jueves, 31 de diciembre de 2009

Onírico destino

Pasan las horas sin noticias desde el paraíso. La manzana estuvo deliciosa, un bocado maravilloso digno del Edén. ¿Acaso he sido ya expulsado? Mereció la pena en todo caso, de eso estoy seguro. Mis labios no pueden dejar de sonreir al recordar, así como mi corazón no puede dejar de encoger, ni mi respiración de entrecortarse. Un moratón y un par de orbes color marfil son las únicas pruebas físicas que me quedan para comprobar aquello que pudo ser un glorioso sueño. Un sueño de cariño, un sueño de amor, de abrazos, un sueño cálido como ningún otro. Un sueño del que uno puede acostumbrarse sin demasiados problemas. Un sueño en el que mentirse es la única solución para no acabar completamente loco.
Confía en los hechos, no en las palabras. Cree en las miradas, no en frases afiladas. ¿Cómo se pueden tener sentimientos tan contradictorios? Un remolino de sensaciones con epicentro en el ombligo. Todo se mezcla y se revuelve, todo se expande para después contraerse en una pelota ardiente en el centro de mi pecho. Ya no soy capaz de reconocer ni la verdad más absoluta. Eres tú mi número favorito, eso es una obviedad sin lugar a dudas; pero también eres mi plan más ambicioso, mi historia interminable, mi rompecabezas irresoluble, mi duda implacable. Tengo el alma dividida: soy creyente, ateo, agnóstico, escéptico... incluso un tanto estoico. Doy gracias a mi parte estoica, gracias a ella sobrevivo como un solo ser, gracias a ella sobrevivo. Desconozco mi destino, ignoro el camino adecuado; rezaré por que al menos tenga, ya que jamás podrá ser sencillo, un final feliz.
Soñaré con mi parte más optimista, soñaré que para ti tampoco es fácil, soñaré con tus mentiras, soñaré que esta noche me echaste de menos frente a tu almohada... soñaré que tú también deseas soñar, que no sea solo porque no lo puedes evitar. Soñaré con añoranza con el calor de nuestra noche, única en su especie, especial como ninguna, ninguna como tú.
[...]

domingo, 20 de diciembre de 2009

Babel

Axel vió cómo todo lo que soñó se destruía. Ante él cayó la torre de Babel que tan cuidadosamente había preparado para ella.
Demasiado alta- dijo despreciando la obra mientras volteaba esperando algún presente que le satisficiera.
Bueno, no fue tan doloroso como otras veces, ya había dejado el pilar principal a la vista, preparado para destruirse sin apenas montar escándalo; al menos fue previsor.
El polvo húmedo de las ruinas embadurnó la pernera de su pantalón hasta las rodillas mas, sin embargo, ni siquiera lo miró. Mejor hacer como que nada existió. ¿Dónde dejé las herramientas?- preguntó tan solo para escuchar su propia voz y recordar que él no se derrumbó con la torre. En esta vida, la muerte es el único problema sin solución- se repitió a si mismo una y otra vez mientras agarraba el cincel con el que tantas piedras había tallado. Recogió los planos y los guardó junto a todos los anteriores, en realidad los miraba con optimismo, guardaba la esperanza de conseguirlo. Dejó el casco en el perchero, se puso el abrigo y salió. En la calle todo seguía siendo igual de oscuro, igual de frio. Las luces de navidad solo lograban molestarle por la energía perdida. El vaho que emanaba de su respiración encima le recordaba el síndrome de abstinencia que él mismo se había provocado. Cristales empañados con manos dibujadas, lágrimas congeladas como minúsculas estalacticas. Es imposible llorar con este frio, por lo menos podremos brindar por un nuevo final.

Un poco más caliente por el brandy recién ingerido consiguió llegar a su portón. En el buzón, publicidad con grandes actores vestidos de Santa Claus regalando bajos precios y promoviendo compras compulsivas además de un par de facturas domiciliadas. Ni siquiera tuvo que encender la luz para llegar hasta su estudio donde se dejó reposar en el sillón modelo ejecutivo mientras tiraba sin ganas la bufanda hacia ninguna parte. Así, entre penumbras, pasó Axel el resto de la noche, rememorando la caída de su obra más grandiosa, intentando aprender y mejorarla, cansado de fallar una y otra vez, cansado de volver siempre al mismo problema.Ya a punto de rendirse se durmió sin descansar, obligado por la fuerza de la rutina que lo mantenía día tras día ocupado físicamente, soñando con poder escapar del gris plomo de su vida que consumía su ánimo dejandole en cenizas y brasas mal apagadas. Mañana será otro día, mañana será otra oportunidad para fallar. [...]

viernes, 11 de diciembre de 2009

Km. 65

Esquinas, cuadrados inconclusos. Después de tanto tiempo, después de tantos años y seguía suspirando por la misma razón. La vida es un círculo en el que todo se repite... y eso es lo que más miedo da, que todo se repita.

