentaré hasta que mi alma no aguante más.

Busco ese lugar seguro, esa tranquilidad obtenida en el calor de un abrazo. Pienso en las idas y en las venidas, en lo posible y en lo imposible, en lo positivo y en lo negativo; en las vueltas que da la vida.

Algo que parecía imposible llegó como una lágrima en una taza de café, inundando algo negro y amargo con la tristeza del arrepentimiento, con el capricho del destino. No todo lo que es oro reluce, ni todos los venenos son mortales de necesidad. Los acordes del adiós se quedaron colgando en una triste subdominante que dio paso a un rock'n roll de rabia y esperanza. La moneda gira, la cara se queda abajo, ahora toca la cruz.

Axel volvió a romper el silencio con un distorsionado acorde acallando así el dolor de cabeza que desde hacía días le presionaba hasta el pecho. La púa rasgaba una y otra vez las distintas cuerdas de un arpegio improvisado. Recordaba en la oscuridad de su cuarto el pecado de la carne. Maltrataba sin dudarlo su cuerpo marcado cual Caín, concienciándose de la inocencia de su acto y de la justicia que creyó impartir. Tiró la guitarra sobre la cama, apagó el amplificador y salió corriendo de aquella soledad. Nada le ayudaba ahora.

Subió hasta la azotea para sentir la vida de aquél viento que golpeaba con fuerza su silueta. En el horizonte cientos de edificios se levantaban ante él, observándolos como un todopoderoso que siente misericordia y repugnancia de su propia obra. Se alzó sobre todos ellos subiéndose a aquel quitamiedos de ladrillo, levantó la cara hacia el cielo y colocó sus brazos en cruz. El viento lo empujaba hacia el vacío, tomó aire y gritó una imprecación con la que retaba al cielo. Pidió ser empujado si acaso falló, pidió ser estampado contra el asfalto si en algún momento erró. El aire paró súbitamente, nubarrones oscuros se concentraron y comenzó una tormenta que en pocos segundos empapó la ciudad. Axel, aún sobre el bordillo, con los sentidos exaltados y el corazón cabalgando rompió a reir, carcajadas ruidosas, carcajadas nerviosas. Se dejó caer hacia atrás, en cruz, golpeando su espalda contra el terrazo mojado, aún riendo, aún nervioso, aún feliz.

Ahora estaba seguro, ahora podía descansar. Siempre lo supo aunque lo dudara, siempre lo defendió aunque flaqueara. Iluminado, mojado, sardónico, completamente loco y, aun así, con los pensamientos suficientemente serenos como para pedirse ese descanso que tanto necesitaba.

Descansaba Axel por fin, descansaba seguro de sí mismo, descansaba en la azotea que lo vio nacer, descansaba con la lluvia que le dio la vida. Descansó en la oscuridad que lo crió.
[...]

miércoles, 12 de mayo de 2010

Si amaneciera

Golpes profundos en el pecho acompasados con la presión intracraneal que aplasta mi escuálido y destrozado cerebro. Por mucho que busque no encuentro la enfermedad que se ajuste a estos síntomas intermitentes de malestar general, nada que me explique esos nudos en la garganta que se agudizan al caer la noche, nada que me haga entrar en calor cuando tirito agazapado sobre mi cama.

Si amaneciera... ¿si espero a ver las luces del alba acaso me encontraré mejor? Escucho un triste punteo reposando en La menor que no me deja respirar, escucho el cantar de los gorriones dando el saludo a la mañana, escucho mi propia sangre llegar una y otra vez hasta mis ojos agotados.

Vuelvo a escribir sin sentido, vuelvo a escribir por plasmar mis pensamientos, vuelvo a escribir para intentar desahogarme de esta enfermedad. Golpe, caja, golpe, caja. Maldito ritmo latente, maldito corazón que no te paras, maldita noche que no acaba. Allá donde no llega el ocaso, tierra sagrada de luz perpetua, país llamado felicidad... ¿dónde te encuentras? ¿Dónde residen aquellos que te alcanzan? Disociación... así le llamaron... Axel... ¿así vivirás siempre? Al menos no estoy solo, y parece improbable que lo vaya a estar en algún momento. Alter ego, escúchame bien cuando te pida silencio, vete cuando te lo exija, aléjate de mí cuando sepas que lo necesito, por favor, aléjate. No hay manera saludable de escapar, lo sé, pero todo se compensará algún día.

Todo se compensará algún día, ese es mi sueño, esa es mi consigna, por mi emblema no decaigo.

Las primeras luces se acercan, la claridad me atrapa y... todo sigue igual.
[...]

jueves, 6 de mayo de 2010

Paranoia prima

Cansancio acompañado de desidia. Divagaciones sin iluminación, focos perdidos en la soledad del tormento. Disonancias retumban en mi cerebelo sin llegar a un final digno. Fui buscando mi destino, agarré la mochila y anduve escondido en la oscuridad esperando encontrar la luz. En el camino todo parecía del revés, las sonatas acababan en la introducción, los libros empezaban en punto y final, y me guiaba siguiendo mis propios pasos.
Mi brujula apuntaba siempre hacia mí, hecho que desgarró mi sentido más común y que explica parte de mi demencia. Llegué a desnudarme por si acaso era alguna pieza metálica de mis vestiduras el culpable de tan extraño suceso y lo único que conseguí fue sentirme ridículo ante los habitantes de ese oscuro bosque en el que me encontraba. Aquella flecha maldita, aquella rosa de los vientos que no llegó a orientarse... Así pues, transité relativamente perdido siguiendo mi, se ve que algún día, ya seguido camino, con mi increíble pero estúpida brújula en el bolsillo y nada de paz a mi alrededor. ¿Desde cuándo los árboles hacían tanto ruído? Me estuve volviendo loco durante días hasta que me di cuenta de la procedencia de aquél constante barullo. A poco estuve de perforarme los tímpanos buscando ese silencio ansiado... jodidos pensamientos incesantes, esos no hay manera de hacerlos callar.
Acostumbrar no me he llegado a acostumbrar a ese follón, pero al menos sé su procedencia, incluso a veces he llegado a entablar alguna que otra conversación bastante interesante. Así que así sigo, con la mochila a la espalda, internamente acompañado y buscando al mejor postor de esta brújula. Siempre se puede uno cruzar con alguien a quien le interese no saber dónde está el norte a cambio de encontrarme siempre que desee...
[...]

sábado, 24 de abril de 2010

Delayed

Abrió los ojos demasiado tarde, ninguna alarma lo despertó, ningún timbre sonó esa mañana avisándole de que perdería el vuelo. Miró el reloj para asegurar su fracaso. Triste y legañoso arrastró los pies por el suelo hasta la ventana en un vago intento de, oteando el cielo, encontrar el rastro de humo dejado por los reactores del avión.
Buscó esa estela como Hansel y Gretel sus migas de pan y encontró, como suponía, no más que unas cuantas nubes que se jactaban, amorfas y divertidas, de la estupidez suprema de su voyeur particular... Al menos eso fue lo que pensó que debían estar hablando entre ellas - ¡Criticad a vuestra puta madre! - Cerró las cortinas con rabia y maldijo su suerte un par de veces más antes de llegar hasta el sofá. Impotente y frustrado se encendió un cigarrillo con el que tranquilizarse. Con la cabeza entre las manos, la mirada baja, una lágrima rozando su nariz y sin saber qué hacer tomó aire profundamente, suspiró como un caballo y masculló penosamente: "Adiós y hasta siempre sueño mío, en alguna dimensión debió ser maravilloso"
[...]