La noche se volvía clara a su paso. Sus últimos besos aún los podía saborear en sus labios. Sonreía, en aquellos momentos no tenía cabida el miedo, eso llegaría después. Daba igual el tiempo que pasaran juntos, las despedidas seguían siendo precoces y las citas, casi efímeras. Pero aún no era el momento para pensar eso, el calor de sus abrazos aún le mantenía caliente el corazón, y su despeinado cabello aún recordaba sus caricias, siempre acompañadas de su inconfundible sonrisa. ¿Acaso no recuerdas las lágrimas? ¿Tus brazos olvidaron ya el dolor del amor que una vez tuviste que acallar? Nada de eso importa ahora, ahora lo único que deseaba era ir despacio, sin pasos en falso, sin resbalones ni caídas, sin palabras que estropéen lo que tanto te ha costado conseguir. Ten cuidado, no sueltes el volante. Menos mal que siempre resuena antes de golpear contra el quitamiedos y puedes rectificar.

Apenas llegaba a tiempo de bajar la persiana antes de que los rayos del sol entraran por su ventana. La gente comenzaba su día a día mientras Axel cerraba los ojos para soñar con otro final. La sábana bien apretada contra él le hacía sonreir imaginando que seguían siendo sus brazos los que le rodeaban y le acompañaban en ese onírico paraíso de cariño acumulado. Con los ojos ya cerrados huele una última vez su alrededor, pasará mucho tiempo antes de que pueda volver a impregnarse de tan maravillosa fragancia. Estúpido, deja de sonreir, sabes que todo esto no es real. Despierta! El frio de la madrugada le permitió despejarse lo suficiente para darse cuenta de que seguía ahí, al final no pudo rectificar. Donde antes estaban sus dedos no había más que cristales mezclados con su propia sangre. Cuánto tiempo llevaba soñando? Ni siquiera era capaz de determinar hasta dónde fue soñado. Ésta era la ida, o la vuelta? Éste sí que era un buen momento para sentir miedo, para pensar en lo poco que disfrutó, y cuánto lo valoró. Los párpados le pesaban demasiado, luchaba por mirar el espejo pero todo se volvía cada vez más borroso mientras lentamente volvían a cerrarse sin encontrar fuerzas para volver a abrirlos. Sin embargo, antes de volver a soñar sonrió, al fondo sonaba una sirena. Esto sí que será una segunda oportunidad, pensó al tiempo de desmayarse sin borrar esa sonrisa que se le formó al ver que la dirección era la de vuelta.
[...]

sábado, 28 de noviembre de 2009

22 trastes

Escondido, buscando huecos donde perder el sentido. Mis dedos están en carne viva, mis tendones inflamados, la púa ha sido destruida ante el rasgar de mis acordes y sin embargo, por mucho ruido que pueda llegar a hacer, mi corazón sigue gimiendo más fuerte que todo eso. Implacable latido que en mi pecho lloras: descansa un rato por favor, duérmete y déjame descansar, déjame no sentirlo más. Sé que añoras, es normal, todos lo hacemos. Sé que todo te recuerda, sé que nada más vale para ti, sé que te cansas de ir de caja en caja; no puedo ayudarte, no puedo hacer nada, estoy completamente bloqueado.

Qué es ese nudo que se forma en mí? Hacía ya tanto tiempo que aún me cuesta reconocerlo con exactitud. Respira hondo, respira profundo, tranquiliza los fantasmas del pasado, no sueñes con el futuro e intenta no pensar en el presente. Duérmete, descansa, no dejes que se te nuble la vista, respira hondo... respira.

El tiempo dispondrá de cada uno, confía en él, confía en que tu vida tomará el rumbo adecuado sin tener que mover pieza, confía en tu estúpida soledad que toda planta mata y toda luz evita. ¿Acaso empiezas a dudar? Demasiado tarde para hacerlo, demasiado sobrio para planteártelo. Tápate bien, es el único calor que tendrás por ahora, es lo más parecido a un abrazo que obtendrás. ¿Ahora envidias tu pasado? ¿Envidias esa seguridad, ese cariño? Muérete, encima de tonto, gilipollas. Al menos ahora estás aprendiendo a quejarte un poco, a dejar ver lo que sientes... Iluso. Encima crees que te pueden ayudar. Sabes que lo que tienes es tuyo, es tu pelota, son tus historias y tus penurias; empieza a digerir, no hay otra solución.

Los días se convierten en semanas, y éstas en meses. Despierta, Septiembre pasó hace ya mucho, dónde has estado todo este tiempo? La flaqueza es el primer síntoma, te estás derrumbando, estás a punto de caer y lo sientes a cada segundo. Tu cuerpo también se resiente; ¿cuándo fue la última vez que no sentiste esa presión en la cabeza? ¿Y tu vista, la luz te sigue quemando, verdad? Deberías buscar otro tipo de ayuda. Eso, sigue ahí, tú tranquilo, todo el mundo dice que la vida se disfruta mucho más con el piloto automático.

Bueno, al menos sonríes, vuelves a escribir. Echabas de menos la sensación que produce ver cómo afloran frases sin sentido ante el movimiento de tus dedos. Buena compensación, sí señor, avísame cuando equilibres la balanza. [...]

Lo siento

7-11-06 Salto en el tiempo, éste creo que nunca fue publicado...

La niebla lo llamaba desde el horizonte. Perdido continuaba caminando buscando ese atardecer soñado, continuaba llorando por la vez que renunció. Caminaba con los ojos cerrados, caminaba con el corazón agazapado. Recordaba. Soñaba. Demasiadas lágrimas para algo tan efímero. Recordaba. Soñaba. Escuchaba a la tierra gemir, la escuchaba llorar.
"Deja de seguirme, deja de buscarme. Déjame."
Olvidó esas palabras tan pronto como las imaginó. Un escalofrío le atravesó la columna vertebral, mas no tembló. La lluvia pronto lo abrazó. "¿Por qué? ¿Por qué no puedo continuar?" Gritaba desde el fondo de su alma, pero jamás emitió sonido alguno, jamás llego a lastimarse de si mismo.
"Ámame, déjame, perdóname."
Entre sollozos calló al suelo, el barro lo cubrió de tierra, de la tierra de donde salió una vez. Cual Edgar Allan Poe gritó por su bella amada que fue enterrada viva. Miró al cielo y vio caer gota a gota. El tiempo se ralentizaba bajo su sombra. "No hay más camino, no hay más salidas, no hay más. Perdóname." En medio de ninguna parte, calado y tiritando la lluvia se deslizaba sobre su pelo llegando hasta su barbilla, perdiéndose en la tierra de donde nació.


Ando en círculos, recorro una vida que ya caminé, siento un dolor demasiado conocido. Los recuerdos son capaces de volver loco al más cuerdo, de dar sentido a una vida demasiado vacía. Eres un bohemio, reconócelo antes de desfallecer, has dado tu vida a un rayo de Luna, has dado una vida entera a algo tan efímero… Sonríe, dejará de llover, la luz aparece de nuevo. No te escondas, sé que lo haces sin querer, abre los ojos, deja de huir. ¿Por qué? ¿Por qué no puedes continuar? Sé valiente, demuestra que una vida sin Lilith también es una vida. Deja de huir, escúchame, no te cierres, deja de taponarte los oídos con recuerdos inconclusos. ¿Por qué me echas? Tan sólo soy un perro viejo que se cansó de buscar, ¡escúchame! Eres demasiado cabezón. Regalas tu existencia por un respiro, la cambias por una sonrisa, por una caricia.
Su boca comenzó a pronunciar sonidos inaudibles, parecían lamentos, martirios, sufrimientos demasiado arraigados como para que cesaran. Oraciones aprendidas a fuego. Allí, mientras que la lluvia luchaba contra la niebla, un cuerpo reposaba sobre la tierra mojada. Solo, cansado y triste. Recordando el río que nunca llegó al mar, recordando la noche en que Lilith cayó, recordando el tacto de su piel sobre su cuerpo. Soñando, soñando no estar solo, soñando no estar triste, soñando no estar.
Recordando, soñando…
[...]

lunes, 23 de noviembre de 2009

251 notas perdidas. El comienzo

18-octubre-2005 23:48



Hoy me han contado que cuando más triste estás hay que aparentar lo contrario para empezar a sentirse bien, así que una alegre en un ambiente conocido. Éste pequeño relato lo estoy enfocando para ser el principio de una historia más larga que ya tengo medio acabada (de modo que, para muchos, esta historia no tiene sentido, pero es sólo el principio) Un abrazo a todos y que lo disfrutéis.



251 notas perdidas. (posible comienzo)



Desde la ventana del aula 1.5 Axel observa con atención la primera tormenta del año, le encanta la velocidad de los paraguas obscuros yendo de un lado a otro, escuchar el sonido ahogado de las gotas al chocar con el asfalto, las luces de los semáforos reflejadas en un inmenso lienzo lleno de color. El sonido del último timbre del día anuncia a los estudiantes nocturnos la vuelta a casa, la libertad condicional.




En la puerta, a punto de abrir el paraguas, una chica mira desconsolada la calle, suspirando por el olvido de un impermeable con el que protegerse de la lluvia. Axel la mira, se ha quedado embobado: sus ojos, grandes y expresivos, el pelo recogido y la piel clara como la luna. Se acerca ofreciéndose para acompañarla, ella lo mira con una sonrisa y colorada le agradece el gesto, lamentando ser una molestia. Ya en la calle, ella se presenta como Noemí, es un año menor que él, pero eso no importa.




Caminando bajo el mismo paraguas es inevitable el contacto entre los dos, cruzan la mirada y sonríen. Evitan aquel charco y se separan un momento para pasar una farola. Al juntarse, ella aprovecha para agarrarse a su brazo con la excusa de estar completamente protegida ante el implacable chaparrón, pues en los pocos segundos bajo el agua se le ha calado el pelo y la ropa. Según ella, no había visto nunca tanta lluvia junta. Axel sonríe al ver una chiquilla saltando y riendo en una pequeña balsa formada en medio de la acera mientras su madre, confiada, habla con una vieja amiga sobre la actitud irresponsable y atolondrada de la juventud de estos tiempos.




Durante el trayecto, hablan de las personas, de filosofía, de idealizados amaneceres en la playa e incluso, de los impulsos humanos hacia el deseo y el amor. Hablan sin vergüenza, ajenos al mundo, no piensan en los problemas exteriores, en calcetines mojados o en relojes que no se paran. Aminorando el paso, Noemí suelta su brazo y saca una llave del bolsillo, abre el portal y se da la vuelta. Se quedan mirándose, nada más. Otra vez hipnotizado por esos ojos. No consigue el valor suficiente para despedirse, debe hacerlo, pero prefiere grabarse esa imagen en su cerebro, disfrutar hasta el último instante de esos segundos. La chica, más decidida, se acerca dándole un beso en la mejilla. Pero al juntar sus caras y notar su calor vuelven a quedarse inmóviles. Una delicada mano sube hasta la otra mejilla del chico. Él la rodea con sus brazos y la aprieta hacia él, comprobando si es un sueño. Con los ojos cerrados, sus cabezas se giran hasta sentir la suavidad de sus labios. De pronto, parece que todo se ha vuelto silencio, no se escucha más que el agua rebotando contra el suelo y el latido de sus jóvenes corazones emocionados ante la belleza de aquel primer beso, aquel que duraría mucho más de lo que jamás creyeron. Más allá del final…

[...]

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Dame una sonrisa más

Escrito el 10-sept-2005 a las 4:59 am


Necesito que todo el mundo entienda lo que digo, que no quede entre tú y yo, que sepan de qué material están fabricados los sueños. Que aprendan de mis errores, que aprendan a decir “te quiero” en el momento adecuado, o que dejen las ilusiones en la almohada, que no las lleven consigo.

Te amo. Lo hago con todo el dolor de mi alma, pero aún así continúo pecando. Te recuerdo entre mis brazos y te imagino entre mis piernas, tan dulcemente amada. Te perdiste de mi vista, pero me seguiste silbando desde la distancia. He prometido que éste sería el último escrito por, para y hacia ti. He prometido aprender a no quererte, a resignarme a la situación de mi soledad. Tus cabellos sobre mi pecho, nuestras manos entrelazadas sobre mi cabeza, tu aliento en mi cuello y el calor de nuestro hogar. Sensaciones tan maravillosas que he prometido olvidar. Olvidarme de esa chica encantadora, simpática, culta y sencilla; divertida y extrovertida, de bonita sonrisa y tremendamente sexy; de la chica cuya faz es comparable a la de una diosa, y cuyas curvas son capaces de marear al más curtido marinero, de la dueña de dos brillantes más preciosos que el diamante.

Mis manos te dibujan en el aire, simulan que bajan desde tu frente, te acarician la nariz y rozan tus labios humedecidos; mimando tu cuello hasta llegar a tu nuca… momentos antes de que un beso nos funda a los dos en felicidad. Estudio tus rasgos con la imaginación, me los guardo en la memoria y los sueño en la oscuridad. Intento encontrar las egoístas palabras que te atraigan hacia mí. Las palabras con las que no te dé lástima, con las que no sientas pena por mí, sino con las que encuentres lo que puedas buscar para rellenar tu corazón. No menciones más mis penurias, nuestras fechorías ni tu sonrisa, esa que tantas veces me hizo feliz (¡sonríe!). No lo hagas por mí. Ya hiciste suficiente para ser inolvidable, no hace falta que sigas sufriendo pensando en el dolor que puedo llegar a sentir.

Te veré, te miraré a los ojos y bajaré la mirada, nadie más que tú sabrá quien has sido para mí, porque nadie sabe que acuno mis sueños pensando en ti. Y pensar que seguimos en secreto pese a no continuar nada… ¡Piérdeme entre tus labios, hazme desaparecer entre tus brazos, y no vuelvas a huir! Echadme ácido, dadme doscientos latigazos, o arrancadme la piel a tiras. Lo prefiero antes de volver a morir por un imposible, antes de volver a morir por ti. Nunca más, por favor.

[...]

domingo, 15 de noviembre de 2009

El encuentro, en resumen

5-sept.-2005 2:50


Aquella mañana me levanté con una sonrisa. No había dormido demasiado, pero mis ojos se mantenían abiertos y brillantes. Tras la comida, y en contra de lo que aconsejan los médicos, me duché. Usé aquel gel que tengo reservado para las grandes ocasiones, ese verde de bote ergonómico cuyo fantástico tacto e hipnotizante aroma es capaz de engatusar hasta al más frío de los corazones (según su publicidad...). Tras enjabonarme durante diez minutos cantando algunas de mis canciones favoritas, salí de la ducha con la misma sonrisa con la que me había despertado. Frente al espejo probé distintos peinados, pero bueno, usando el tradicional tampoco estaba tan mal. Me vestí y salí silbando esa armoniosa melodía que me rondaba la cabeza. El camino a recorrer no era demasiado largo, de todas formas encendí mi reproductor MP3 y anduve camino hacia el Edén.

Llegó sonriente, inquieta como yo y con un aire de curiosidad, sin saber a ciencia cierta lo que pasaría a continuación. Yo, que tantas veces había imaginado ese momento, salté mis planes de hombre duro y decidido, y con un par de besos, uno por mejilla, saludé a mi invitada como saludaría a un familiar. Caminamos hacia el lugar especial que yo había seleccionado para ella pero, extrañamente, ella me guiaba a mí, y ni siquiera sabía hacia donde íbamos. Así que tras unos roces, nos agarramos las manos, y anduvimos a la par, comentando y riéndonos de todo. Al alcanzar nuestra meta, un descuido mío le dio un poco más de emoción a nuestro encuentro, pues se me olvidó coger con antelación la llave que nos llevaría al paraíso. Por suerte para los dos, un desconocido (pudiera ser San Pedro) nos abrió y nos dejó entrar a vivir nuestra juventud, nuestro libre albedrío.

Cientos de palabras volaron en la penumbra de nuestro efímero hogar, miles de pensamientos cruzaron por nuestros cuerpos aquella vez. Los sentidos se rozaron y juntaron, nos abrazábamos defendiéndonos de las circunstancias. Ella, un suave pétalo, parecía tan frágil y delicada, pintada a pincel sobre una hermosa figura, que no me podía imaginar la gran fuerza que ocultaba tras tanta belleza. Estremeciéndonos, acariciándonos y, en fin, sabiendo que nada podía ser real. Al fin y al cabo ¿de qué nos serviría? Recuerdos y más recuerdos, llagas y más heridas. Fiebres de dolor, dolores renovados, pero un nuevo sabor.

Despierto de mi sueño, sobran las palabras, esta vez no iba a dejar escapar el tren, iba a conducir mi destino. Pero cuando por fin me decidí a vivir, y por mucho que corrí, llegué tarde a la estación. Ya se había marchado, pero… a decir verdad, nunca estuvo aquí.

[...]

viernes, 13 de noviembre de 2009

Mi infierno en tu cielo

3-sept-2005 1:52


..te echo de Menos. hAy palabRas que no voy a olvIdar, palabras que resueNan en mi cabezA una y otra vez. Me negaste el corazón, me empujaste al abismo cuando yo ya no miraba. He sido demasiado confiado, ya no soy. Nos equivocamos una sola vez en la vida, después… después no es vida. Imágenes y momentos rondan por mi mente, olores y suspiros inundan mis sentidos. Aún me preguntó por qué… aún no lo entiendo. Me lo merezco, puede ser. Quien a hierro mata, a hierro muere. Pero por Dios ¡sal de mí! No quiero volver a dormir entre lágrimas y desear no despertar. Estoy cansado ya.

Escribo y borro frases como un desgraciado. Es demasiado difícil describir lo que siento, tan difícil hacerte ver que mi infierno y tu cielo empiezan en él, mismo lugar. No aguanto los espejos, me hacen ver la realidad. Odio las heridas ocultas, se abren con demasiada facilidad. He perdido el norte, y me da igual. ¿De qué me sirve continuar? Ando dejando atrás algo que me persigue, nadie se puede separar de su propia sombra. Esta noche llueve en mi alma, esta es otra noche como las demás.

Hay ocasiones que te olvido, hay veces en las que ya no sé ni donde estoy. Es cuando todo me da vueltas y me acuesto sin sentido sobre las sabanas, mandando silencio a la pared de las memorias cuando no estás. Las personas no entienden que se puede sentir el paraíso en la tierra, personas que creen que los flechazos son narraciones y el dolor se produce en la piel.

Me recomiendan que te mire a los ojos, que te tenga frente a mí y diga todo aquello que sienta, pues bien: Te odio.

Olvídame, no vuelvas a hacerme pensar en ti, no me hagas mentir. Me negaste una vez, quiero seguir pensando que si me lo pides diré que no. Quiero tener un poco de orgullo. El tiempo pasa demasiado rápido, y mi vida se agota. He perdido el tren que me llevaba hacia ti. Pido perdón por las molestias, adiós.

[...]

miércoles, 11 de noviembre de 2009

más dura será la caída

Este escrito solo tendrá sentido para un par de personas, no tiene ningún nivel literario, pero está escrito como desahogo de mi alma, el 19-08-2005 a las 4:15 de la mañana.


Las fuerzas se escapan de mi resistencia. Estoy a punto de caer al abismo de donde nunca tuve que surgir. Echo de menos estar en el camino, soy un lunático. Toda la vida escuchando hablar sobre ella, y toda la vida buscándola. Anduve sobre decenas de caminos en un laberinto sin salida. En varias calles creí encontrarla, pero no eran más que fachada. En una de ellas llegué a pararme, descansé y esperé buscando el fallo. Tanto me confié y la acepté, que no me di cuenta de que lo que veía estaba detrás de un cristal, dándome de bruces contra él al decidirme.


Desesperado y mareado caminé sin rumbo, con la cabeza gacha, observando las criaturas que se arrastraban por tierra. De vez en cuando me agachaba, cogía una, la tenía un tiempo y volvía a dejarla allí. Después lo pensé: si había criaturas debajo ¿por qué no encima? Alcé la mirada y lo vi, encontré el camino. Tenía razón, el laberinto no es solo horizontal. Escalé y escalé, allí debía estar, ¡seguro! Por fin llegué, y la vi. Tan maravillosa, tan perfecta. Agotado por el esfuerzo, fui arrastrándome a sus pies. Parecía la escultura de una Diosa. Increíblemente se agachó, me mantuvo un tiempo, y me lanzó al camino de donde había aparecido.


Ya no me quedan fuerzas, y ya no me quedan esperanzas de reencontrarla. Solo quedan oasis en mi camino. Desde el borde del abismo nada es tan importante. Respiro profundamente, una lágrima resbala sobre mi mejilla, abro los brazos en cruz y salto.


El aire golpea con fuerza mi rostro, cada vez queda menos tiempo. Cada vez queda menos tiempo. Cada vez… sonrío.

[...]

lunes, 9 de noviembre de 2009

Lágrimas sobre la arena



Escrito el 7 de agosto de 2005 a las 5:07 am.

La noche me despeja, me relaja y me despierta. Abro mis párpados preparado para volver a salir. La Luna me saluda brillando sobre la larga chaqueta que cubre mi cuerpo. Camino firme, decidido entre las sombras. Me he convertido en una de ellas, peligroso y frágil a la misma vez. Recorro las calles buscándote, dónde estás Lilith? Cuando creo haberte sentido, no es más que una quimera. En mi mente pasan una y otra vez recuerdos en los que estamos juntos, recuerdos que jamás ocurrieron. Te echo de menos. Te he soñado demasiadas veces para que no seas real. Dónde te escondes? El tiempo se agota, la arena del reloj desciende imparable. Deseo no desear. Sufro. Lloro; entre lágrimas se esconde un paraíso. Cada lágrima es aquel mar en el que vimos atardecer juntos, te acuerdas? Tú estabas sentada en la playa, las olas rompían suavemente en las rocas, y yo observaba desde atrás el movimiento que producía el viento en tu blanco camisón. Me acerqué lentamente hasta rozar tus cabellos. Te abracé desde atrás y apoyaste tu cabeza sobre mis brazos. Era Luna llena, y sus rayos reflejados sobre el agua nos hizo pensar que estábamos en el cielo. Te levantaste y caminaste hacia el agua. Poco a poco fuiste desapareciendo dentro del océano, y yo quedé allí, sólo, esperando despertar. Estuvimos allí esa tarde? ya no sé qué pensar, es todo tan complicado... Hay momentos que son mejores no recordar, mi corazón ya no aguanta más. Mi cabeza se niega a descansar, conserva la esperanza de encontrarte, de volver a tenerte. Mi cuerpo ya está cansado, y mi alma desesperada. Es tarde ya, el amanecer está llegando. Las gotas de rocío se posan sobre las rosas que resistieron el dolor de un amor que nadie comprende. Resta buscar, esperar vagando sin rumbo por tierra de nadie. Estoy cansado... quiero dormir y no soñar, dormir y no pensar, dormir y no estar vivo... no quiero dormir nunca más sin ti.
nota del autor: todos estos pequeños relatos son escritos "en el acto", así que no me preguntéis si me levanto a estas horas solo para pegarlos aquí, los escribo directamente en el blog, sin guardarlos en ningún sitio. Ah, y no me levanto, es que no me acuesto. Buenas Noches
[...]

sábado, 7 de noviembre de 2009

Entre escaques blanquinegros

Escrito el 4 de agosto de 2005 a las 3:45 am


Hemos perdido la esperanza. Lo vemos todo negro
. Recuerdo cuando era pequeño que, caminando junto a un viejo amigo y observando los coches que cruzaban una y otra vez, le dije que imitara a una persona mayor, y me contestó que era fácil, que solo tendría que poner cara de que ya no quedan cosas importantes y que ya no esperábamos nada, ninguna ilusión. Ese día aprendí una lección, fue algo que no entendí al cien por cien en su día (cómo alguien no va a tener sueños?) pero que hoy lamento, al darme cuenta de la razón que tenía mi amigo. Pasa el tiempo y cada amanecer todo vuelve a perder la magia, los corazones maduran, nos endurecemos. Cada vez es peor, cada vez las ganas de levantarse menguan, pero ya no temo que se extingan. Antes lo temía, me daba pavor pensar en la muerte y en que no volvería a ver a "esa" persona, o que nunca llegaría a trabajar en eso que siempre había imaginado. Ya no.

Hemos perdido la esperanza. Lo vemos todo negro, pero ahora es con razón. Paseamos y a nuestro alrededor solo encontramos violencia, delincuencia y discusiones. Qué fue de la poesía? qué pasó con el amor de nuestra vida, con la media naranja? Acaso ya no nos importa el futuro? Estamos acabando con nuestro planeta. Las nuevas generaciones nacen bajo una atmósfera donde ya no hay brillo en las miradas. Donde la ilusión por el primer beso dura dos cubatas y la pareja ideal se evapora bajo la niebla. Donde los verdaderos amores los encontramos en los reality-shows y la primavera solo nos gusta porque hace buen tiempo.

Hemos perdido la esperanza. Lo vemos todo negro. Echo de menos sentirme pleno, sentirme feliz. Feliz!! escucháis? lo fui, fui feliz. Fui correspondido, amar y ser amado. Fue efímero, fue perdido, fui joven, pero fue. Hoy ya solo puedo pedir perdón, me disculpo ante ti por el daño que te causé, me disculpo ante todos por el dolor que he sido capaz de causar en todo este tiempo y, aunque no te lo creas y pienses que no va por ti, sí, te lo pido a ti. Te pido perdón, estoy harto del temor. Estoy harto de mirar atrás y no ver más que errores. No puedo más, no quiero volver a escuchar falsos testimonios. No quiero tener que volver a echarle la culpa al líquido de las lentillas. Deseo que seáis felices, que sonriáis, que améis lo que tenéis y no lo perdáis. Deseo perderme entre tus abrazos, marearme entre tus besos. Te echo de menos, puede que aún no te conozca, o puede que siempre estuvieras aquí. Puede que nadie lea esto, ME DA IGUAL, al que le importe un poco: Gracias por seguir aquí, gracias por andar el camino y no quedar en el primer agujero que encontréis. Seguid en la vía. No os rindáis, yo ya lo he hecho, no toméis ejemplo. Decidme adiós, pues será para siempre.

P.S: Mi amigo, el que una vez me dijo eso, nunca llegó a perder la esperanza. Descansa en paz amigo, encuentra la felicidad allá donde te encuentres.
[...]

viernes, 6 de noviembre de 2009

Goth Dream

escrito el 2 de Agosto de 2005


Por fin mañana es fin de semana, fin de mi semana y el comienzo de Él. Él es todo lo que yo no soy para el público, sino todo lo que yo deseo, lo que hay en mi corazón y en mi sangre, lo que invade mi alma.

Viernes noche, dejo los zapatos, me quito el traje y cuelgo la corbata junto a la camisa. Voy a la ducha. En el espejo reflejado, un cuerpo pálido, tímidamente musculoso, pero perfectamente proporcionado. El agua arrastra la suciedad y la falsedad, dejando ver una pequeña mueca de superioridad en mi rostro. Pantalones negros pillados por botas militares; chaqueta hasta el suelo con cierres de cinturón metálicos sobre una camiseta sin mangas. En el cuello, una cruz de plata, y en las manos, anillos de diferentes formas del mismo material. La cara maquillada blanca y negra, y los cabellos oscuros fijados en posición desordenada. Los labios negros, las llaves, y puerta. La Luna me saluda mostrándome el camino hacia camposanto, en él, cientos de nombres revelan la acción del tiempo y de la propia destrucción humana. Un panteón sobresale a todos los demás, dos grandes gárgolas vigilan la puerta. Parece hermética, pero con el movimiento adecuado, la puerta se abre con un movimiento mecánico, dejando salir un humillo azul y el leve sonido de grupos como “Lacrimosa” o “Cradle of Filth”. Desciendo las escaleras de piedra iluminado por cirios sostenidos en los huecos de las paredes. Poco a poco la música suena más fuerte, y el murmullo de la existencia de vida comienza a hacerse aparecer.

Decenas de cuerpos bailan en un trance producido por diversas drogas. Cada uno es diferente, con diferentes estilos y diferentes almas, pero en el ambiente se puede apreciar el mismo sentimiento de soledad y melancolía entre todos los asistentes, parecido al que hay en el corredor de la muerte, contando las horas de manera descendente.

Voy al bar, pido una bebida y saludo al DJ. Por fin la veo, ahí está, es Lilith, mi perdición y salvación al mismo tiempo. Va vestida con una túnica blanca y con sus gruesos labios pintados de carmín. Sus cabellos son de oro, y su tez blanca como la nieve; pero sus ojos son negros como el azabache, y su mirada penetrante como el fuego. Me ha visto, me sonríe y se acerca a mí. No nos decimos nada, voy a besarla y se aparta, me agarra la cabeza y la ladea, comenzando a darme pequeños mordiscos en el cuello. Mi vista se nubla, la acción de la pastilla mezclada en la bebida comienza a hacer efecto, pestañeo un par de veces y todo es mejor, todo es a cámara lenta, miles de pensamientos atraviesan mi cabeza, toda mi vida no son más que un par de segundos y, los cuerpos, solo son sombras de fantasmas. Un instinto nace en mí, un instinto que estaba esperando salir. Recorre mis venas, sube por mi pecho, la garganta, y llega a mi cabeza. Todo bombea en mí, todo me quema, tengo que gritar. Aúllo todo lo fuerte que puedo, pero es callado por el sonido del black-metal. Ella sigue ahí, mordiendo, un hilo de sangre cae por su túnica, la aparto y la observo. Está colocada, yo también. La beso y degusto mi propio líquido. La amo, no puedo evitarlo, la aprieto contra mí. Me estoy mareando, me estoy desangrando. Me quedo sin fuerzas, no puedo mantenerme en pie, ahora sí se me nubla la vista, sus ojos continúan fijos en mí.

La luz me da en la cara, alrededor hay tumbas. Sigo en el cementerio, estoy apoyado en una lápida de mármol, mi cuello está vendado y mi cabeza sigue dando vueltas. Debe ser domingo, me arrastro hasta mi casa y me duermo pensando en ella, en su cuerpo y en su rostro. En mis sueños todo es bueno: paseamos junto a un río, su mano acaricia la mía y no nos escondemos en la oscuridad, estoy salvado. Soy feliz, sonrío de verdad, incluso me río… quiero seguir vivo, quiero seguir con ella.
[...]

Bécquer... duerme!



Despierta, tiemblo al mirarte:
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo cuando tú duermes.

Despierta, ríes y al reír tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.

Dormida, los extremos de tu boca
pliega sonrisa leve,
suave como el rastro luminoso
que deja en sol que muere.
“Duerme!”

Despierta miras y al mirar tus ojos
húmedos resplandecen,
como la onda azul en cuya cresta
chispeando el sol hiere.

Al través de tus párpados, dormida;
tranquilo fulgor vierten
cual derrama de luz templado rayo
lámpara transparente.
“Duerme!”

Despierta hablas, y al hablar vibrantes
tus palabras parecen
lluvia de perlas que en dorada copa
se derrama a torrentes.

Dormida, en el murmullo de tu aliento
acompasado y tenue,
escucho yo un poema que mi alma
enamorada entiende.
“Duerme!”

Sobre el corazón la mano
me he puesto porque no suene
su latido y en la noche
turbe la calma solemne:

De tu balcón las persianas
cerré ya porque no entre
el resplandor enojoso
de la aurora y te despierte.
“Duerme!”
[...]